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L a casa estaba vacía sin Rosemary; incluso Fig parecía sentir su ausencia. La perrita había despertado a Ellis a las cinco de la mañana, escarbándole el costado y presionándole el brazo con las dos patas delanteras.
El lado de Rosemary —porque se había convertido muy rápido en el lado de Rosemary de la cama— estaba frío, la almohada intacta.
Se había vuelto a Savannah el día anterior, después de pasar un último día con él.
Había ido al set con Ellis y, cuando no necesitaba quedarse mirando, aprovechaba su camerino para escribir.
La noche anterior había logrado un gran avance en su borrador y, después de terminar la jornada, habían ido a celebrarlo al café de Dina antes de que cerrara.
Ellis probó una porción de selva negra y, sin saber bien por qué, le recordó la primera vez que había tenido a Rosemary entre sus brazos, el aroma dulce, floral y a vainilla de su perfume.
Pasó el día trabajando en el jardín, plantando bulbos de tulipán y planeando dónde pondría el caqui de Rosemary.
—Va a volver —le aseguró a Fig mientras le daba de cenar temprano ese día.
Aunque la extrañaba, por primera vez Ellis sintió que la soledad que lo había acompañado como un espectro durante la última década empezaba a disiparse.
La amaba, tenía a Fig y ya lo habían sumado a un chat grupal con Scott y Eric; incluso tenían planes para ir a remar a mediados de enero.
Ritual masculino, recordó que Rosemary le había advertido, y sonrió.
El auto llegó a buscarlo para llevarlo al programa de Theo Drake apenas antes de las cuatro de la tarde.
De camino, Ellis pensó en sus planes para el regreso de Rosemary en Año Nuevo.
Iría a buscarla al aeropuerto, y quizá le compraría un ramo de tulipanes.
Calculaba que aguantaría cinco minutos antes de decirle que la amaba.
Una parte enorme de él había querido decírselo antes de que se fuera.
Pero después de lo ocurrido en la librería, cuando la multitud los había rodeado, Rosemary había sido muy clara en que no podía vivir así.
Y él se había asegurado de que no viera lo que la gente estaba diciendo en internet.
Mucho era halagador, pero algunos de esos trols.
.. Pensar en lo que habían escrito lo llenaba de furia.
Sabía que ella tendría que lidiar con esa mierda todo el tiempo si hacían pública la relación.
Habían vivido dentro de una burbuja intensa, y pensó que pasar un tiempo con su padre le daría a Rosemary el espacio para decidir si de verdad quería esto con él.
Y entonces, solo entonces, le confesaría lo enamorado que estaba. Y cuánto seguía enamorándose.
***
Dos horas después, Ellis estaba en el estudio, vestido con un traje entallado. Había logrado convencer a su maquilladora de que se llevara a su casa uno de los cinco ramos de flores que le habían dejado en el camerino.
Rosemary tenía señal intermitente en la granja familiar, pero le había enviado una foto con una sudadera puesta y un diminuto gatito anaranjado dormido dentro de la capucha.
«Ojalá estuvieras aquí», decía el mensaje. «Éxitos esta noche, llámame después y cuéntame cómo te fue». Ellis también deseaba estar allí con ella, quizá la próxima Navidad. Le encantaría aprender con su padre sobre plantar flores.
Rosemary estaba siete horas atrasada con relación a la hora en Inglaterra, pero le dijo que encontraría la forma de ver el programa de Theo Drake en vivo cuando saliera al aire el sábado por la noche.
Era el especial de Navidad y todo el estudio estaba cubierto de guirnaldas azules y moradas, la paleta característica del diseño del programa.
Un asistente de producción con cara de agotamiento lo condujo al camerino común y, apenas se sentó en el sofá a esperar que lo llamaran como invitado, su teléfono sonó.
Ellis suspiró al ver el nombre de Brody en la pantalla.
—Hola, Brody —contestó.
—Ey, amigo, ¿cómo va todo? —La alegría falsa en su voz no era buena señal. Brody nunca lo llamaba «amigo» a menos que pasara algo malo.
—Bien. Esperando a que me llamen para charlar con Theo.
—Sobre eso... —«Ahí vamos», pensó Ellis—. Habrás visto las publicaciones.
—No, no vi nada. Estuve ocupado.
—Me imagino —dijo Brody, riendo—. Están por todo internet. Fotos tuyas con la guionista. ¿Cómo se llama?, ¿Rosie?
—Rosemary —dijo Ellis entre dientes. No le gustaba oír su nombre en boca de Brody.
—Claro. Bueno, ¿qué piensas decir si Theo pregunta por tu aventurita?
Ellis respiró hondo. Era ahora o nunca.
—Voy a decir la verdad, Brody. Que nunca estuve saliendo con Jenna, que Rosemary no es ninguna «aventura», sino mi novia, que estamos muy bien y que agradecería que se respete nuestra privacidad.
Hubo un largo silencio al otro lado de la línea.
—Me temo que eso no va a funcionar, Ellis.