28
E l correo llegó justo cuando Rosemary salió de la ducha esa mañana, sintiendo un cosquilleo en todo el cuerpo después de que Ellis le hubiera hecho toda clase de cosas traviesas bajo el vapor caliente. Si todas las mañanas pudieran empezar así, pensó, sería feliz para siempre.
El mensaje era de Josephine, su agente.
El estudio llamó para preguntar si tienes algún otro guion. Sé que estás con plazos encima, pero ¿crees que podrías preparar las primeras veinte páginas para marzo?
Josephine no necesitaba especificar nada; Rosemary sabía que hablaba del mismo estudio que estaba produciendo La posesión del mal . Era enorme. Significaba que los ejecutivos de más arriba y los productores habían estado viendo el material diario y les había gustado lo que veían.
—¿A qué viene esa sonrisa? —preguntó Ellis, que se secaba el pelo con la toalla de una forma que hizo que Rosemary perdiera por un momento el hilo de lo que estaba pensando.
—Quieren otro guion mío.
—Guau, es maravilloso.
—Pero quieren una parte para marzo y, con el manuscrito del libro nuevo todavía pendiente, va a ser complicado. Puedo hacerlo, pero cuando lleguemos a Londres voy a tener que concentrarme en serio. Ojalá tuviera mi puf.
Ellis le puso las manos en los hombros.
—Puedes con esto. Será estresante, pero estaré cerca para ayudarte con ese estrés. —Le guiñó un ojo—. Y también puedes irte algunos días a escribir al café de Dina. Dijiste que era un buen lugar para trabajar, ¿no?
Rosemary sonrió. Todavía tenía que pellizcarse para creer que Ellis recordaba las cosas que ella le contaba. Dios, la vara de las citas estaba realmente por los suelos.
—Tienes razón. Dina me mantendrá cargada de cafeína todo el día.
Bajaron juntos a la cocina y, cuando entró Lance, Rosemary dejó que Ellis llevara la conversación, mientras ella pensaba qué guion querría enviarle al estudio.
Era una petición importante, sobre todo estando ya tan presionada.
Los plazos volvían a acumularse, y esa opresión constante en el pecho amenazaba con asfixiarla.
Pero hablar con Ellis la había ayudado a mantener a raya esa sensación por ahora; él creía en ella y, de algún modo, eso le hacía más fácil creer en sí misma.
De todos sus libros, Julia era el que más quería ver en la pantalla después.
Ese libro ocupaba un lugar especial en su corazón; había crecido viendo películas de tiburones y clásicos de ciencia ficción sobre las profundidades marinas como El secreto del abismo , y Julia era su homenaje a todo eso, aunque sin tiburones.
Además, retaba a cualquiera a escuchar el sonido original de Julia y no sentir que estaba oyendo la voz de una abominación ancestral surgida de las profundidades.
Con ese libro, había querido contar una historia que fuera, al mismo tiempo, un gran espectáculo de acción y que funcionara como un retrato íntimo de un científico, David, y de cómo su mente se iba desmoronando en la claustrofobia de un barco de investigación submarina.
No se había atrevido a escribir el guion, consciente de lo difícil que sería llevarlo a cabo, teniendo en cuenta el tamaño del presupuesto que requería.
Pero si La posesión del mal funcionaba bien en taquilla.
.. Bueno, quizá los estudios se animaran a aumentar el presupuesto para su próxima película.
Y mentiría si dijera que no había empezado a imaginar a Ellis en el papel de David.
Se preguntó cuándo sería demasiado pronto para sacar el tema con él.
Mientras caminaban hacia el set , donde el equipo preparaba el último día de rodaje en exteriores en Hallowvale, Rosemary revisó el teléfono.
La noche anterior, justo antes de dormirse, les había enviado un mensaje a Dina y a Immy contándoles cómo le había revelado a Ellis su habilidad para comunicarse con fantasmas y que pensaba quedarse con él una temporada en Londres, en lugar de alojarse con ellas o en un hotel.
Había recibido una avalancha de respuestas de las dos, alrededor de las cuatro de la mañana: Immy se había levantado para amamantar a sus bebés y Dina tenía que empezar a preparar la masa para los pasteles del día.
Las dos querían conocerlo, y Dina quería leerle las hojas de té sin que él se diera cuenta.
Rosemary les había explicado todo el plan de la relación falsa.
Immy estaba convencida de que Brody debía ir a la cárcel por el delito de ser un imbécil.
—Mis amigas quieren conocerte —susurró Rosemary, apoyándose en el costado de Ellis.
—Bien. Yo quiero conocer a tus amigas. Mi hermana Annie también va a estar en Londres, un par de semanas antes de Navidad.
Está supervisando la restauración de los archivos de una abadía antigua en las Tierras Altas de Escocia y está desconectada del mundo desde hace un mes. Creo que te va a caer bien.
—¿Una abadía antigua en las Tierras Altas? —Los ojos de Rosemary se abrieron de par en par.
—Ja, sabía que eso iba a captar tu atención. Annie estará encantada de hablarte horas y horas sobre catacumbas y bibliotecas antiguas.
—No veo la hora.
Ellis le dio un beso en la sien y se dirigió al área de peluquería y maquillaje. Rosemary buscó un asiento y observó al equipo trabajar, preparando el plano. Volvían a estar afuera de Hallowvale, rodando una escena más o menos a mitad de la película.
Toda esa gente trabajaba con todo su empeño para crear una película a partir de algo que había nacido dentro de su mente. Durante el último mes, absorbida por las tensiones internas de la producción y el peso aplastante de los plazos, Rosemary se había olvidado de permitirse disfrutar de esto.
Recordó a otra autora de terror a la que admiraba, Mira Chambers, cuando le habló de lo rápido que se movían las metas del éxito.
En ese momento no le había creído. Ahora, sí.
Al principio, su sueño había sido terminar un manuscrito y luego conseguir un agente.
Después de firmar con su agente, el sueño pasó a ser cerrar un contrato, y luego que el libro tuviera éxito.
Lograr una adaptación cinematográfica siempre había sido algo tan lejano que parecía casi inimaginable.
Y, sin embargo, ahí estaba. No quería que los plazos y los objetivos futuros eclipsaran su éxito de hoy. Era algo de lo que sentirse orgullosa.
Creo que estarías orgullosa de mí, mamá , le dijo al aire.
El padre de Rosemary siempre había tenido una fe inquebrantable en el talento de su hija, como si su éxito fuera inevitable.
Pero mamá lo entendía. Había visto cómo Rosemary se esforzaba, luchando con el peso de las ideas que surgían en su cabeza y con la dificultad de volcarlas en el papel de una forma que sintiera auténtica.
Cuando era chica, se quedaba despierta hasta tarde anotando ideas para libros en su cuaderno, con una linterna bajo las mantas.
Si oía que alguien entraba en la habitación, se quedaba inmóvil. Sabía que la habían descubierto. Su madre asomaba la cabeza bajo las sábanas y se unía a ella en su cueva iluminada por la linterna.
—¿De qué trata este? —le preguntaba, y Rosemary se lo contaba.
Dragones, fantasmas, demonios y cosas extrañas que acechaban en la oscuridad.
Pasaban horas hablando de las ideas de Rosemary; por infantiles o tontas que fueran, su madre le había enseñado que sus historias importaban. Mira dónde estamos ahora, mamá.
Esa noche iba a conocer la casa de Ellis. Había intentado no pensar demasiado en eso, porque, cada vez que lo hacía, la invadía una oleada de emoción. Conocer su casa le parecía todo un paso. Quedarse con él, aún más.
—¡Y corten! ¡Gracias a todos, hemos terminado en Hallowvale! Guardemos todo, por favor —anunció Vincent con el megáfono. Unos aplausos discretos recorrieron el set ; muchos del equipo seguramente estaban deseando volver a rodar dentro de un lugar cálido y seco.
Rosemary sonrió y charló con el equipo unos minutos, y luego se excusó porque quería ir a despedirse de las fantasmas. Hasta ese momento, había preferido darles su espacio; sin duda tenían mucho que recuperar después de haberse declarado su amor el día anterior.
Encontró a Juliet y a Cecilia asomadas al pequeño balcón con parapeto, observando la zona técnica de la película, donde el equipo ya empezaba a recoger todo.
—Algunos del equipo están hablando de ti y de Ellis Finch —dijo Cecilia en cuanto notó que Rosemary se colocaba a su lado. Desde tan arriba, Rosemary no tenía que preocuparse por que alguien la viera conversando con el aire.
—¿Sí? ¿Y qué dicen? —preguntó Rosemary. De pronto, sintió una punzada de ansiedad en el cuerpo y tensó los nudillos contra la barandilla del balcón. Sabía muy bien cómo solían retratar a mujeres como ella —es decir, no famosas— cuando salían con hombres conocidos del mundo del espectáculo.
—En su mayoría, cosas buenas. No te alteres —dijo Cecilia, dándole una palmadita en la mano. Rosemary sintió el frío del contacto con la fantasma y se le erizó la piel del brazo.
—Escuchamos a algunos decir que habían trabajado en varias películas con Ellis y que nunca lo habían visto tan feliz —agregó Juliet.
—Y también hubo un par de comentarios sobre lo afortunado que era por haber... ¿Cómo fue que lo dijeron? Ah, por haberse «levantado» a alguien como tú.
Rosemary se ruborizó.
—Hubo algunos... Bueno, con opiniones bastante desafortunadas, pero los pusimos en su lugar. ¿Cierto, Ceci?
—Así es.
—¿Qué hicieron? —protestó Rosemary, llevándose una mano al rostro.
—Un pequeño toque de actividad poltergeist . Pero no se cayó ninguna lámpara esta vez —dijo Juliet, guiñándole un ojo—. Quizá algún mensajito en el espejo del baño para cuando salieran de la ducha. Lo justo para que aprendieran.
Rosemary no pudo evitar reírse. No se podía creer que dos fantasmas la estuvieran defendiendo.
—Gracias a las dos. Por todo.
—¿Hoy es tu último día, entonces? —quiso saber Cecilia, inclinando la cabeza.
—Sí. Vuelvo a Londres en una hora. Vine a despedirme.