27
R osemary no quería abandonar el oasis acogedor de la cabaña, pero el rodaje los reclamaba, y el lunes por la mañana Ellis condujo de regreso al set .
La semana siguiente fue una de las mejores de su vida.
Cada amanecer, Ellis llamaba a la puerta de Rosemary y sacaban a pasear a Fig, mientras ella le iba señalando todos los pájaros que veía.
Las caminatas le despejaban la cabeza y, muchas veces, mientras esperaba que empezaran a rodar una escena, anotaba ideas para su próximo libro en el teléfono.
En varias ocasiones tuvo ganas de hablarle a Ellis de Hank; se había dado cuenta de cómo Hank empezaba a desvanecerse, incluso mientras seguía trotando obediente al lado de Ellis.
Rosemary no podía hacer caso omiso a eso.
Llevaba la piedra bruja en el bolsillo, pero después de hablar más con Dina comprendió que debía esperar a la luna llena; de otro modo, no habría manera de que Ellis pudiera ver a Hank.
Decirle que veía fantasmas era una cosa, pero no pensaba hacerlo sin poder demostrárselo.
Desde que habían regresado de la cabaña, habían ido robándole pequeños momentos de intimidad al día a día, pero el calendario de rodaje había sido agotador y extenso.
No ocultaban su relación, pero tampoco la hacían pública.
Ellis le había dicho que, aunque en general se podía confiar en que el equipo no hablaría con la prensa, no quería correr el riesgo.
Si la noticia salía antes de tiempo, Rosemary sería tachada como la causante de la ruptura con Jenna, la razón por la que Ellis y Jenna habían «terminado».
Solo tenían que aguantar hasta que Jenna consiguiera el papel que estaba buscando, y entonces Ellis y ella harían pública su separación en buenos términos.
Rosemary no podía negar que la idea de que su relación saliera a la luz la asustaba tanto como la emocionaba.
¿Cómo cambiaría su vida cotidiana si, de repente, el mundo la conocía como alguien que salía con un famoso?
¿Afectaría su carrera? Aun así, por ahora estaba disfrutando del vértigo del secreto.
El jueves posterior a su regreso de la cabaña, entre escena y escena, Ellis la llevó a una habitación privada de la mansión y la besó con pasión.
Después, con los labios aún hinchados y las mejillas encendidas, Rosemary vio desde los monitores una escena en la que Ellis investigaba las antiguas dependencias del servicio, llenas de fantasmas ocultos en los rincones.
Lyn se acercó a Rosemary justo cuando Vincent gritó: —¡Corten!
—Te ves muy enamorada —le dijo con una sonrisa pícara mientras le ofrecía una taza de té.
—Podría decir lo mismo de ti. ¿Cómo está Jenna?
—¿Quién? ¿La actriz? Eh... Apenas la conozco —balbuceó Lyn.
—Muy convincente —dijo Rosemary en un tono seco—. ¿Quieres intentarlo de nuevo?
Lyn sonrió.
—Supongo que no soy buena para la sutileza. Pasé el fin de semana con ella, Rosemary. Fue tan romántico... Dame una cita más y creo que me enamoro.
—Qué rápido.
—Tengo la impresión de que tú, más que nadie, sabes cómo es eso.
Esta vez fue Rosemary la que se sonrojó y balbuceó: —Eh... No, no lo sé.
—Claro, claro. —Lyn le guiñó un ojo—. Jenna me contó toda la situación, ¿sabes? Ellis está metido en un buen lío.
Rosemary recordó la conversación telefónica que había escuchado entre Ellis y su agente en la cabaña, y lo callado y abatido que había quedado él después. Sabía que había algo que no le estaba contando, algo que le provocaba suficiente vergüenza como para aceptar el plan, pero ¿qué era?
—¿Dijo algo sobre por qué lo hace? —preguntó Rosemary con cuidado, en voz baja.
—No, ella no lo sabe. Pero sí dijo que Brody, su agente, es un imbécil total.
Ellis pasó cerca y le sonrió a Rosemary de esa forma que le arrugaba las comisuras de los ojos y la dejaba con el estómago lleno de mariposas. Se sentó en la silla de maquillaje para un retoque.
—¿Te quedarás en el set cuando vayamos a Londres? —preguntó Lyn, sacando la tableta para revisar el calendario de Rosemary—. Veo que tienes algunos eventos en librerías, así que no lo tenía claro. Yo estaré por aquí de todos modos, haciendo tareas generales de producción, por si me necesitas.
—Puede que pase de vez en cuando, pero más como espectadora.
Ahora que... Bueno, ahora que sé que la actuación y el rodaje están en buenas manos, me entusiasma dejar que las cosas sigan su curso, ¿sabes?
Así, todavía hay un elemento de misterio para mí y puedo emocionarme al ver la película ya montada.
— Mmm , lo entiendo —dijo Lyn—. ¿Y cuando termine el rodaje? ¿Qué vas a hacer?
Rosemary notó que, desde la silla de maquillaje, Ellis había dejado de hablar con Tania, su maquilladora, en mitad de una frase. Su cuerpo se había quedado inmóvil, como si estuviera esperando a escuchar su respuesta.
¿Qué iba a hacer después ? Podía fingir que no lo había pensado mucho, pero la verdad era que le rondaba la cabeza desde que habían vuelto de la cabaña.
Lo suyo con Ellis había sido un torbellino, sí, pero eso no lo hacía menos real.
Cuando pensaba en regresar a Nueva York, en sacar sus cajas del depósito y meterlas en otro apartamento diminuto, en volver a sus recorridos de siempre por el parque y mirar el ajetreo y el bullicio que ya no la entusiasmaban, todo se le volvía gris y poco atractivo.
Podría quedarse en Blossom Ridge, suponía, pero el pueblo pronto le quedaría pequeño y pasaría la mitad del tiempo escondida en la granja para no cruzarse con sus compañeros de la escuela. Para ellos, siempre sería la chica que perdió a su madre y se marchó.
Pero ¿Londres? Esa sola palabra la llenaba de emoción.
La ciudad no le era ajena, y la idea de vivir allí le parecía más un regreso a casa que un nuevo comienzo.
Ellis le había pedido que se quedara con él hasta el final del rodaje.
Como si estuvieran tanteando el terreno para algo serio.
La idea de despertarse con Ellis cada mañana, estar en la misma ciudad que sus amigas más cercanas, las bibliotecas, las librerías y los museos que tanto amaba.
.. Todo eso brillaba en su mente. Era casi demasiado bueno para ser verdad, un sueño que podría romperse si no lo manejaba con cuidado.
—Todavía no lo sé —dijo—. Volveré a Georgia para estar con mi padre durante las fiestas, así que veré qué pasa después.
Le pareció que sonaba absurdamente imprecisa, pero si Ellis estaba escuchando, no quería asustarlo diciendo que estaba pensando en mudarse a Londres, sobre todo cuando aún no lo había decidido del todo.
También tenía que concentrarse en terminar su manuscrito; eso debía ser su prioridad en ese momento.
***
A la mañana siguiente, Rosemary se despertó justo antes del amanecer y se puso un jersey abrigado en previsión de otro paseo matinal para observar aves con Ellis y Fig. Abrió la puerta y estuvo a punto de gritar al encontrarse con Juliet de pie frente a ella, con las manos apoyadas en las caderas.
—¿Una línea de sal? ¿En serio? Eso es muy grosero.
—¡Casi te atravieso de lleno! —exclamó Rosemary.
—Bueno, eso habría sido muy desagradable para ti, ¿no?
Pero ni de lejos tan molesto como para mí tener que esperar aquí afuera a que te despertaras.
—Juliet siguió refunfuñando hasta que Rosemary cedió y arrastró el pie para romper la línea de sal, permitiéndole entrar en la habitación.
Ahora se alegraba especialmente de haber tenido la idea de trazarla, porque, si Juliet hubiera entrado en su habitación en mitad de la noche, le habría dado un susto de muerte.
Pensándolo bien, atravesarla, aunque fuera por accidente, también habría sido espeluznante.
Solo una vez, cuando era adolescente, Rosemary había atravesado a un fantasma sin querer.
El frío brutal le había paralizado los músculos y la había dejado temblando y jadeando, como si la hubieran arrojado a un lago helado.
—Dejaste libros en mi capilla —dijo Juliet, como si la acusara de un crimen atroz.
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque pensé que podían ayudar. Porque, aunque te niegues a creerlo, sí quiero ayudarte.
Juliet se cruzó de brazos.
—¿Leíste alguno? —preguntó Rosemary.
Juliet evitó mirarla, pero tampoco salió flotando por ninguna de las ventanas ni atravesó una pared o la puerta, así que Rosemary supuso que esa era su forma de intentar, al menos, hablar del tema.
Podía entender lo difícil que debía de ser para Juliet afrontar algo así: cargaba con el peso de toda una vida y cientos de años de existencia después de la muerte sobre los hombros.
—Mi favorito es el de la duquesa y la viuda del capitán de la marina que se enamoran tras descubrir que sus maridos habían tenido una relación antes de morir de forma prematura. ¿Lo leíste?
—No era muy fiel a la historia —repuso Juliet, frunciendo el ceño.
—Lo escribió una mujer estadounidense en los noventa, así que no me sorprende.
—No me convenció —agregó Juliet.
—¿En qué sentido?
—Si el capitán y el duque habían sido amigos o amantes, no es creíble que sus esposas no se conocieran ya.
Rosemary estaba a punto de intervenir cuando Juliet soltó otro argumento.
—Y aunque no se hubieran conocido hasta después de la muerte de sus esposos, ¿cómo podían estar seguras de que no se.
.. enamoraron solo porque eran las personas más cercanas que tenían?
¿Cómo podía cualquiera de ellas saber, saber de verdad , que la otra la eligió por deseo y amor verdaderos, y no solo por cercanía?
A Rosemary le quedó más que claro que ya no estaban hablando de la viuda del capitán y la duquesa.