Amor al primer susto 18 #2
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18 #2

«Una piedrita con un agujero en el centro. Miras a través de ella y te deja ver a los fantasmas, pero solo durante la luna llena. El que la use no va a poder oírlos, solo verlos».

Eso alcanzaba.

«Un millón de gracias», respondió Rosemary.

«¿Me vas a decir para qué la necesitas?», preguntó Dina.

«Es muy largo para explicarte en un mensaje, pero cuando nos veamos te cuento».

«¿Tiene algo que ver con el que no debe nombrarse?».

Rosemary dudó y luego escribió: «Tal vez».

***

Después de su encuentro con Cecilia, Rosemary pasó el resto de la noche con la segunda unidad, observando cómo filmaban un plano de apertura de la mansión gótica a la luz de la luna.

Cuando amaneció, el director de la segunda unidad dio por terminada la jornada y todo el mundo se fue a dormir.

Ya en su habitación, Rosemary se duchó y trató de prepararse para dormir.

Sin embargo, por más cansada que estuviera, no conseguía conciliar el sueño.

Necesitaba hablar con Ellis sobre su perro fantasma, pero no tenía ni idea de cómo sacar el tema.

Justo cuando se metía en la cama, pensando en leer unos capítulos de una de sus novelas de terror para relajarse (¡monjas demoníacas!), el teléfono vibró.

«No me puedo dormir, así que estoy viendo La cumbre escarlata », decía el mensaje de Ellis.

Rosemary había olvidado por completo que había incluido esa película en la lista de películas de terror para Ellis. Era el gótico moderno perfecto, y era un punto por el que estaba dispuesta a jugársela hasta el final.

«¿Qué te parece?», respondió.

«Hay algo raro entre los hermanos».

Rosemary soltó una risita. Había dado en el clavo. «¿Por dónde vas?».

«Ella está en la casa espeluznante y encontró unas grabaciones viejas».

«Esa parte me encanta. ¿Te está gustando?».

«Muchísimo. Los fantasmas son increíbles, me encanta el diseño de producción, pero...».

«¿Pero?».

«Pero no sé si diría que da miedo».

«Creo que mucho del terror gótico no busca dar miedo, sino inquietar, crear una atmósfera escalofriante y desplegar pomposidad».

«Tiene sentido. Espero no haberte despertado».

«No estaba durmiendo. Es difícil con la luz de la mañana».

«¿Pudiste escribir algo hoy?».

«No, me quedé en el set . No logré concentrarme».

«¿Por qué?».

Algo le revoloteó en el vientre. Había algo innegablemente erótico en saber que Ellis estaba justo al lado. Era electrizante.

«Creo que sabes por qué», escribió Rosemary, en un arrebato de audacia.

Los tres puntitos aparecieron en la pantalla y luego desaparecieron. La decepción se le hundió en el pecho cuando pasaron varios minutos sin respuesta.

Entonces, el teléfono sonó.

—¿Ellis?

—Hola, bonita.

A Rosemary la asaltó el absurdo deseo de decirle que lo había extrañado, que había extrañado eso . Aunque habían estado cerca todo el tiempo, no lo había sentido así: privado, íntimo.

—¿Qué estabas haciendo?

—Estoy leyendo una novela de terror.

Sonrió al oír su risa al otro lado.

—Muy fiel a tu marca.

—No quisiera decepcionar a mis fans —bromeó. Esa noche se sentía valiente, o tal vez era la seguridad de no tener que mirarlo a los ojos mientras hablaba.

—Así que no te puedes dormir —dijo Ellis, en tono juguetón.

—No. Cero sueño.

—Bueno, no podemos permitir eso... ¿No, bonita?

Rosemary tragó saliva y se sonrojó incluso en la intimidad de su habitación.

—¿Harías algo por mí, Rosemary?

Cualquier cosa.

—Sí —susurró.

—Quiero que te toques, que hagas exactamente lo que te diga. ¿De acuerdo? Dime que pare si no quieres hacer esto y corto en este mismo instante.

—Sí, quiero.

—Bien, perfecto. ¿Qué haces para tener un orgasmo?

Rosemary sintió las mejillas en llamas. Todo su cuerpo estaba en llamas. Nunca había hecho algo así, y la llenaba de una excitación intensa escuchar la voz grave de Ellis al otro lado de la línea.

—Uso un vibrador.

— Mmm . Me lo imaginaba. ¿Lo tienes ahí contigo, bonita?

Rosemary abrió el cajón de la mesa de noche y sacó el vibrador rosa chillón que había llevado.

—Lo tengo —susurró.

—Buena chica —dijo Ellis, y ella se retorció, empapada de deseo.

—Chúpalo. Mételo en tu boquita preciosa, cerca del teléfono. Quiero oírlo.

Rosemary era un charco resbaloso de deseo, y tenía los pezones tan duros que dolían: pedían a gritos que Ellis los tocara. Con el teléfono en una mano, se llevó el vibrador a la boca y lo chupó, imaginando que recorría la verga de Ellis con la lengua. Al otro lado de la línea, oyó un jadeo ronco.

—Bien, así —susurró Ellis—. Ahora quiero que te apoyes el vibrador en la entrepierna y lo mantengas ahí. No lo metas ni un centímetro.

Por desesperada que estuviera por sentirlo adentro, Rosemary hizo lo que él le dijo. Necesitaba hacerlo. Rozó la punta del vibrador contra la entrada de su vagina.

—Apoya el teléfono en tu cuello y masajea tu clítoris con la otra mano.

Obedeció.

—Sí. Qué bien se siente, Ellis.

—Lo sé, bonita. Sigue. ¿Sabes qué haría si estuviera ahí?

—¿Qué? —dijo Rosemary en un suspiro.

—Primero comprobaría lo mojada que estás por mí. Estarías empapada, ¿no, bonita?

—Sí.

—Después te besaría esos pechos perfectos y te dejaría montarme la mano. Pero todavía no podrías acabar. Cuando estuvieras bien al borde, me pondría de rodillas y te comería el sexo hasta hacerte gemir mi nombre. Solo acabas en dos lugares cuando estás conmigo. ¿Quieres saber cuáles son, Rosemary?

—Sí.

—En mi lengua y en mi verga.

Rosemary se estremeció, arqueando la espalda contra las sábanas.

—Inserta la punta del vibrador.

Por fin exhaló, aliviada, mientras lo deslizaba dentro, sintiendo esa presión deliciosa.

—Ay, Ellis. Es grande.

—Está hecho para ti, preciosa. Tómalo. Haz que entre bien.

Rosemary gimió, inclinando la cabeza hacia atrás.

—Buena chica. Así —dijo Ellis con la voz tensa.

—¿Y tú? —susurró ella, tomando valor—. ¿Dónde acabas?

—Yo acabo donde quiero, ¿no, bonita?

—Qué ganas... Sí.

—Pero si estuviera allí ahora, creo que te doblaría sobre la cama y te penetraría ese sexo hermoso desde atrás. ¿Te gustaría?

—Muchísimo.

Sus palabras, su obscenidad deliciosa, la envolvían en una bruma perfecta.

—Y después te llenaría de leche, porque a ti te gustaría tanto que te acabe adentro...

— Mmm . Dios, estoy tan cerca. Ellis, yo...

—Lo sé. Sigue, no pares.

La voz de Ellis se oía entrecortada, y Rosemary supo que, pese al control seguro que transmitía, estaba luchando tanto como ella.

—¿Sabes qué haría cuando terminara de llenarte, Rosemary? Me aseguraría de que todo mi semen se quedara adentro de ti y volvería a meterte los dedos. No me cansaría nunca.

Rosemary dejó salir un grito; el cuerpo se le tensó de golpe y el orgasmo la arrasó. Era el sexo más intenso e íntimo que había vivido jamás, y solo había sido una llamada telefónica.

Cuando su respiración se calmó, Ellis le indicó con suavidad que fuera a limpiarse, volviera a la cama y apagara todas las luces. Él seguía al teléfono.

—Ojalá vinieras —admitió Rosemary, envuelta en la neblina posterior al orgasmo. Tal vez estaba siendo demasiado sincera; ¿lo espantaría?

—A mí también me gustaría, bonita, pero creo que necesitas descansar. Y si fuera, no descansaríamos mucho.

Rosemary estaba a punto de decir algo que esperaba que sonara sexi y tentador, pero se le escapó un bostezo.

—Bueno, tienes razón —reconoció con una sonrisa—. ¿Sabes una cosa? Después de estos últimos días, tengo que decir que ya no me caes mal, Ellis.

Él soltó una risa baja.

—Me alegro. Duerme un poco. Los próximos días van a ser intensos.

Tal vez fuera solo otra parte de la dinámica entre dominante y sumisa, pero Rosemary sintió de verdad cómo se relajaba con sus palabras.

—Buenos días, Ellis.

—Buenos días, bonita.