Capítulo 28
Capítulo Veintiocho
M addie sentía como si su corazón estuviera en un compactador de basura, siendo aplastado poco a poco hasta empezar a sangrar, hasta amenazar con estallar, llenándole el pecho de un dolor entumecedor.
Cada palabra que salía de la boca de Matt era una flecha que la golpeaba de lleno.
Y él ni siquiera la miraba. Lo había intentado; intentado estar con ella. Pero el intento… ¿fracasó?
Los ojos le escocieron y sentía con cada aliento como si el agua helada le llenara los pulmones.
¿Cómo podía sentir que había fracasado cuando ella había pasado la mejor semana de su vida? ¿Cómo podía Matt decir algo así cuando… cuando…
Entornó los ojos y bajó la vista.
Pero esos eran sus sentimientos, no los de él. Esa había sido su experiencia; quizá no la de él.
Él era su hombre ideal. Pero ella no era la mujer de sus sueños. Solo era… su amiga ideal, alguien con quien quiso acostarse durante un breve periodo de tiempo.
—Bien —dijo con voz ahogada—. De acuerdo, entonces…
Hizo una pausa, incapaz de pronunciar las palabras. Sí, odiaba la confrontación. Odiaba discutir, pero...
—No —susurró, y levantó la vista. ¡Ella también era la mujer de sus sueños!
Lo había sentido en cada caricia, en cada una de las miradas que le dedicaba.
Ella era lo que él quería. No podía estar equivocada.
No otra vez—. No, no lo entiendo —afirmó en voz baja—. ¿Por qué…? No lo entiendo. Explícamelo.
Finalmente, Matt la miró, con su expresión tan cálida como siempre, pero también apesadumbrada. Cerrada. Cautelosa. Con la mandíbula tensa.
—Creo que a la larga nos irá mejor como amigos.
Siempre que nos demos cuenta lo bastante pronto —dijo despacio, metiéndose las manos en los bolsillos—.
Solo ha pasado una semana, Maddie —murmuró, como si ella necesitara un recordatorio, como si los últimos días con él no fueran en lo único que pensaba—.
No es demasiado tarde… para dar marcha atrás.
No es demasiado tarde para… volver a ser solo amigos.
Estaba diciendo tonterías. Por supuesto que era demasiado tarde. Para ella lo fue desde el momento en que la besó por primera vez. Quizá incluso desde que Matt le sonrió aquella primera vez, en el Sunny Umbrella. Quizá no había salido con nadie el último año porque lo había estado esperando a él.
Dios, era tan estúpida. Tan ingenua. No podía ser cierto. No podía estar pasando de nuevo. Creía que ambos querían lo mismo y que estaban en la misma sintonía. ¡Sin embargo, Matt obviamente solo quería un periodo de prueba! Y ahora ya había tenido suficiente.
Estaba locamente enamorada. Pero si para Matt no era «demasiado tarde»… entonces era evidente que él no sentía lo mismo por ella.
Sacudió la cabeza, secándose las lágrimas de las mejillas. Él no había tenido intención de herirla. Pero falló. Ella no lo quería como amigo, lo quería todo de él, con toda su alma y su corazón. Pero también quería a un hombre que estuviera seguro de que la quería a ella.
Algo serio o nada en absoluto; esa era su regla. Y la rompió sin darse cuenta.
—No —susurró. Porque era la única palabra que se le ocurría—. No.
—¿Qué? ¿No? —murmuró él e intentó tomarla de la mano, pero ella se apartó. Dio un paso atrás. Necesitaba distancia.
—No, ya no quiero ser tu amiga. —Las palabras sonaron tan amargas, tan definitivas, que casi se ahogó con ellas—. Para mí es demasiado tarde. No puedo… volver atrás. Yo… quiero decir… —Parpadeó—. ¿Cómo voy a volver atrás? —Las lágrimas le rodaron por las mejillas y dio otro paso atrás—. No.
Vio que a Matt le temblaban los labios, con los ojos brillantes.
—Dijiste que pasara lo que pasara, seguiríamos siendo amigos —murmuró.
—Y lo decía en serio. Pero no sabía lo que podía ocurrir.
Y entonces se dio la vuelta y se marchó porque esta era una confrontación que no podía soportar. Que no quería tener.
—Maddie. —Oyó a Matt corriendo tras ella.
—¡No!
—Maddie, por favor. —Le agarró la mano, pero ella se soltó—. No quise decirlo así. No quería… Lo entendiste mal. ¿No podemos hablar y…?
—No —susurró, y salió corriendo del aparcamiento subterráneo y se lanzó entre la multitud que se apresuraba hacia los aparcamientos públicos.
Dejó que la arrastraran con ellos. Las llamadas de Matt no eran más que un débil eco en sus oídos cuando oyó los primeros gritos de: «¡Dios mío, es Matt Payne! ».
Huía de otra discusión. ¿Pero qué podía hacer? Era demasiado. Le dolía el corazón y no sabía cuánto más podía aguantar. Ella…
—Maddie.
Se detuvo de golpe porque alguien la sujetó del brazo. Era Clemens, apoyado en un elegante BMW negro.
—¿Estás bien? —preguntó él, con la mirada deslizándose incómoda sobre sus mejillas manchadas de lágrimas.
Maddie tragó saliva, queriendo asentir, pero no fue capaz de hacerlo. Debería pensar en lo que estaba pasando, en que Matt la había herido. Pero, en cambio, sus palabras le llenaban la cabeza.
«¡Por supuesto que lo sabía , Maddie! ¡Solo tuve que echarle un vistazo para que me quedara más claro que el agua!».
Le ardía el corazón. No quería discutir más.
Pero no podía sacarse las palabras de Matt de la cabeza y…
lo haría por cualquier otro, ¿verdad? Le diría sus verdades a Clemens.
Si hubiera sido el exnovio de su hermana y posiblemente la hubiera tratado mal, se lo echaría en cara de inmediato. ¿Por qué no por ella misma?
Inspiró, temblorosa, se secó las lágrimas de las mejillas y se enderezó.
—Clemens, eres consciente de que no fueron solo unas pocas noches las que pasamos juntos, ¿verdad? —preguntó con voz ronca, mirándolo a los ojos acuosos.
Esto era lo que había evitado antes porque le resultaba demasiado incómodo.
—Bueno, sí, de acuerdo. Puede que fuera algo más que unas pocas. —Esbozó una media sonrisa.
—Fueron dos años —murmuró—. Estuvimos juntos dos años…
Él suspiró, pero evitó su mirada.
—Maddie, sabes que no estábamos...
—No, no lo sabía —susurró, y lo miró con aire inquisitivo—. Entonces, ¿quién de los dos se equivocó? ¿Tú o yo?
—Maddie —chasqueó la lengua—, ya pasamos por eso. Hace años.
—Sí, y en aquel momento simplemente te creí, porque no pensaba que pudieras querer nada malo para mí —susurró—. Pero… ¿tuvimos una relación, Clemens? ¿Esos dos años?
—Nosotros… —Parpadeó y se detuvo.
Ella no pudo reprimir una risa seca.
—¡No es una pregunta difícil! ¿Cómo demonios pudiste no darte cuenta de que yo iba en serio? ¿Es que ni siquiera me conocías? ¡Porque la gente que me conoce, que pasa tanto tiempo conmigo como tú lo pasaste conmigo, sabe que no soy del tipo de persona de un rollo pasajero!
—Bueno, ya. —Cambió el peso de un pie a otro incómodo—. Puede que sospechara que esperabas algo más que algo informal. Pero nunca me preguntaste si estaba viendo a otras mujeres.
—¿Así que fue culpa mía? ¿Lo entendí todo mal? —Su voz, para su sorpresa, se volvió demasiado calmada. Quizá porque sus ojos de repente veían con mucha claridad. Ahí estaba esa expresión de la que Matt había hablado. La incomodidad en los ojos de Clemens. La culpa.
Mierda, él lo sabía.
Soltó un grito ahogado y entrecerró los ojos.
Él sabía que ella lo amaba y creía que estaban en una relación exclusiva.
Se había aprovechado de ella y había tergiversado sus palabras cuando lo encontró para no tener que sentirse mal.
Le hizo creer que ella era demasiado estúpida para entender lo que pasaba entre ellos.
¡Pero resultaba que había tenido la razón todo el tiempo!
Inspiró con un estremecimiento. Matt tenía razón. Ella aún no lo asimilaba. Sin embargo, ahora…
—Clemens. No voy a ir a tu boda. No porque nuestro pasado sea complicado, sino porque eres un idiota —pronunció con frialdad—.
Y no puedo creer que llegaras a gustarme, porque ahora solo siento desprecio por ti y lástima por la mujer que está dispuesta a casarse contigo.
Probablemente porque aún no te conoce lo suficiente.
Y esta vez se sintió bien. Marcharse. No como con Matt antes. Esta vez no quedaba nada que decir. Nada que discutir. No más argumentos que zanjar.
No como con…
—Mierda —susurró y se frotó los ojos.
No debería haber salido huyendo. Debería haber dejado que Matt hablara; no, ¡ ella debería haber hablado! Debería haberle dicho lo que pensaba y luchado por lo que quería.
En lugar de eso, se limitó a aceptarlo. ¡Anhelaba tanto sentirse tranquila que prefirió irse en lugar de quedarse y discutir! Y eso era… estúpido.
Porque las últimas semanas no habían sido solo las mejores de su vida. Ella lo sabía. ¡No se equivocaba! Al igual que sabía que había tenido razón con Clemens. Él no era el hombre que ella creía. Pero Matt… a Matt lo conocía. Sabía todo lo que debía saber sobre él.
Para empezar, que era un tremendo miedoso.
Sorbió por la nariz… y entonces sonrió.