Amistad, Amor y Hockey (Amor y Hockey 2) Capítulo 25
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Capítulo 25

Capítulo Veinticinco

I ncluso cuarenta y ocho horas después, mientras celebraban su última sesión de entrenamiento antes del partido del domingo, seguía dándole vueltas a las palabras de Maddie, unas palabras que acechaban sus sueños.

«No puedo seguir siendo amiga del hombre con el que me he pasado dos años imaginando un futuro».

Chocó contra algo duro con el codo y se estremeció.

—Viejo, Payne. ¿Qué te pasa? —León soltó un juramento y se frotó la barbilla—. ¡Soy de tu equipo! Lo sabes, ¿verdad?

—Perdona, no estaba atento —masculló.

Joder. Estaba totalmente descentrado.

—Pues concéntrate de una vez —replicó el defensa, molesto—. Solo somos tres en el hielo ahora mismo. ¿Tan difícil es no estamparse contra mí? Ten cuidado o se lo diré a Lucy. Aunque ya parece estar enfadada contigo. —Inclinando la cabeza, miró hacia el borde de la pista.

Sí, allí estaba ella, con su con su pelirrojo ondeando al viento —¿de dónde diablos salía esa brisa?

—, de pie con las manos en las caderas y fulminándolo con la mirada desde el otro lado de la pista.

Confundido, Matt se giró. Esperaba que Dax estuviera allí, porque ese tipo de mirada solía ir dirigida a él. Pero no.

Antes de que pudiera seguir pensando en los errores de su vida, Lucy lo rescató.

—¿Así que Matt y Maddie son pareja ahora? —gritó enfurecida—. ¡¿Y a mí no me dicen nada de nada?!

Ah, eso.

Dax iba de camino hacia su novia, pero se detuvo al oír sus palabras. Su mirada también se clavó en él. Sin embargo, no era de enfado, sino más bien de… reproche.

Matt patinó vacilante hacia la valla, pero manteniendo una distancia de seguridad con la pelirroja que, aunque no era a menudo, a veces usaba los puños para expresar su descontento con gran precisión.

—¿Te lo dijo Maddie? —preguntó con escepticismo. Maddie había dicho que le avisaría antes de decírselo a su hermana.

—No. ¡Me enteré por Rachel! —Apretó los labios—. Increíble. De verdad. ¿Maddie suelta la información tan contenta cuando follan, pero cuando la cosa va en serio se calla?

—¿Va en serio entre ustedes? —preguntó Dax con incredulidad—. ¿Y no me dijiste nada?

—¿Quién va en serio? —quiso saber León, deteniéndose junto a ellos—. ¿Y por qué? ¿Qué les pasa a todos?

Matt gimió para sus adentros.

—No es asunto suyo, ¿verdad?

Lucy y Dax soltaron una exclamación dramática al mismo tiempo.

—¿Perdona? —exclamó Lucy.

—¿Qué es lo que no es asunto nuestro? —preguntó el defensa, metiéndose entre ellos.

—Chicos. —A Matt le crujió la mandíbula—. ¿Podrían solo…?

—¡No! —interrumpió Dax, con la voz resonando en el techo—. No y no. Todo esto está muy mal.

Asombrados, León y Lucy le miraron.

—¿Qué es lo que está mal? —preguntó la pelirroja con cautela.

—Que Matt debería haberte contado a ti primero qué está pasando —respondió él cáusticamente—. Así que, todos los demás fuera del hielo. Quiero hablar con Matt.

—Yo no estoy en el hielo, Dax —replicó Lucy, perpleja.

—¡Me da igual, váyanse ya! —dijo él con brusquedad.

León resopló.

—Viejo, no puedes mandar a…

—¡Vete, León! —le gritó.

—Bien. Madre mía. —El defensa puso los ojos en blanco y se largó del hielo.

—Maravilloso —gruñó Dax mientras Lucy y León desaparecían por el túnel, antes de gritarles—: ¡Diez minutos, necesito diez minutos, así que díganles a los demás que el entrenamiento tendrá que esperar!

Lucy hizo un gesto con la mano para indicar que lo había entendido y Matt oyó a León murmurar: «¿Pero es que todo el mundo se volvió loco hoy?».

Era una pregunta muy válida.

Matt se quitó el casco y entrecerró los ojos con irritación.

—¿Ahora qué te pasa?

—¿A mí? —gritó Dax incrédulo—. ¿Qué te pasa a ti ? ¡Ya tuve suficiente! ¡En serio! ¿Qué mierda es esta? Llevo semanas esperando a que te disculpes… y si no vas a hacerlo voluntariamente, entonces voy a obligarte.

Matt resopló y se cruzó de brazos.

—¿De qué se supone que tengo que disculparme, Dax?

—¡Por comportarte como un idiota!

—¿Ah, sí? Pues como hiciste tú —respondió con frialdad.

—¡Pero si yo no sabía que lo estaba haciendo! —exclamó Dax con incredulidad—. Mierda, Matt, tú mejor que nadie deberías saber que a veces me cuesta entender cuándo estoy haciendo algo mal.

El rubio resopló con desprecio.

—No es que te cueste entenderlo. ¡Es que tienes un talento increíble para ignorarlo!

—Viene a ser lo mismo —replicó el moreno con brusquedad—.

La cuestión es que me conoces y sabes quién soy y cómo soy y…

de repente, me sueltas rollos sobre que ya no estoy de tu parte sino de la de Lucy, ¡cuando todavía estoy intentando entender por qué hay dos bandos distintos !

—Agitó los brazos en el aire—. Y sí, dejamos de tirarnos en mi sofá una noche sí y otra no.

Nos vimos menos fuera de los entrenamientos.

¿Pero no es normal olvidarse un poco de los amigos sin querer al principio de una relación?

—Se quitó el casco y se frotó la cara—. Bueno, no olvidarse, sino, bueno…

ignorarlos. No con mala fe. Igual que ignoro el hecho de que a veces soy un idiota.

Hasta lo busqué en Google, ¿de acuerdo? Y la revista Happy Girlfriend dice que es normal pasar más tiempo con tu novia que con tus colegas al principio.

Pero que la cosa se estabiliza después de unos meses.

Y joder, Matt, Lucy y yo ya éramos un caso extremo antes de estar juntos; lógicamente, lo seguimos siendo.

Así que, ¿por qué cojones no puedes alegrarte un poco por mí?

Matt resopló.

—¡Pues claro que me alegro por ti! —espetó con dureza—.

Mierda, Dax, no te culpo por estar enamorado, ¡te culpo por no responder cuando te escribí varias veces pidiéndote ayuda, indirectamente, y porque te importó un bledo lo que estaba pasando en mi vida!

Y entiendo que Lucy sea tu prioridad porque nunca antes habías estado enamorado. Pero no debería ser la única .

—¿Me pediste ayuda? ¿Cuándo me la pediste? —preguntó Dax, escéptico.

—¡De forma indirecta! —repitió Matt, molesto—.

Vamos, viejo, te escribí dos veces en una semana preguntándote si querías ir a tomar algo conmigo.

Era obvio que necesitaba hablar de alguna tontería emocional.

Ninguno de los dos bebe durante la temporada, ¿te acuerdas?

Así que era una clave para decir: «¿Podemos hablar? ».

—¿Entonces por qué no solo dijiste: «¿Podemos hablar?»?

—Porque sonaba ridículo. Y, de todas formas, estaba claro que necesitaba conversar…

—¿De qué narices estás hablando? —interrumpió Dax con aspereza—. No había nada claro. Tú nunca necesitas ayuda con tonterías emocionales. Soy yo el que se confunde cuando se trata de sentimientos, no tú —le recordó en voz alta.

—Bueno, pues esta es la excepción que confirma la regla —resopló, molesto—.

¡Y al menos pudiste haber preguntado! El hecho de que ahora tengas a Lucy no significa…

—Se detuvo y apartó la mirada. Se sentía estúpido.

Totalmente estúpido. ¿Pero qué podía hacer?

Lo único que conocía en la vida eran amigos que, con el tiempo, nunca volvían a ponerse en contacto con él.

—¿No significa… qué? —Los ojos de Dax se abrieron de par en par—. Bro, Matt… ¿creías que iba a reemplazarte por Lucy o algo parecido?

Oh, mierda. Ahora sonaba como Maddie.

Apretó los labios y su vista se quedó clavada en la entrada del túnel.

—No seas tonto —dijo con voz ronca, pero Dax lo ignoró.

—Oh, no —murmuró de mal humor—. ¡No habrás pensado en serio que yo era como esos idiotas de tus antiguos equipos que se dejaron de contactar contigo! ¿Acaso estás… esto…? —Avergonzado, Dax se rascó la barba incipiente—. ¿No estabas seguro de cuánto… eh… significas para mí o lo que sea?

Oh, Dios. Sí. Lo había estado. Pero no podía decirlo. Simplemente no podía .

Oyó a Dax jadear.

—Es raro, ¿verdad? —murmuró al cabo de un rato—. Las mierdas personales con las que todo el mundo tiene que lidiar. Cada uno carga con un lastre distinto, así que nunca puedes estar seguro de cuál es el problema. Porque cada uno… funciona de forma diferente.

Matt se pasó la manga por la frente sudorosa.

—Sí —susurró—. Raro.

Dax suspiró.

—Matt, soy el más maduro de los dos, así que empezaré yo…

Siento que sintieras que no estaba ahí. Pero, siendo honesto, ¡se te da bien esto!

Las relaciones. Dar consejos. Supongo que nunca imaginé que necesitarías ayuda en ese ámbito.

Siempre ves el panorama general. Por eso no me di cuenta de las señales.

Y, por supuesto que… significas mucho para mí.

Y, por supuesto que siempre seré tu mejor amigo, pase lo que pase.

Que esté con Lucy no significa que… nosotros ya no estemos juntos.

A Matt le tembló la comisura de los labios.

—Oh, qué tierno eres —respondió con sequedad.

Dax se sonrojó y añadió en un susurro:

—Por favor, no le digas a ninguno de los chicos que dije eso.

Matt soltó una carcajada y se pasó la mano por la cara.

—Bien, se lo diré solo a Lucy.

Dax lo miró, sombrío.

—Te abro mi corazón…

La risa de Matt se hizo más fuerte. Eso había sido realmente sensible para lo que era Dax.

—Dax, nunca he tenido un amigo como tú, ¿de acuerdo? —dijo de repente—. Alguien con quien pueda hablar de cosas serias. Al igual que nunca he tenido una amiga como Maddie con quien hablar de todo . Supongo que solo… me sentiría fatal si perdiera a alguien así.

—Ah, sí, Maddie. —Dax asintió pensativo—. Ese es el tema con el que necesitas ayuda, ¿verdad? ¿O hay otra mujer?

—Por supuesto que es por Maddie, idiota —respondió él, atónito.

—¡Lo ves! Y por eso te necesito. Para saber cuándo me estoy portando como un idiota. —Dax lo señaló con el dedo índice—. Entonces, Maddie y tú están juntos ahora y todo va bien, ¿verdad?

Matt vaciló.

—Biiieeen —dijo Dax lentamente—. ¿No va todo bien?

Suspiró.

—No tengo ni idea. Siento que todo debería ir bien. —Se rio sin alegría—. Joder, Dax, nunca he tenido tanto miedo en mi vida.

Su amigo parpadeó, sorprendido.

—¿Miedo de qué?

—De cagarla. Me entra el pánico cuando pienso en perderla. Ella no tiene nada que ver con el juego, ¿sabes? Es mi amiga a pesar de que juego al hockey, no porque juegue. Es la única constante fuera de mi familia y del hockey que he tenido nunca. Y no quiero…

—Cagarla —repitió Dax.

—¡Sí!

—Pues no la cagues —afirmó con sencillez.

—¿Y si ya lo he hecho?

—¿Por acostarte con ella y declararla tu novia?

—¡Sí!

Dax frunció el entrecejo.

—¿Por qué… ni siquiera quieres estar con ella?

Él resopló.

—No seas ridículo, ¡claro que quiero estar con ella!

—¿Porque… el sexo es malo?

Matt abrió la boca.

—Olvídalo —se retractó Dax—. No quiero saberlo. Por tu expresión, tampoco es el sexo. Así que no lo entiendo. ¿En qué la cagaste?

—En nuestra amistad —murmuró—. Nuestra… amistad segura.

—Segura —repitió Dax, y se le encendió la bombilla—. La amistad que es más segura que su relación.

—Las amistades duran más que las relaciones —murmuró en respuesta.

—Oye, eso es lo que decía la revista Happy Girlfriend —confirmó Dax ahora con tono alegre—. Bien, pero… —Parpadeó—. ¿La quieres?

—Sí —respondió sin vacilar.

—¿Como a una novia o… como a una novia-novia?

Matt esbozó una media sonrisa.

—La quiero de todas las formas posibles.

Dax asintió como si lo comprendiera de inmediato.

—Pero si rompen…

—Perdería a mi novia y a mi mejor amiga al mismo tiempo.

—Así que, si nunca hubieran empezado nada…

—Perdería a mi novia, pero probablemente nunca perdería a mi mejor amiga —resumió.

—Lo entiendo. —Sumido en sus pensamientos, Dax se quedó mirando el hielo y luego murmuró—: Bueno, no hay nada de malo en intentar la relación, ¿no?

Si no funciona, Matt, y ambos se dan cuenta a tiempo, entonces quizás puedan volver a ser amigos.

¿Cuánto tiempo llevan de intimidad? ¿Dos semanas?

No es tanto tiempo. —Se aclaró la garganta—.

Maddie aún no se lo ha dicho a Lucy. Así que no está segura todavía, ¿verdad?

Matt frunció el entrecejo. No parecía que hubiera incertidumbre entre ellos. Pero, sí, Maddie solía compartir sus sentimientos con Lucy… a menos que fuera algo malo.

—Lo que intento decir —continuó Dax, interrumpiendo sus pensamientos— es que si tienes miedo de lo que pasaría si rompieran, si tú o Maddie cambiaran de opinión…

no es demasiado tarde para seguir siendo amigos, llegados a este punto.

Han sido amigos durante mucho más tiempo de lo que llevan acostándose.

—Se encogió de hombros—. Eso vale algo, ¿no?

El entrecejo fruncido de Matt se acentuó. Sí. Sí. Claro. Si todo lo demás fallaba… podrían volver a ser amigos, siempre y cuando se dieran cuenta de su error lo suficientemente pronto.

Sus hombros se relajaron. Dax tenía razón. Tenían docenas de opciones. Todo iría bien.

—Bien. —Asintió despacio. Todo tenía sentido: solo tenían que seguir siendo honestos.

—¿Bien? Entonces… ¿está todo bien ahora? —preguntó Dax, inseguro—. ¿Nos hemos reconciliado?

Matt sonrió.

—Oh, Dax, no estarás todavía inseguro sobre lo nuestro, ¿verdad?

—Ah, cállate…

—Está bien. Estamos reconciliados.

Dax lanzó un suspiro de alivio.

—Gracias a Dios. Ahora Lucy dejará de darme la lata para que te llame. —Su amigo le dio una palmada en el hombro—. ¿Y podrías decirle también lo buen amigo que he sido, pidiendo perdón de primero y todo eso?

Matt asintió obediente.

—Desde luego. Y le diré lo adorable que estabas mientras lo hacías.

Dax sonrió de oreja a oreja.

—Ella ya lo sabe. Ella…

—¡¿Qué demonios pasa?! —ladró el entrenador desde la banda y ambos se sobresaltaron—. ¡Temple, Payne! ¡No pueden echar a todo el mundo del hielo durante el entrenamiento antes de un partido importante!

—A lo mejor no deberíamos . Pero podemos , como acabo de demostrar —respondió Dax, sonriéndole a Matt—. ¿En cuántos tonos de rojo crees que se pondrá su cara?

—Cuatro.

—Seis —replicó Dax—. El que pierda, paga.

—Hecho —dijo Matt, pero la palabra quedó ahogada por los gritos del entrenador Gray.