Capítulo 24 #2
―Ya está. ¿Ves? Hecho ―dijo con una amplia sonrisa―. Porque el hockey es más importante que él.
A Matt le tembló la comisura de los labios. Bien, era un detalle por su parte decirlo así, pero… no sentía que el asunto hubiera terminado. Todo lo contrario. Tenía la sensación de haber destapado un barril enorme lleno de algo flotante y apestoso.
Sinceridad. Lo suyo funcionaba gracias a su sinceridad.
―De acuerdo, Maddie, tengo que preguntártelo ―dijo con impaciencia―.
¿Quién es exactamente Clemens y qué pasó?
Llevas semanas dándome detalles insuficientes que, poco a poco, me están carcomiendo por dentro.
Porque, en serio, hasta hace un mes ni siquiera sabía que existía un exnovio, mientras que es probable que tú tengas todos los nombres e, incluso, quizá hasta los números telefónicos de todas las mujeres con las que he estado en el último año.
Maddie frunció los labios.
―Seguro que es buena idea recordarle a la mujer medio desnuda que tienes delante cuántas muescas tiene tu cama.
— Tú me liaste con la mitad de ellas —le recordó él, estupefacto.
―Ya, ya ―respondió con fastidio, restándole importancia con un gesto―. Yo tampoco soy siempre la más lista de la clase, ¿de acuerdo? En cuanto a Clemens… No hay mucho que contar. Fue mi única relación seria. Aunque, según él, no fue mi novio en absoluto.
Él frunció el ceño, irritado.
―¿A qué te refieres?
Maddie se removió inquieta en el sofá, le lanzó una mirada de duda y luego se concentró en el vaso de agua que tenía en la mano.
―Es un poco vergonzoso. Fui tan tonta entonces que no me gusta contar la historia.
Él asintió despacio.
―Lo entiendo. Obviamente, no tienes por qué hablar de ello. Solo… puedo consumirme poco a poco en este sofá, muriéndome de curiosidad.
Un amago de sonrisa cruzó sus labios.
―Hoy está muy dramático.
―Vimos Dirty Dancing en el vuelo de regreso. Puede que se me haya pegado algo.
Maddie se rio y luego soltó un hondo suspiro.
Pensativa, dejó el vaso de agua sobre la mesa, se estiró en el sofá y apoyó la cabeza en el muslo de Matt.
Por lo tanto, su boca quedó cerca de las partes íntimas de él, todavía al descubierto.
En circunstancias normales, aquello lo habría distraído.
Sin embargo, todavía sentía una opresión en el pecho y un sabor amargo le llenaba la boca.
―No tienes por qué contármelo, Maddie ―susurró, acariciándole la frente con suavidad y deslizando el índice por su mejilla hasta los labios―. Si prefieres guardártelo para ti, puedo aceptarlo.
―No, está bien. ―Sonrió con timidez―. Ahora estamos…
juntos. ―Sus mejillas adquirieron un precioso tono carmesí―.
Deberías saberlo. Verás, nos conocimos en la universidad.
En segundo año. Clemens también estudiaba Ciencias Sociales.
Era guapo, brillante… Nos hicimos amigos y acabamos acostándonos.
Y luego una y otra vez. Se suponía que esa era toda la historia.
Nos conocimos y nos enamoramos; éramos pareja, o eso pensaba yo, y prácticamente vivíamos juntos.
Hasta que lo encontré con otra y nuestra relación saltó por los aires.
―Una sonrisa sin alegría se dibujó en su rostro.
—Joder —masculló él, trazando círculos con suavidad en la clavícula de ella.
―Oh, eso no es lo peor. Sabes, si eso hubiera sido todo, habría sido una mierda, pero habría estado bien.
Clemens habría sido un idiota y yo la víctima.
Pero… ―Se frotó los labios con vacilación―.
Bueno, el caso es que, cuando lo encontré y le grité que era un bastardo y que no quería volver a verlo nunca más…
solo me miró confundido y dijo que no entendía cuál era mi problema.
Porque no estábamos juntos. Nunca habíamos hablado de ser exclusivos.
Teníamos un rollo, pero no una relación seria.
Él dio por hecho que yo también me acostaría con otros por mi cuenta.
―Entornó los ojos y se frotó la frente, como si el solo hecho de pensar en la escena le resultara doloroso―.
Y tenía razón, ¿sabes? Nunca hablamos de tener una relación estable.
Pero, joder, nos acostamos con frecuencia durante dos años, nos veíamos todas las semanas…
Yo lo quería. ―Tragó saliva ―. Pero para él yo solo era un revolcón.
Una forma agradable de pasar el rato. ―Sacudió la cabeza con un suspiro y soltó una carcajada amarga―.
Tardé años en superarlo. Pero ni siquiera fue culpa suya que me sintiera tan mal.
Fue mía. No lo entendí. No presté atención.
No pregunté. Solo asumí que estábamos juntos.
Así que, básicamente, yo misma me rompí el corazón.
―Se mordisqueó el labio inferior con inquietud―.
Por eso, desde entonces, siempre le he dicho a todo el mundo que he conocido que quiero algo serio o nada de nada.
Para que mis cartas estén sobre la mesa desde el principio.
Para que no vuelva a pasar lo mismo. ¿Lo entiendes?
―Todavía con incertidumbre en su expresión, lo miró.
―Lo entiendo ―murmuró él, aunque su cerebro trabajaba a toda marcha.
¿Se habían acostado durante dos años y Clemens no sabía que estaba en una relación?
¿O al menos, Maddie creía que lo estaban?
Qué absoluto idiota. Por otro lado… Dax y Lucy tampoco se habían dado cuenta de que estaban juntos.
Así que, tal vez, ocurría más a menudo de lo que la gente pensaba.
Aun así, la historia no terminaba de convencerle. Lo que más lo irritaba era que Maddie se culpara a sí misma por haber acabado con el corazón roto. Lo que más le molestaba, sin embargo, era que ella todavía llamara a Clemens un buen hombre ; el tipo que ella había creído que era su alma gemela.
Y había algo más que le preocupaba.
―¿Solo eran amigos antes de que empezaran a acostarse? ―preguntó en voz baja.
Ella asintió.
―Sí. Bastante buenos, la verdad. Tal vez por eso me lo tomé demasiado en serio demasiado pronto.
Porque nosotros… ya teníamos una historia juntos.
―Frunció el ceño y entrelazó sus dedos con los de él, que todavía descansaban en su clavícula―.
Los sentimientos crecen más rápido y con más profundidad cuando ya te conoces con la otra persona. ―Le sonrió con timidez―. ¿No lo crees?
Él le devolvió la sonrisa y le dio un tierno beso en la frente, aunque el corazón le aleteaba en el pecho como un colibrí. Sabía a qué se refería, pero necesitaba saber algo más.
―¿Y siguen siendo amigos y hablan por teléfono a menudo?
Se dijo a sí mismo que necesitaba saberlo; era la única forma de descubrir si sus celos estaban justificados.
Pero eso no era todo, porque la relación de Clemens y Maddie empezó de la misma manera que la suya.
Y le tranquilizaría casi tanto como le perturbaría que el tipo siguiera formando parte de su vida.
Eso significaría, al menos, que si lo suyo no funcionaba…
Maddie soltó un sonoro bufido.
―No. Nos ponemos en contacto una vez al año por nuestros cumpleaños.
De vez en cuando quedábamos para tomar un café, pero de eso hace mucho tiempo y no hemos hablado por teléfono en una eternidad.
Creo que él cree que seguimos siendo amigos, de lo contrario, quizá ni siquiera me habría invitado a su boda, pero…
No. ―Sacudió la cabeza con vehemencia―. No puedo seguir siendo amiga del hombre con el que pasé dos años imaginando un futuro.
Si solo hubiera sido sexo casual, pues a lo mejor.
Pero esto no. Es demasiado raro. Siempre habría algo entre nosotros, ¿sabes?
Nunca puedes volver a una especie de normalidad.
Se encogió de hombros y le besó el dorso de la mano. Él, mecánicamente, le acarició el cabello y se enrolló un mechón en el dedo índice. Disfrutaba de la intimidad de sus caricias, de la naturalidad con la que se recostaba en su regazo. De su cercanía.
Siempre se había sentido unido a Maddie, más que a nadie en su vida, incluso cuando solo eran amigos. Y mientras tuviera esa cercanía…
Se quedó mirando la pantalla apagada del televisor en la pared de enfrente.
No puedo seguir siendo amiga del hombre con el que pasé dos años imaginando un futuro .
Tragó saliva. No, por supuesto que no podía. Y había sido la decisión correcta intentarlo.
¿O no lo era?
No. Sí lo era. Lo que había entre ellos era fantástico. Y él quería que Maddie imaginara el futuro con él. Al fin y al cabo, ella tenía que estar en el suyo, fuera como fuese.
Preferiblemente de esta manera.
Aunque si no funcionaba…
Tragó saliva y respiró hondo. ¡Iba bien! Mejor que bien. Estaba tan enamorado que no podía pensar con claridad. Realmente no debería preocuparse.