Amistad, Amor y Hockey (Amor y Hockey 2) Capítulo 21
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Capítulo 21

Capítulo Veintiuno

M addie todavía podía sentir sus labios sobre los suyos, así como el calor en lo más profundo de su estómago, que no había disminuido en días.

Dios, era tan terriblemente… masculino . Y estúpido . A decir verdad, a veces ambas palabras podían usarse como sinónimos. Besarla cuando quería hablar con ella. ¡Era como si quisiera quitarle el poder de razonar para poder llevar las de ganar en una discusión!

Eso no estaba bien, sobre todo porque le estaba funcionando.

—No lo hice… —Se pasó la mano por el pelo con nerviosismo—. No es que estuviera celoso, aunque lo estuviera. Tú… —Rechinó los dientes y la miró con reproche—. ¡Me estás confundiendo!

—¡Yo no estoy haciendo nada! —dijo ella con incredulidad.

—¡Sí! Estás ahí parada mirándome con expectación, como si yo tuviera todas las respuestas.

—No quiero todas las respuestas, solo quiero saber por qué me besaste. Justo cuando las cosas estaban volviendo poco a poco a la… normalidad.

Matt soltó una carcajada sin alegría y sacudió la cabeza.

—¿Has estado viviendo en un universo paralelo los últimos días?

Ella resopló y desvió la mirada.

—Así que, de eso es de lo que querías discutir, ¿verdad? —preguntó, levantando la barbilla—. ¿De que esto no siga siendo normal? Así que pensaste: «Oye, deja que bese a Maddie, así todo volverá a ser como antes».

Él entrecerró los ojos.

—No pensé en nada excepto en que quería besarte, ¿de acuerdo? No sé si quiero que todo sea como antes, Maddie —dijo.

A ella casi se le encogió el corazón.

—¿Qué? —Odiaba lo aguda y quebradiza que sonaba su voz—. No lo entiendo, Matt. Sé que estabas enfadado porque les conté a todos que nos acostamos, pero te pedí perdón y…

—Maddie —la interrumpió en voz alta, golpeando el suelo impaciente con el pie—. ¿De verdad crees que esa era la única razón por la que estaba enfadado?

—Bueno, cuando íbamos de vuelta…

—Sí, me molestó. Pero no fue por eso por lo que estaba furioso. Por lo que estoy furioso.

Ella tragó saliva.

—¿Entonces por qué?

Él apretó los dientes y se metió las manos en los bolsillos.

—«Cuando pasa algo que no es muy trascendental pero sí interesante, se lo cuentas a tus amigos, ¿no?» —la citó fríamente.

La boca se le secó. Bien. Quizá eso había sido un poco duro. Había tenido problemas para poner en perspectiva la noche que pasaron juntos.

—Tú fuiste quien dejó su propia cama para buscar espacio, Matt. No fui yo.

—Sí. Porque acordamos que sería cosa de una sola vez.

—¡Lo sé! —Se frotó las palmas sudorosas contra el dobladillo del vestido—. Por eso no me lo tomé demasiado mal.

—¿Demasiado mal? —repitió él.

Ella cruzó los brazos.

—Bueno, fue un poco rastrero de tu parte —explicó sincera—. No despertarme para al menos decirme que te ibas. Supongo que habría sido demasiado… íntimo para ti o lo que sea.

—¡Me fui porque lo habíamos acordado ! —exclamó él con incredulidad—. ¡No acordamos hacer que nuestra noche pareciera insignificante!

—¡Una vez no hace daño, Matt! Los dos dijimos eso.

—¡Pero eso no significa que esa vez sea irrelevante !

—Se pasó la mano por el pelo y miró hacia las escaleras—.

Quiero decir, sé que no te tomas el sexo a la ligera.

Insistes en tener solo sexo serio o nada en absoluto.

¿O todo es una patraña? Porque si se te da tan bien el sexo esporádico, lo has mantenido muy bien en secreto durante el último año.

—¡Claro que no es ninguna patraña! —estalló ella—.

El sexo es increíblemente importante para mí.

Es íntimo. Y… desnudas tu alma, ¿de acuerdo?

¡Muestras un lado de ti mismo que no le enseñas a nadie más!

Sé que tú no piensas así, ¡pero así es como yo pienso!

—Entornó los ojos con frustración—. ¡Por eso no puedo saltar a la cama con cualquiera, Matt!

Y tú no eres cualquiera. De lo contrario, nunca habría…

—Se calló y sacudió la cabeza—. Necesito confianza. ¡Y yo confío en ti!

—Es agradable oír eso —dijo él con brusquedad—.

¿Entonces por qué tuviste que hacerme sentir que no te importaba?

¿Por qué te esforzaste tanto en hacerme creer que deberíamos reírnos de ello?

Como si fuera una simple anécdota. ¿Una noche loca que fue un episodio de relleno en nuestras historias de vida?

—Porque eso era más fácil que… el resto —respondió desesperada.

—¿Qué resto? —Matt increpó, impaciente.

—¡Pues el resto! El caos creado porque nuestra noche sí que importó, aunque no lo quisiéramos. Que no fue una idea loca, después de todo. El enorme y caótico lío de sentimientos y expectativas que no tiene fin ni principio y que es imposible de desenredar.

—Entonces, ¿cuáles son tus sentimientos y expectativas? —susurró, pareciendo agotado de repente—. Maddie, no creo que haya nada que no podamos desenredar. Siempre que seamos honestos. Como siempre lo somos. ¡Lo único que quiero es que seas sincera!

Ella abrió la boca con incredulidad y apretó las manos mientras luchaba por encontrar las palabras, tratando de obligarse a decir lo que había querido echarle en cara durante semanas.

¡A admitir qué era lo que la había metido en este lío para empezar!

Sin embargo, era difícil, porque era personal.

Pero él quería discutir y ella le aseguró que lo intentaría. Así que…

—¿Se supone que yo tengo que ser sincera cuando fuiste tú quien dijo más que tonterías durante el último año? —preguntó tajante, con las palabras quemándole en la lengua.

Él parpadeó hacia ella, irritado.

—¿De qué estás hablando?

—¡Del hecho de que dijiste que no querías nada serio, Matt!

—espetó—. Me dijiste que solo querías rollos de una noche.

Y me lo has demostrado durante los últimos doce meses.

Pero ahora, de repente, ¿le dices a un completo desconocido —¡a un periodista, nada menos!

— que después de todo podrías estar considerando el matrimonio y los hijos?

Mientras que a mí me dices, mientras que yo… ¡No!

Matt la miró, boquiabierto.

—¿Por qué es eso relevante? —preguntó perplejo.

—¿ Por qué ? —Su voz sonó demasiado alta, pero no le importaba—.

¡La única razón por la que no salí contigo en aquel entonces fue porque los dos queríamos cosas diferentes!

—Furiosa, le golpeó el pecho con el puño—.

Solo evité que me besaras porque pensé que nunca estarías abierto a nada serio.

¡Dijiste «vaya por Dios» cuando te hablé de mis planes, por el amor de Dios!

¡Y ahora resulta que cambiaste de opinión, de la noche a la mañana, sin decírmelo!

—Los ojos le escocían y, esta vez, le golpeó el brazo—.

Y hablas de que no quieres más aventuras.

¡Y quieres tener citas con mujeres perfectas que no son yo!

¡Y luego me dices que me deseas, pero que mi amistad es más importante para ti y que sería estúpido empezar algo!

¡Estúpido empezar algo con… migo , pero no con cualquier otra mujer que quieras que yo te encuentre!

—Ambos puños aterrizaron en su hombro—. ¡Y luego me besas de todos modos y te acuestas conmigo y me haces sentir como si fuera la criatura más hermosa de la tierra, y luego simplemente te largas de la maldita cama sin decir una palabra!

¡Igual que con cualquier otro acostón que hayas tenido!

Volvió a levantar el puño, pero esta vez no logró alcanzar su objetivo porque Matt le atrapó las manos en el aire como si fueran un disco de hockey. Luego las presionó contra su pecho. Justo sobre su corazón, que sentía latir de forma sorda y frenética.

Se quedó mirándola fijamente. Le clavó la mirada. Su expresión estaba cerrada, a pesar de que ella vio cómo un músculo palpitaba en su mandíbula.

—Maddie —susurró él—, tú no fuiste como cualquier otro rollo de una noche. —Tragó saliva y sus hombros subieron y bajaron una y otra vez—. ¿De verdad habrías salido conmigo, en aquel entonces, si no hubiera dicho que solo buscaba algo casual?

—Por supuesto que lo habría hecho —dijo ella, lanzándole una mirada furibunda—. ¿Cómo puedes no saberlo?

—¡Nunca dijiste nada parecido! ¿Por qué no me besaste si es lo que querías en aquel momento? ¿Por qué no me dijiste que no te interesaba un rollo de una noche, pero que sí te apetecía una cita?

Ella se rio, sacudiendo la cabeza.

—Porque no soy una de esas mujeres que piensan que un hombre cambiará si conoce a la persona adecuada —susurró, negando de nuevo—.

No soy de las que piensan: «¡Oh, no sabe lo que quiere!

Dice que no quiere una relación, pero no lo dice en serio.

Solo necesita aprender lo que es el amor para poder comprometerse en una relación a largo plazo, y solo va a aprenderlo conmigo».

—Cerró los ojos—. Matt, veo muchas películas románticas, pero eso no significa que no sepa cómo es la realidad.

Creo que todo el mundo tiene derecho a ser sincero sobre lo que quiere.

¡Incluso me parece bien! Si no eres sincero, acabas herido.

Y no importa lo que diga la otra persona...

hay que aceptarlo. Sin intentar cambiarla.

¡Así que asumo que la gente es honesta cuando se trata de cosas como esta!

Porque soy lo bastante ingenua como para creer que quieren evitar crear falsas expectativas.

Por eso, yo también soy honesta. ¡Fui honesta desde el principio!

—Hundió los dedos en la tela de su camisa—.

Así que no me digas que soy yo la que tiene secretos y no te dice la verdad, cuando fuiste tú quien cambió de opinión.

Tú siempre supiste lo que yo quería. Tú, en cambio, nunca…

—Maddie, te quiero a ti —la interrumpió él suavemente.

Ella se detuvo de golpe y su corazón dio un vuelco.

—¿Qué?

—Te quiero a ti —repitió ahora con voz ronca—.

Tengo derecho a decir lo que quiero, ¿no?

Y, joder. —Se rio con sequedad—. Ahora mismo, te quiero contra esa pared.

—Señaló con la cabeza por encima del hombro de ella—.

Luego en la cama otra vez. Luego quiero bailar contigo ahí abajo y ver cómo te debates entre si tomar o no un segundo postre.

Luego quiero saber cómo le va a Match Me!

… y después quiero llevarte a mi casa, ponerte sobre la maldita isla de la cocina y hacer que te corras en mi boca.

Y, joder, no tienes ni idea de cuántas veces me he quedado mirando esas putas esposas preguntándome si has estado fantaseando con estar atada a la cama...

o si quieres atarme a mí . —Tragó saliva y apretó la mano alrededor de su muñeca mientras deslizaba la mano libre por su espalda; sus dedos se demoraron, ligeros como una pluma, en el límite entre la tela y la piel—.

Porque no tendría absolutamente ningún problema con eso.

El calor inundó su abdomen y su pecho, un calor agitado que la obligó a humedecerse los labios, haciendo que el deseo que llevaba días hirviendo bajo su piel estallara. Dios, quería que él hiciera todas esas cosas.

Sin embargo, no podía.

—Matt, no podemos solo... tener sexo de la forma que queremos y esperar que todo salga bien —susurró.

—Lo sé —respondió él con seriedad—. Pero no me has entendido.

Te quiero a ti . No el sexo. Bueno, eso también.

—Las comisuras de su boca se elevaron—. Pero no solo eso.

Dije la verdad. Nuestra amistad es importante para mí.

Pero... aún no he terminado contigo. Quizá nunca lo haga, pero no hay forma de saberlo a menos que lo intente.

Así que, ¿puedo? —Le soltó las manos y pasó el pulgar por su labio inferior.

Por dondequiera que la tocaba, dejaba tras de sí un rastro de vello erizado—.

No puedo pensar en nada más que en nuestra noche juntos.

No puedo dormir. No puedo concentrarme cuando estás cerca de mí.

—Entonces no deberías conducir conmigo en el asiento del copiloto —susurró ella, mientras el calor se extendía sin control por su cuerpo.

Él soltó una risita suave.

—No, tal vez no. Lo que intento decir es que tienes razón. Fuiste honesta. Desde el principio. —Le rodeó la nuca con su mano grande y pasó el pulgar por el punto sensible bajo su oreja—. Y no quiero que rompas tus reglas por mi culpa.

—¿Qué reglas? —preguntó ella, a la que le costaba recordar nada que no fuera su tacto.

—Quieres algo serio o nada de nada. —La boca de Maddie se secó, pero asintió—. ¿Estarías dispuesta también a… —Su mirada se deslizó vacilante sobre su rostro, deteniéndose en sus labios—. ¿Estarías dispuesta a tener algo serio conmigo también?

El pecho se le apretó. «Sí», dijo su estómago. «Pánico», gritó su mente.

—Yo… tú… —Se aclaró la garganta y se mordió el labio inferior. Quería apretarse contra él y saborearlo, sentirlo, no pensar más. ¡Pero esto era importante!—. Matt, ¿pensaste bien en esto? —preguntó.

Él levantó una comisura de sus labios y asintió.

—Durante la última media hora. Tú no quieres nada casual y yo te quiero a ti. Y la idea de que estés con otro… —Apretó los dientes y sacudió la cabeza—. Entonces, ¿lo intentamos?

Las manos le temblaron mientras se quedaba mirándolo. Estudió su expresión vacilante. Él no estaba absolutamente seguro. No sabía si ella era la mujer de sus sueños. Y ella no sabía si él le destrozaría el corazón en mil pedazos.

—Yo también tengo miedo, ¿de acuerdo? —murmuró en respuesta como si le hubiera leído el pensamiento.

La miró directo a los ojos e hizo una pausa—.

Eres muy importante para mí, Maddie. Te necesito mucho en mi vida.

Tus consejos, tus comentarios ingeniosos, toda tu actitud.

A ti . ¿Cómo será cuando seamos algo más que amigos?

Así que, sí, tengo miedo de que lo estropeemos y acabe perdiéndote por completo.

Pero… —Tragó saliva—, creo que podría valer la pena.

Sé que tú vales la pena. No creo que pudiera arrepentirme nunca de haber tenido sexo contigo… de pasar tiempo contigo.

¿Cómo no iba a tirar todas sus dudas por la ventana al oír esas palabras? ¿Cómo no iba a dejar a un lado sus preocupaciones? ¿Cómo podía olvidar su miedo a cometer el mismo error que cometió con Clemens?

Era lo más excitante que nadie le había dicho jamás. Era Matt, ella lo quería a él y él la quería a ella.

Así que lo agarró por el cuello de la camisa, lo atrajo hacia ella y respondió a su pregunta con los labios. Lo besó despacio, con intención. Se tomó todo el tiempo del mundo para demostrarle que nadie podía arrepentirse de algo tan bueno.

Eso esperaba.

Cuando Matt le devolvió el beso, Maddie dejó de pensar y de dudar. Cuando Matt la besaba, no había lugar en su mente para nada que no fuera él.