Capítulo 20
Capítulo Veinte
N o podía seguir enfadado con Maddie por más tiempo.
Era imposible. Al fin y al cabo, ella solo se había asustado y soltado lo primero que le vino a la boca.
Y ella odiaba discutir. Y él odiaba verla infeliz, lo que no significaba que no tuvieran que hablar sobre cómo gestionar todo el asunto del sexo.
Lo que dijo era cierto: a veces hacía falta una confrontación para mejorar las cosas.
Aun así, era probable que la confrontación no le ayudara a desearla menos.
Si todavía se preguntaba cuánto podía reclinar el asiento de su coche, y si ella estaría abierta a un poco de diversión antes de que tuvieran que comportarse frente a sus padres, entonces no tenía remedio.
Sabía que el sentimiento no iba a desaparecer. Se había estado mintiendo a sí mismo durante demasiadas veces en las últimas semanas como para creérselo de verdad.
No obstante, eso no significaba que supiera qué hacer al respecto.
No quería que nada cambiara, pero ya era demasiado tarde porque algo cambió .
No podían deshacerlo. Maddie ya no era la mujer con la que hablaba de sus aventuras amorosas.
Ella era su aventura amorosa, aunque esa palabra no le hiciera justicia. Así que…
—¿Qué quieres hacer?
Hizo una mueca y se giró. ¿Nell había estado hablándole todo este tiempo?
—¿Qué? —preguntó, confundido.
—¿Qué quieres hacer con el regalo de cumpleaños de Simón?
Ah, claro. Estaba hablando del regalo de su cuñado. El marido de Cassidy.
—¿Darte el dinero y pedirte que escribas mi nombre en la tarjeta, como hacemos siempre?
Nell suspiró y asintió.
—Bien. Supongo que, como falsifico tu firma todo el tiempo, una más no hará daño.
—Me consta que solías subastar discos de hockey «firmados» en eBay.
—Bueno, financiar una boda sale caro.
—¡Yo quería pagarla entera! —jadeó él con incredulidad.
Ella sonrió.
—Y lo hiciste. En cierto modo. Simplemente me sentía mejor ganando el dinero yo misma.
Él resopló.
—La falsificación es un delito.
—Un disco de hockey no es un documento. Y, oye, la firma parece de verdad. No puedes pedir más que eso, ¿verdad?
Sacudiendo la cabeza, aunque con una sonrisa, la miró mientras Johnny Cash cantaba sobre un anillo de fuego de fondo.
—No has cambiado ni un pelo. Sigues siendo la pesada hermana mayor que lo sabe todo.
—Oh, siempre será así —le aseguró ella—.
Pregúntale a Harriet. Lo sé todo, así que, ¿por qué debería guardarme mi opinión?
—Señaló con la cabeza hacia la pista de baile, donde su mujer estaba bailando con su padre.
La parte formal de la celebración había terminado.
El sol se había puesto y varias hileras de luces iluminaban los cenadores, donde la mayor parte de la multitud bailaba para entrar en calor frente al frío de la tarde que se aproximaba.
Maddie no. Ella combatía el frío con una copa de vino tinto que le puso las mejillas sonrosadas mientras hablaba con un hombre con gafas que la miraba con tal fascinación que ella bien podría ser la Stanley Cup.
Matt lo entendía. Maddie era fascinante, pero ¿el tipo tenía que ser tan obvio con su interés? Resultaba irritante.
—Y dime, Matty. ¿Cómo estás?
Él parpadeó y apartó la mirada de Maddie.
—¿Mmm?
—¿Cómo estás?
—Ah, bien —respondió a la ligera.
—Ya, voy a necesitar más información que ese categórico bien . No soy tu psicóloga deportiva, soy tu hermana favorita. Puedes hablar conmigo de lo que quieras.
Suspirando, hizo girar la botella de cerveza entre sus manos. Era sin alcohol; estaba en temporada de entrenamiento.
—No tengo una hermana favorita. Y, no sé, no ha cambiado mucho desde la última vez que nos vimos —mintió.
—¿O sea que aún no te has cansado de golpear un disco de hockey? ¿Ni de tu romance de colegas con Dax, ni de tu relación amistosa con Maddie, ni de tu vida tranquila?
Él bajó la mirada y luego esta volvió automáticamente hacia Maddie. ¿Tenía la mano puesta en el brazo de ese papanatas?
—¡Matt! —Nell chasqueó los dedos frente a su cara.
—¿Qué?
—Ay, por Dios bendito. Te pregunté si…
—Ah, sí. —Él asintió—. No, no me he cansado.
Dax y yo estamos bien. Y sí, Maddie es mi…
mi amiga… —Un momento, ¡¿ese idiota le estaba apartando el cabello de la mejilla?
! ¡Maddie tenía sus propias manos para hacerlo!
—. Maldita sea, ¿quién es ese tipo, Nell?
—increpó con brusquedad entre dientes y señaló hacia el bufé vacío donde Maddie y el payaso estaban de pie.
Nell curvó una comisura de los labios con complicidad.
—¿Quién? ¿El hombre que está junto a tu amiga Maddie? —preguntó con inocencia.
Demasiada inocencia. Matt miró a su hermana con ojos sombríos.
—¿ Quién es y qué estuviste tramando?
—Ah, es Barry McStein —respondió despreocupada—. Es dueño de una viña cerca de San Diego. Los presenté.
Pues claro.
—¿Y por qué hiciste algo como eso? —espetó él con brusquedad.
Nell se encogió de hombros.
—¿Por qué no? Me pareció que hacían buena pareja. Y parece que se están llevando bien, ¿no lo crees?
Matt entrecerró los ojos mientras la risa de Maddie le llegaba desde allí. Joder. En verdad parecía que se estaban llevando bien.
—Él no le conviene —dijo en voz baja.
—¿Ah, sí? ¿Así que lo conoces?
—No, pero…
—¿Pero qué? ¿Por qué no le conviene?
—Basta ya, Nell —dijo molesto—. No me provoques.
—¿Cómo iba yo a provocarte? —Inspiró aire fingiendo estar escandalizada—. Quiero decir, Matty, ¡solo son amigos! ¡No me digas que estás celoso! —Se llevó una mano al pecho fingiendo dramatismo.
Mierda. Ella lo sabía. ¡ No podía saberlo, pero lo sabía!
—Nell —dijo en tono de advertencia.
—¿Qué? ¿Hice algo malo? Ella siempre te está ayudando a conocer mujeres. ¿Por qué no se le va a permitir conocer a alguien?
—Puede conocer a quien quiera —gruñó—. Pero eso no significa que tengas que empujarle a algún vinicultor encima.
—Pero si es dulce y amable. ¿Te importa?
Lanzando un gemido, echó la cabeza hacia atrás y se frotó los ojos.
—¿Por qué me estás torturando, Nell? Ya sabes lo que está pasando.
—¿Qué es lo que sé? ¿Qué se están acostando?
—No lo hacemos —insistió él.
—¡Entonces no son amigos con derecho, Matty! Vamos. ¿Sabes que Maddie se estremece cada vez que alguien te empuja contra las vallas? ¿Y que lo hizo en aquel partido de hockey al que fuimos hace meses?
Frunció el entrecejo. ¿Ella… se estremecía?
—No pasaba nada entre nosotros, Nell. Por aquel entonces.
—¡Oh, por favor!
—Sí, de verdad.
Su hermana resopló.
—Matty. ¿Por qué crees que te pedí que vinieras con Maddie? ¿Y por qué crees que le dije que estaba intentando buscarle pareja? Pensé que podría echarte una mano. Pero, obviamente, ya se las apañaron solitos.
Él inspiró aire con fuerza.
—No es lo que piensas.
—¿O sea que no se acostaron?
—Bien, es lo que piensas. Pero solo fue una vez.
—¡Lo sabía ! —Le dio un golpe en el hombro, sonriendo—. Harriet me debe diez dólares. Solo amigos, mis narices.
—Pero es que solo éramos amigos, Nell —insistió en voz baja—. De verdad. ¡No hubo nada entre nosotros durante el último año!
—¿En serio? —Arqueó las cejas, asombrada—. Pero si todo el tiempo están tan compenetrados.
Él gimió para sus adentros.
—¡Como amigos, sí!
—Okey. ¿Qué cambió?
—No lo sé. —Se miró las manos con vacilación.
—Ya veo. ¿Y quieres… más? ¿Una relación?
—Tampoco lo sé —dijo con voz ronca.
—Bueno, más te vale averiguarlo.
—No sé cómo . El riesgo es demasiado grande, Nell.
—¿Qué riesgo?
—El de perderla. Mi amistad con ella es segura. Pero si decidimos empezar algo juntos…
—No lo entiendo. ¿No decidieron ya comenzar algo? ¿Al meterse en la misma cama juntos?
—Fue cosa de una vez. Ambos estuvimos de acuerdo en eso.
—¿Antes o después?
Él parpadeó, confundido.
—¿Cómo?
—¿Decidieron que sería cosa de una vez antes del acto, o después?
—Antes, pero…
—Entonces eso no significa nada de nada. —Su hermana sacudió la cabeza—. Tienes que volver a preguntárselo.
Él abrió la boca, desconcertado.
—¿Qué?
—Matty, el sexo lo cambia todo. Al menos, cuando ya se conocen. Cuando son amigos. Y, sinceramente, ¡Maddie no se acuesta con cualquiera! Ella misma me dijo que no quería volver a tener sexo hasta que estuviera lista para algo serio con el chico correcto.
Soltó un jadeo y se frotó la cara con nerviosismo. Por supuesto, él lo sabía. Del mismo modo que sabía que Nell tenía razón; que él y Maddie, por descontado, ya habían empezado algo.
Pero, si tuviera que elegir entre una aventura apasionada con ella o una amistad de por vida, siempre elegiría la amistad.
¿Y si pudiera tener ambas cosas? ¿Y si simplemente le dijera que quiero intentarlo con ella? ¿Algo a largo plazo?
Pero si decía que no, la perdería por completo. No sería capaz de seguir siendo su amigo, teniendo en cuenta lo que sentía por ella.
¡El riesgo era demasiado grande!
Pero, ¿y si dice que sí?
—Ey, Matty —interrumpió Nell sus pensamientos.
—¿Qué? —espetó.
—No quiero meterme en tu vida…
Él bufó.
—¿Desde cuándo?
—Bueno, cierto. Así que déjame que me meta en tu vida: puede que le haya dicho a Barry que Maddie se muere por una noche ardiente sin compromisos para que él se interesara un poco más por ella y tú por fin te dieras cuenta de que quieres algo más que una simple amistad.
Y… de alguna manera, tengo la sensación de que Maddie no se opone demasiado.
Madre mía, si hasta está compartiendo su vino.
Eso no se hace con cualquiera. ¿Está intentando demostrarte algo, o qué?
No deja de mirar hacia acá antes de tocarle el brazo o lo que sea. Así que, si no quieres que ella…
Mierda. Quería demostrarle algo.
Matt se puso de pie. Era obvio. Quería demostrarle lo relajado que estaba todo entre ellos. Porque eso era lo que quería: que las cosas volvieran a ser relajadas . Quería demostrar que su noche no había significado nada, que solo eran amigos.
Bueno, pues Matt no estaba nada relajado .
—Discúlpame —dijo con voz sombría.