Capítulo 17 #3
—Te juro por el dios en el que Jack no cree —le gruñó al oído—, que, si dices una palabra más sobre esto, le diré a la ESPN que Match Me! no es más que una tapadera de lavado de dinero para una red de prostitución.
Ella lo miró con los ojos muy abiertos, como si no comprendiera la situación. ¡Joder, pues ya eran dos!
—¡Maddie! —dijo de repente, soltándola—. No vamos a discutir nuestra noche juntos con estos idiotas.
—¿Por qué no? —preguntó sorprendida—. No tiene nada de malo. Somos dos personas adultas que decidieron ceder a sus… necesidades y…
—Creo que voy a vomitar —interrumpió Dax.
—Tú quédate con el baño grande, yo iré al de invitados —masculló Jack.
—¡Me encanta esta velada! —declaró Lucy con los ojos brillantes.
—¡Lucy! —siseó Matt con voz sombría.
—¿Qué? Yo...
—La cena está lista —interrumpió Dax sin expresión—. ¿A alguien le apetece pasta boloñesa con guarnición de historias sexuales aventureras?
—A mí sí —exclamó Lucy cantarina—. ¿Y luego una partida de Uno?
Matt entrecerró los ojos y se frotó la cara. Al menos ya nadie hablaba de su discusión con Dax.
Pero, joder, eso era lo único positivo que podía decir de la velada. Eso, y que terminó después de una hora y media. Por desgracia, tuvo que llevarse a Maddie con él, aunque no le apetecía estar a solas con ella estando tan enfadado. ¿Cómo había podido… cómo pudo… por qué querría ella…?
—Pareces enfadado —dijo una voz suave a su derecha.
Se detuvo en seco ante un semáforo y se giró hacia ella.
—¡Es que estoy enfadado, Maddie! —espetó atónito.
Ella levantó las cejas con sorpresa.
—¿Por qué?
—¡Porque les anunciaste a todos nuestros amigos que follamos! —exclamó indignado.
—Ah, entiendo. Eso. —Hizo un gesto de desdén con la mano—. No pasa nada. Quería que todo siguiera siendo normal, así que por eso se los dije.
—Tú… ¿En qué mundo es normal decirles que nos acostamos?
—Si hubieras sido cualquier otro tipo con el que hubiera tenido un rollo de una noche, Matt, se los habría contado —insistió, removiéndose inquieta en su asiento—.
Habría soltado unas risitas y le habría contado a Lucy lo del sexy jugador de hockey que acabó con mi racha de sequía.
Dax se habría sentado allí fingiendo que no escuchaba, aunque estuviera prestando toda su atención.
Así que no quería que fuera algo trascendental que se interpusiera entre nosotros para siempre. Por eso me fui de la lengua.
—¡Pero no te fuiste tú sola, Maddie! —le espetó—. Fue nuestra noche. No la tuya . ¡Así que era nuestra información , maldita sea, no exclusivamente tuya ! No puedes decidir por los dos. —Apretó los labios y negó con la cabeza—. ¡Eso no está bien!
—¡Pero, Matt! —Su voz subía de volumen por momentos—. Cuando pasa algo que no es demasiado significativo, pero sí interesante, se lo cuentas a tus amigos, ¿no?
Se le quedó la boca seca. Cuando algo «no es demasiado significativo…» . ¡¿Pero qué cojones?!
—Pensé que sería mejor si fuéramos abiertos sobre el tema —continuó ella sin inmutarse.
—¡Abiertos el uno con el otro , sí!
—¡Matt, no pensé que fuera a suponer tal problema para ti!
—¡Pues lo es!
—Bien. Ahora que lo sé…
—No puedes retirarlo. —¡Igual que esa mierda de «algo no demasiado significativo» de hace un momento!
Maddie suspiró.
—Lo siento, ¿de acuerdo? Solo quería ser… sincera.
Apretó los labios y clavó la vista en la carretera.
—Genial. ¡No se te ocurrió hablarlo conmigo antes?
—No, porque, normalmente, no lo habría hecho con el tipo con el que estoy…
—¡Ya lo capto! —soltó con brusquedad—. Lo que pasó no es para tanto. No merece la pena mencionarlo. No es un secretito sucio. Así que tal vez lo habrás publicado en Instagram con el hashtag #MeTiréAMattPayne .
Ella se quedó en silencio unos segundos. Luego susurró:
—No. Eso sería de mal gusto. Es #MattPayneDiosDelSexo .
Él resopló y maldijo a su cuerpo traidor por la sonrisa que pugnó por salir. ¡Joder, quería seguir enojado!
¿Cómo podía haber hablado de ello con tanta naturalidad? ¿ Cómo ?
Dios, y el sábado se iban a casa de sus padres, ya que también habían invitado a Maddie, y… Maldición.
—No pasa nada, Matt —murmuró ella, dándole una suave palmadita en el hombro—. De verdad. Lo siento. Debería haberlo hablado contigo. Solo pensé que acordamos que no habría dramas. Y el drama solo ocurre cuando hay secretos.
—Ya —respondió.
No entendía por qué lo había arruinado. Podría haber sido la noche perfecta. Una noche significativa que no cambiaba nada.
Arrancó cuando el semáforo se puso en verde… y una vocecita en su cabeza le susurraba: ¿lo habría sido, Matt? ¿Habría podido ser una noche que no cambiara nada?
Tragó saliva y clavó las uñas en el volante de cuero.
¿Por qué cojones no se había reconciliado con Dax? ¡Era evidente que necesitaba ayuda!
Además, ¿cómo iba a sobrevivir a un fin de semana en casa de sus padres sin que Maddie les contara que su único hijo le hizo cosas sucias?
Jesús, María y José. Seguro que hasta daba un discurso.
¡Y encima de eso, antes les esperaba un viaje de siete horas en coche a solas, que iba a ser de lo más incómodo!
—Genial. Simplemente genial —masculló.
Maddie no respondió. Sin embargo, tuvo la sensación de que sabía a qué se refería.