Capítulo 17 #2
Unas cuantas sinapsis estallaron en el cerebro de Matt y, de repente, se le cayeron los platos.
Se hicieron añicos contra el suelo con un estrepitoso estruendo, enviando fragmentos por toda la cocina y el salón.
A Dax se le resbaló la cuchara dentro de la olla, salpicando salsa roja por todas parte; Jack se atragantó con el agua que acababa de beber y la escupió al suelo.
Y Lucy se limitó a mirar a Maddie con la boca abierta.
La sangre le zumbó con fuerza en los oídos y todo su cuerpo se tensó. Joder. En serio, no hizo… No podía haber…
—¡¿Que hicieron qué!? —chilló Lucy finalmente, mirando frenética entre Matt y su hermana—. Ustedes… pero, ¿ qué ?
—¿Pero qué carajos? —exclamó Dax, y Matt tuvo que darle la razón. Se había esperado que esta velada fuera horrible, pero no así .
—Maddie —espetó entre dientes.
Ella levantó la vista, confundida. Tenía las mejillas un poco sonrojadas, pero su expresión no era de culpabilidad en absoluto.
—Preguntó si había algo nuevo. Esto es algo nuevo.
A él se le cerró la garganta. Vio que los ojos de Lucy se abrían tanto que amenazaban con caerse dentro de la salsa de tomate junto a la cuchara de Dax.
—¿Qué? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Por qué? —gritó.
Matt se preguntó si ya era hora de desmayarse. ¿Podría hacerlo a voluntad? Si no, debería aprender lo antes posible.
—Viejo, me alegro de haber venido —murmuró Jack con sorna—. No es nada incómodo, qué va.
Maddie puso los ojos en blanco cuando Dax espetó:
—Lo sé, Jack, no te gusta el drama. Aguántate. Y repito: ¿ pero qué carajos ? —Entonces sus ojos se posaron con reproche en el rostro de Matt.
¡Como si fuera culpa suya! Como si hubiera usado magia negra para convencer a Maddie de saltar a la cama con él. Como si Dax tuviera derecho a culparle por la noche más increíble de su vida.
Pero no lo hizo. Lo ignoró y, en su lugar, se quedó mirando a Maddie, estupefacto.
— ¿Por qué? —exclamó con incredulidad—. ¿Por qué demonios ibas a decir eso en voz alta?
Ella parpadeó, perpleja, y luego se encogió de hombros.
—¡No lo sé! ¡Porque tal vez a ella le interesaría!
—Oh, desde luego que sí —dijo Lucy, fingiendo seriedad—. Muchísimo. Cuéntame más.
—Deja de hablar—exclamó Dax en voz alta.
—Ah, joder —masculló Matt, tapándose los ojos con una mano.
—¿Por qué estoy yo aquí exactamente? —preguntó Jack alzando la voz—. No quiero estar aquí.
—¡No es para tanto! ¡Por eso se los estoy contando! —afirmó Maddie con énfasis—. Fue cosa de una sola vez. No cambia nada. Solo que no quería que fuera un secreto, para ponérnoslo más fácil. Para que nadie acabe haciendo una montaña de un grano de arena.
Matt apretó los labios y gruñó entre dientes. Tenía el firme presentimiento de que ese «nadie» era ella, de que lo estaba revelando para poder fingir que su noche juntos solo era una anécdota divertida, y no el mejor sexo que hubieran tenido en sus vidas.
¿Cómo diablos había podido meterlo en semejante lío? ¡Tenía que haber sabido lo que él iba a tener que aguantar después! ¿Por qué no lo habló con él antes de decidir si lo revelaban o no? Entonces, él habría dejado clara su postura: ¡Ni de broma!
—Solo por curiosidad —dijo Lucy en tono de charla informal—, ¿Matt es más bien tipo mosquito o tipo elefante?
—¡Lucy! —respondió Dax con brusquedad.
—Solo tengo curiosidad.
—No digas ni una palabra más, Maddie —gruñó Matt.
— Bro . —Jack lo miró negando con la cabeza—. ¡Me refería a que hablaras con ella! ¡No que te acostaras con ella!
Dax y Maddie se giraron hacia él de inmediato.
—¿Hablaron de esto? —gritaron los dos al mismo tiempo, igual de impactados.
—No, no lo hicimos —espetó Matt con dureza—. Al menos, no directamente. —Enfadado, se volvió hacia Maddie—: ¿Y de verdad me acusas a mí de dar demasiada información?
La castaña suspiró.
—No entiendo por qué se están volviendo locos. Como dije, no es para tanto.
—¿Te refieres al «mosquito» de Matt o a su noche juntos? —quiso saber Lucy con interés.
La mandíbula de Matt crujió.
—Cállate ya, Lucy.
—Oye, no le hables así —replicó Dax enfadado, y luego añadió con suavidad hacia su novia—: tú deberías dejar de hablar.
Ella le dedicó el dedo medio y volvió a mirar a su hermana.
—Me alegro mucho de que hayas sido tan sincera, Maddie. De verdad. ¡Mucho!
Dubitativa, esta se encogió de hombros.
—Bueno, no me pueden echar en cara que no me abra a los demás.
—Tienes toda la razón —dijo su hermana con una sonrisa—. Con Clemens, no me dijiste hasta nueve meses después que te estabas acostando con él.
Clemens. Ese nombre otra vez. ¿Quién era ese tipo? ¿Y cómo pasó Lucy tan rápido de estar hablando de Maddie acostándose con él a estar hablando del exnovio? Eso no le gustó para nada.
¡No le gustaba nada toda esta situación!
—La verdad es que no pensé que les fuera a sorprender tanto —dijo Maddie—. Quiero decir, ustedes dos se estuvieron acostando con medio Los Ángeles todo este tiempo. —Señaló con un gesto a Lucy y Dax—. ¿Por qué es algo tan descabellado cuando se trata de nosotros?
—Maddie… —murmuró Matt suplicante, pero Lucy lo acalló.
—¡No lo es! Solo nos tomó… desprevenidos —respondió a la ligera—. Así que tuvieron sexo. ¿Qué tal fue? —Miró a Matt con inocencia.
Él resopló con fuerza. No había ni la más remota posibilidad de que dijera nada al respecto. Y Maddie nunca…
—Oh, Matt es increíblemente bueno —afirmó con naturalidad—. Pero ya me lo esperaba. Tiene puro instinto. En todo lo que hace.
—Dios, que alguien me mate ahora mismo —masculló Jack; luego hizo una mueca y añadió—: Ojalá creyera en Dios.
—¿Cuántas veces lo hicieron? —preguntó la pelirroja de inmediato.
—Bueno…
Matt no dejó que Maddie terminara. Cruzó la cocina en dos zancadas, le pasó el brazo por el cuello y le tapó la boca con la mano.