Capítulo 16
Capítulo Dieciséis
P arecía que había besado a Matt cien veces. Como si cada uno de sus sueños pasados se hubiera hecho realidad. Como si estuvieran abalanzándose el uno sobre el otro en todo momento.
Los labios de Matt eran ásperos y su tacto le resultaba familiar. Una mano le sujetaba el cuello y la otra estaba en su cintura mientras él seguía empujando contra ella, dejando caer su peso, atrapándola entre su cuerpo y la isla de la cocina.
Él ya estaba duro. Sintió su erección contra su vientre.
Y la idea de que fuera la responsable, solo con sus palabras y un beso, alimentó el deseo que se movía con una energía desbordante por su cuerpo.
Matt deslizó los dedos por sus costados, explorando los contornos de su cuerpo antes de acariciarle el pecho sobre la delicada tela del vestido y frotar los pulgares sobre sus pezones erectos.
Ella jadeó e instintivamente le mordió el labio, necesitando una vía de escape para todas las sensaciones que recorrían su cuerpo; y también se puso a explorar.
Metiendo la mano bajo la camisa de él, recorrió su piel cálida y suave antes de subir por sus abdominales, tocándolo dondequiera que alcanzaba.
Sintió cómo sus músculos respondían bajo cada caricia.
Quería sentir más, pero había demasiada tela de por medio.
Así que le desabrochó los botones de la camisa y le quitó la prenda de sus fuertes hombros.
Entonces, Matt la levantó y la sentó en la encimera de la cocina, le subió el vestido y se metió entre sus muslos desnudos.
Suspiró satisfecha mientras la presionaba con la lengua todavía entre sus labios.
Pequeños relámpagos cruzaron su boca y penetraron en lo más profundo en su abdomen.
Todo le producía un cosquilleo. Todo era demasiado y, sin embargo, no era suficiente.
Quería mirarlo, disfrutar por fin de la vista de sus músculos definidos, pero estaba demasiado ocupada tocando.
Empujó sus caderas hacia él y envolvió su torso con las piernas, atrayéndolo aún más. Quería más fricción. Necesitaba más. Sus pantalones, sin embargo, estorbaban. Quería tocarlo. En todas partes. Lo quería todo. Ahora mismo. Pero…
—¡Matt! —jadeó, apartándose de él—. Es poco higiénico. Tener sexo aquí mismo sería muy poco higiénico.
Él se rio con suavidad y sacudió la cabeza.
—Joder, si todavía puedes pensar en lo que es higiénico y lo que no, es que debo de estar haciendo algo mal. Supongo que tendré que esforzarme más.
Al momento siguiente, la tomó en brazos y la llevó hacia el dormitorio.
Ella chilló y se aferró a sus hombros mientras Matt besaba el punto de su cuello donde su pulso latía con fuerza.
No alcanzaba a comprender cómo podía seguir volviéndola loca sin estrellarlos contra el marco de la puerta, pero menos de veinte segundos después, la dejó sana y salva sobre su cama.
No obstante, aún no estaba lista para pasar al evento principal.
No había terminado de besarlo y de disfrutarlo a su manera.
Quería más. Quería saborearlo. Si solo tenían esta noche, quería hacerlo todo.
Pasarían meses o años antes de que encontrara al hombre de sus sueños y volviera a tener sexo, así que tenía que saborear esto.
Lo empujó hacia atrás y se levantó de la cama.
—No te muevas —susurró.
—¿Por qué…? —No terminó la frase. En su lugar, siguió con la mirada sus manos mientras ella las deslizaba por su pecho a través del vello fino.
Besó el lugar sobre su corazón y le desabrochó el cinturón.
El metal hizo clic mientras se ponía de puntillas para sembrar besos en su mandíbula con barba de varios días.
Cuando el cinturón estuvo completamente desatado, se dejó caer de rodillas, arrastrando sus calzoncillos y sus vaqueros antes de deslizar los dedos por sus musculosas piernas.
Besó su vientre…, lamió su longitud. Porque no podía esperar.
Matt se estremeció y su respiración se detuvo. Ella lo miró y sonrió.
—¡Te dije que no te muevas! —Él la miró con fijeza, con las pupilas dilatadas, antes de tragar saliva y asentir casi de manera imperceptible.
Lo tomó una vez más en su boca. Centímetro a centímetro. Con la mirada aún anclada en la de él, lo chupó y lo lamió, disfrutando de cada segundo.
Un gemido escapó de la boca masculina y eso solo aumentó su excitación.
Había olvidado lo bien que se sentía dar tanto placer a alguien, saber que era la responsable de los sonidos roncos que salían de la garganta de su acompañante.
Que era la razón por la que estaba tan increíblemente duro.
Palpitaba en su boca, en su paladar. Así que apretó más los labios a su alrededor. Lo saboreó y lo…
—Joder, Maddie —gruñó Matt—, tienes que ir más despacio. —Ella rodeó su punta con la lengua—. Maddie —gimió de nuevo.
La chica se apartó y le sonrió entre párpados entornados.
—Pensaba que no gemías nombres.
—Bueno, tampoco me acuesto con mis amigos —susurró él.
—Dax se sentirá muy decepcionado.
—Lo sé. Pero él no es mi tipo.
—¿Así que estás haciendo una excepción conmigo? —replicó, succionándolo de nuevo, haciendo que cerrara los ojos.
—Oh, mierda. Eso parece. Yo... yo... ¡Maddie, tienes que parar! —Le puso las manos a los lados de la cara y la obligó a mirarlo—. Nuestra única vez no va a terminar así .
No su primera vez: su única vez.
Sí, tenía toda la razón en eso.
Ella dejó que la pusiera en pie, lo besó con la boca abierta, empujando sus caderas contra su erección mientras Matt tiraba del dobladillo de su vestido, hasta quitárselo por la cabeza.
—Maldita sea, no mentías. No llevas sujetador.
—No cabía.
—Le estoy agradecido a tu vestido por eso —susurró él, levantando las manos, quizá para tocarla… pero cambió de opinión a mitad de camino. En su lugar, dio un paso atrás y se limitó a mirarla. Dejó que su mirada recorriera su cuerpo desnudo. Escaneando cada centímetro de ella.
Maddie debería haberse sentido tímida, quizá incómoda con Matt mirándola de esa forma tan descarada.
Pero no lo estaba, y no lo estaría. Era Matt. Ella siempre confiaría su vida en él. No se reiría de ella, nunca la haría sentir que no era perfecta tal y como era.
—Dios, eres preciosa —susurró y tragó saliva—. Será mejor que te metas en la cama ahora antes de que me ponga demasiado rudo.
A Maddie se le encendieron las mejillas.
—A lo mejor me gusta lo rudo —susurró.
Los ojos de Matt se oscurecieron, sus iris ahora casi tan negros como sus pupilas.
—Ah, ¿sí? —respondió con voz ronca, dándole la espalda y caminando hacia un estante. Agarró algo y lo sostuvo detrás de su espalda mientras se volvía de nuevo hacia ella—. ¿Por qué no estás en la cama?
Sacudió la cabeza con reproche ante su inmovilidad y le rodeó la cintura con un brazo, levantándola y lanzándola sobre el colchón antes de gatear sobre ella.
Su pecho rozó el suyo mientras la empujaba hacia arriba en la cama con un muslo duro entre sus piernas.
Le sujetó los brazos con las manos, le hundió los dedos en la piel y se los inmovilizó por encima de la cabeza…
donde sintió que algo mullido se cerraba alrededor de su muñeca. Primero en una, y luego en la otra.
Su respiración se aceleró y miró hacia las esposas que él había sujetado al marco de su cama.
—¿Qué estás haciendo? —jadeó, con la excitación recorriéndola.
—¿Qué te parece que hago?
—Pero…
—No quiero que te escapes, Maddie —susurró con voz oscura, besándola en el cuello. En la clavícula. En la parte superior del pecho—. Ahora me toca jugar a mí. —Al momento siguiente, cerró los labios alrededor de uno de sus pezones y lo chupó.
Maddie levantó el torso del colchón mientras se arqueaba hacia él, con destellos de placer disparándose por su centro.
—Aparte de eso… —Levantó la vista, le pasó la mano por el vientre y la deslizó dentro de sus bragas—.
En realidad, nunca las había utilizado y quiero saber qué clase de sonidos haces cuando hago esto —su pulgar encontró su punto más sensible con precisión y lo acarició con fuerza—, y no puedes defenderte.
Ella gimoteó y levantó las caderas del colchón. Él, sin embargo, iba demasiado despacio. Quería agarrarle la muñeca y hacer que fuera más rápido, pero las esposas se lo impedían.
Gimió de pura frustración.
Matt sonrió con picardía.
—Sí, es más o menos lo que imaginaba. ¿Y qué pasa aquí? —Hundió dos largos dedos en su interior. De delante hacia atrás, frotando el punto exacto una y otra vez.
La chica jadeó y entrecerró los ojos. Volvió a alzar la pelvis en su dirección, pero él retiró la mano.
Maddie tironeó de las esposas; no podía hacer nada.
—¡Matt! Por favor…
—Aún no terminó —le respondió en voz baja—. Quiero saber cómo reaccionas a esto… —Al momento siguiente, presionó sus labios contra su centro ardiente y… también lamió, chupo y succionó.
Maddie se agitó. No podía soltarse, así que aferró con las manos los barrotes de hierro de la cama mientras Matt la torturaba con su lengua, trazando círculos contra ella. De pronto, usó un dedo y hundió la lengua en su abertura al mismo tiempo.
Fue demasiado. Sintió el orgasmo atravesarla como un latigazo y su abdomen se contrajo; justo cuando la primera ola amenazaba con abrumarla, Matt apartó la mano y los labios de golpe.
Abrió mucho los ojos y lo miró con incredulidad.
—¡Matt! Necesito… Quiero…
Vio cómo tragaba saliva antes de inclinarse sobre ella y abrir de un tirón el cajón de su mesilla de noche para sacar un condón.
—Lo sé. Yo también. Pero quiero estar dentro de ti cuando te corras.
Necesito estar dentro de ti cuando lo hagas.
—La besó profundo mientras manipulaba sus muñecas y la presión de las esposas cedió de repente—.
Vas a necesitar ambas manos—murmuró, y atrapó una vez más su labio inferior entre los dientes mientras su erección endurecida presionaba contra su vientre.
Al deslizarse hacia abajo, su dureza resbaló por su humedad.
Maddie se puso nerviosa.
—Matt —dijo, tomando su rostro entre sus manos para que la mirara—. Ha pasado mucho tiempo para mí y… y…
—Lo sé. —La besó con ternura. Rozó con sus labios su mandíbula y tras su oreja—. Tendré cuidado, Maddie. ¿Confías en mí?
Ni siquiera tuvo que pensárselo, se limitó a asentir. A veces era ventajoso acostarse con tu mejor amigo.
—Bien —susurró él y se puso el condón antes de posicionarse entre sus muslos. Sintió la cabeza de su erección. Estaba nerviosa, pero al mismo tiempo quería que fuera más rápido.
Él volvió a besarla, recorriendo sus costados con las manos y…
se hundió en ella. Centímetro a centímetro, la llenó, tomándose su tiempo.
Retrocedía a penas un poco, antes de volver a deslizarse en su interior.
Más profundo. Más fuerte. Hasta que, por fin, quedó enterrado dentro de ella hasta la empuñadura.
Fue fantástico. Se sintió… completa, incluso antes de que empezara a moverse.
Maddie gimió y rodeó sus anchos hombros con los brazos, elevando la pelvis hacia él al mismo ritmo que sus embestidas.
Sentía su miembro duro deslizándose sobre el punto exacto y supo que no aguantaría mucho más; las sensaciones ya estaban tomando el control.
Lo besó, lloriqueando contra sus labios mientras él pasaba su mano entre sus cuerpos. La acarició una vez. Dos veces.
Eso fue todo lo que necesitó. El orgasmo la arrolló con la fuerza de un huracán, quemando su interior mientras Matt se hundía en ella una y otra vez.
—Joder, me encanta —le susurró al oído, siguiéndola. Mientras ella aún se contraía a su alrededor, sintió que todo el cuerpo de él se tensaba al embestir una última vez, con los labios presionados contra su cuello.
Durante unos instantes eternos, no se movieron, simplemente se quedaron uno en brazos del otro, tan cerca como se puede estar cuando la piel lo permite de aquella manera.
Entonces, Matt soltó un suspiro tembloroso, se retiró y se quitó el condón.
—Eso fue… —dijo ella sin aliento.
—¿Una buena única vez?
—¡Buena se queda corto!
Él sonrió.
—Ah, ¿sí? Sigue hablando.
Soltó una carcajada y le dio un manotazo en el hombro.
—¡Ni hablar! Eso solo alimentaría tu ego.
—Creo que mi ego se lo merece.
Ella resopló aunque no pudo evitar sonreír y deslizó uno de sus pies entre las piernas de él.
Se sentía tan… satisfecha. Todo en aquel momento era hermoso.
Sin preocupaciones. Libre. Hacía siglos que no se sentía así.
Había olvidado lo que sucedió esa tarde y no estaba pensando en lo que pasaría mañana. Y aquello era increíblemente valioso.
Puso una mano sobre el pecho desnudo de Matt y trazó círculos sobre él antes de preguntar por fin en voz baja:
—De verdad, ¿nunca habías usado las esposas de antes?
—No. —Él le apartó un mechón de cabello tras la oreja—. Como dije, fue un regalo de broma de una de mis hermanas.
—De Nell —adivinó de inmediato.
Él resopló.
—Sí, de Nell. —Maddie sonrió. Era obvio. Su hermana mayor tenía ese sentido de humor—. Abrí el regalo de las esposas delante de mis padres y de todos mis amigos. Fue toda una celebración.
Ella se rio.
—Me cae bien.
—No se lo digas este fin de semana. Empezará a competir conmigo para ver a quién prefieres.
—Oh, tú llevas un orgasmo de ventaja.
—Qué suerte la mía.
—No, no, qué suerte la mía —dijo, sonriéndole desde abajo.
Matt resopló y le puso una mano en la cara.
—Será mejor que no le digas eso. Podría tomárselo de forma equivocada.
—¿Pero no se alegrará de que por fin hayas utilizado su precioso regalo? —preguntó con inocencia. Él la miró con pesadumbre y Maddie soltó una carcajada—. Bien. Nada de historias de esposas en la mesa de tus padres. Anotado.
—Muy bien. —Cerró los ojos y ella se acomodó en el hueco de su brazo.
Estaba agotada, de la mejor manera posible. Tenía los párpados pesados, el cuerpo feliz pero cansado. Si quisiera, podría quedarse dormida ahora mismo, pero entonces recordó algo.
—Ah, por cierto, mañana tenemos una cita con Dax, Lucy y Jack —murmuró y se acurrucó más contra su hombro… que se tensó de inmediato.
—¿Qué?
¿Por qué se ponía difícil?
—Sí, nos vemos en casa de Dax después del partido.
—Pero yo no quiero…
—Sssh, estoy cansada —dijo, poniéndole la mano sobre la boca—. Esto ha sido agotador. Necesito descansar.
—Maddie…
—Por favor, Matt —susurró cerrando los ojos—. Por mí.
Él suspiró, pero fue una aceptación silenciosa. Y aquello era todo lo que necesitaba en ese momento.
Estaba increíblemente satisfecha. Hacía calor y el colchón era tan suave… pero justo antes de quedarse dormida, sintió que Matt apoyaba su cabeza con cuidado sobre una almohada y que la cama cedía cuando él se levantó.
Cierto. Era cosa de una sola vez. Quizá lo mejor sería no dormir juntos. Solo era sexo. Nada más. Y todo saldría bien mientras fueran sinceros al respecto.
Aun así, la cama se volvió extrañamente fría y dura sin él.