Capítulo 13
Capítulo Trece
T odo era diferente.
—¿Has dicho qué ? —preguntó Hailey, horrorizada.
—Sí.
—Pero… ¿qué? No.
—¡Sí!
—Pero… ¿qué?
—¡No estás ayudando, Hailey!
—Bueno, sí. Perdón. ¿Pero qué hombre es así de sincero? ¿Quién diría algo así?
—Bueno, Matt. Obviamente. —¡Ese hombre estaba loco!
—Pero… —Hailey hizo una mueca—. ¿No fue incómodo para él?
—No lo sé, pero no parece haber muchas cosas que lo incomoden.
—¿Fue incómodo para ti? —preguntó su amiga.
—¿El beso? —respondió, perpleja, pensando —¡por centésima vez!— en los labios de Matt.
Hailey abrió mucho los ojos.
—¡Bueno, ya que estamos, tenía intención de sacar el tema! Aunque, en realidad, me refería a la confesión de Matt, ¡pero oye, siéntete libre de responder a las dos cosas!
Maddie apoyó los codos en la mesa y escondió la cara entre las manos.
—No lo sé —susurró—. Estoy tan confundida.
No esperaba que Matt la besara. Así como tampoco esperaba que ella terminaría, bueno, casi sentándose encima de él.
Y, desde luego, tampoco estuvo esperando que fuera tan honesto como para anunciarle a voz en cuello que había estado pensando mucho en acostarse con ella durante los últimos días, ¡solo porque ella le dijo que no era inmune a sus encantos!
Hailey tenía toda la razón. ¿Quién haría algo así?
—¿Los besos de Matt son… confusos? —concluyó la rizada, parpadeando.
A regañadientes, la castaña se rio.
—¡No! Él es el confuso. El beso fue… —fantástico—. Bueno, fue sorprendente. Y besa muy bien.
—¡Lo sabía! —Hailey la señaló con el dedo triunfante.
—Claro que lo sabías —respondió con enfado, apartándole el dedo de un manotazo—. Ha tenido tanta práctica que sería una pena que no se le diera bien.
Tenía mucha práctica en otros ámbitos también. ¿Cómo serían sus habilidades en esas áreas?
—Dios mío, estás pensando en acostarte con él —exclamó su amiga, riendo.
Atrapada, Maddie hizo una mueca.
—¡No, no lo estoy!
—Sí, lo estás. Oh, ¡por supuesto que lo estás! —Hailey sonrió con picardía—. El color de tu cara lo dice todo. —Maddie soltó un fuerte quejido—. Sí, eso es lo que harías si de verdad te estuvieras acostando con él.
—¡Ah, cállate! —respondió enfadada, levantándose—. Voy un momento afuera. Necesito que me dé el aire.
—¿Te entra calor al pensar en estar a solas con él en una cama? —preguntó Hailey con inocencia.
Maddie levantó el dedo corazón mientras caminaba hacia la puerta. Su amiga era una tonta; y se equivocaba. Ya había estado a solas con Matt y con esas esposas que miró junto a su cama.
La risa de la rizada la siguió.
—Está bien, lo dejo. Pero vuelve pronto. ¡La cantidad de trabajo que hay aquí es de locos!
Maddie se limitó a asentir y salió al paseo marítimo.
Noviembre llegaba a su fin y la temperatura había bajado a unos trece grados.
La mayoría de la gente estaba convencida de que nunca hacía frío en California, pero cuando el sol se ocultaba tras una masa de nubes y un viento fresco soplaba desde el océano…
Se arrepintió de haber olvidado su chaqueta.
Quizá debería dar media vuelta. Su amiga tenía razón.
No tenía tiempo para pasear. Estaban recibiendo tantas solicitudes nuevas que estaban desbordadas de trabajo.
¡Era maravilloso! No podían estar más contentas por ello.
Por desgracia, mucha gente también estaba interesada en lo que pasaba con Matt y en si ya había tenido su primera cita.
ESPN incluso preguntó —¡dos veces!— si consideraría hacer otra entrevista sobre la búsqueda del amor de Matthew Payne.
Lo entendía. ¡Era interesante! Para bien o para mal, tendría que encontrarle una cita. Y después… después no tenía ni idea de lo que pasaría.
Lo mejor, naturalmente, sería que Matt encontrara a su alma gemela y los medios de comunicación difundieran exactamente eso.
Así se demostraría que su agencia funcionaba.
Pero, si Maddie encontraba a su alma gemela —entonces él habría encontrado a su alma gemela.
¿Y con quién vería las Chicas Gilmore si Matt solo salía con su novia?
Frunció el ceño y caminó hacia el océano hasta que sus zapatos se hundieron en la arena.
Él no quería arruinar su amistad.
Ella lo comprendía. Al parecer, había tenido malas experiencias en su vida y no quería correr riesgos con relaciones importantes. Y, por supuesto, el sexo entre amigos siempre era una mala idea. Alguien siempre salía herido y…
—Mierda —susurró, presionándose el pecho con las manos ante los latidos de su corazón.
Era bueno que fuera sincero, porque ya se estaba volviendo loca pensando en qué significaba aquel beso.
Al mismo tiempo, era terrible que hubiera sido tan directo sobre el hecho de que la deseaba.
El caso era que ella también lo deseaba a él.
Puede que él tuviera imágenes en la cabeza, pero ella estaba imaginando escenarios enteros.
¿Y si solo tenían sexo casual? ¿O, y si empezaban una relación?
¿Y si decidían intentarlo… y todo salía mal y no podían seguir siendo amigos?
¿Y si decidían intentarlo… y era maravilloso y eran felices?
¿Y si lo intentaban y ella se enamoraba perdidamente de su mejor amigo —y después de unas semanas, él le decía que solo quería algo pasajero?
¿O que le gustaba, pero que no era la mujer de sus sueños, solo el fruto prohibido que lo mantuvo excitado durante un tiempo?
No, Matt tenía razón. Era demasiado arriesgado. Las amistades eran para siempre. Las relaciones, no tanto. Además, no podría soportar la idea de que le rompiera el corazón.
Apenas si sobrevivió a lo de Clemens, y eso que él ni siquiera fue su mejor amigo, su confidente.
Se sobresaltó cuando su móvil vibró con un mensaje.
Esperaba que fuera Matt, que lo hubiera invocado con sus pensamientos. Pero el mensaje era de Lucy.
¿Sabes qué pasa entre Dax y Matt? Dax dice que no quiere hablar con él hasta que se disculpe. Matt dice que Dax puede irse al infierno. ¿Se robaron su disco favorito entre los dos o algo así?
Maddie suspiró, entornó los ojos y escribió:
Sé lo que pasa. Pero es asunto suyo, así que me sentiría como una chismosa si te lo contara. Pídele a Dax que te lo cuente él .
¡Pff! ¡Vaya respuesta más frustrante, Maddie! Pero de acuerdo. ¿Sabes qué?, ¿por qué no vienes a cenar pronto? Hace siglos que no te veo y así los chicos pueden solucionarlo.
No era mala idea. Echaba de menos a su hermana.
Claro. ¿Esta semana? ¿Quizá el jueves, después del partido? Juegan a las cinco, así que terminarán pronto, ¿no? E invita a alguien más, si no, será incómodo. Como si los estuviéramos enviando a una cita a ciegas.
Hecho. Se lo pediré a Jack. Necesita más contacto social. Te escribiré con los detalles.
Maddie respondió con el pulgar hacia arriba, seguido de un gif de un perro feliz. Quería que Dax y Matt se llevaran bien. Los haría más felices a ambos.
Se guardó el teléfono en el bolsillo, respiró hondo y volvió a la oficina. Una mujer con un impecable traje de chaqueta gris se acercaba. Con un sobresalto, Maddie reconoció a la señorita Geller, la productora musical que rechazó sus servicios hacía unas semanas.
—Hola —dijo con sorpresa, y la multimillonaria se giró hacia ella—. ¿Qué hace por aquí?
—Quería verla —respondió con calma y señaló con la cabeza hacia el escaparate.
—Bueno, pues ya me ha encontrado —respondió con cautela—. ¿Qué puedo hacer por usted?
—Yo… —Se aclaró la garganta—. Puede que actuara de forma precipitada cuando rechacé su oferta.
Maddie levantó las cejas con sorpresa.
—Ah, ¿sí?
—Sí. Bueno, fui a unas cuantas citas de Love Triumphs y los hombres eran todos agradables y atractivos, pero… carecían de la sustancia que busco.
¡No me diga!
—Lo siento —respondió con diplomacia.
—Sí, yo también. En fin, vi el reportaje sobre ustedes y creo que me gustaría darle una oportunidad a Match Me!
El corazón de Maddie dio un vuelco de emoción y un grito de alegría se le quedó atascado en la garganta, aunque no dejó que se notara.
¡Aquello era muy importante! Geller iba a ser una clienta exclusiva, de esas que aportaban mucho dinero; de las que más se beneficiarían de la agencia, las que necesitaban un toque personal para encontrar a la pareja adecuada.
—Pase, señorita Geller. Estoy segura de que podemos llegar a un acuerdo y luego nos pondremos de inmediato con su cuestionario.
Dos horas más tarde, la productora musical había firmado con ellas, rellenado el cuestionario y hablado con Maddie en detalle sobre lo que buscaba y de qué podía prescindir exactamente.
Después de que Geller se marchara, Maddie y Hailey se quedaron mirando en silencio durante dos minutos. Entonces, se levantaron de un salto, se fundieron en un abrazo y gritaron.
—¡Es muchísimo dinero! —susurró Hailey.
—¡Le ha parecido que el profesor de primaria es prometedor! —le devolvió Maddie el susurro.
—Dios, somos buenas.
—¡Matt es bueno!
—También lo es —dijo Hailey—. ¡Pero Match Me! es nuestro bebé y por fin está entrando en la pubertad!
—Qué asco, los padres nunca deberían decir eso.
Hailey se rio y la soltó.
—Tal vez tengas razón. Pero ¡joder, Maddie, esto es un hito!
—¡Lo sé!
—Dale las gracias de mi parte a Matt, ¿okey? Nos ha salvado el culo.
Sí, ella también lo sabía.
—Se lo diré —prometió.
—Maravilloso. ¿Te importa si me tomo ahora un descanso rápido para comer? Tengo algo importante que hacer.
Maddie sonrió.
—Son las cuatro, un poco tarde para comer. ¿Por casualidad esa cosa importante tiene cuatro patas?
Hailey le devolvió la sonrisa.
—Si no saco a pasear a los perros del refugio, no lo hará nadie, Maddie.
—Está bien —respondió, poniendo los ojos en blanco—. Te lo mereces. Yo me encargo de lo que queda.
—¡Me pongo al día esta noche!
—Vete ya, Hailey.
—Gracias. —Su amiga le plantó un beso sonoro en la mejilla, muy parecido a los que le daría uno de sus amigos de cuatro patas—. Y, Maddie, todo irá bien. Con nosotras. ¡Y con Match Me!
Maddie sonrió de par en par.
—Yo también lo creo.