Capítulo 7 #3
—¡Solo porque los demás son una tanda estúpidos! —replicó incrédulo.
—Bueno… sí. Pero eso no quita el hecho de que tienes un don natural delante de las cámaras, mientras que a León lo mejor es ponerle cinta adhesiva en la boca cada vez que hay una cerca.
Él gruñó. Sintió el impulso de lanzarle a Lucy unas cuantas palabras muy encantadoras. Habría tanta prensa hoy, así que tal vez, no debería arriesgarse.
—Uh, había olvidado lo divertido que es molestarte —dijo su amiga, entrelazando su brazo con el de él—. Tenemos que volver a hacer algo juntos los cuatro. Dax, tú, Maddie y yo. Podríamos invitar a Jack. Él y Dax necesitan practicar eso de volver a ser hermanos y estaré encantada de ayudar.
—Hmm —murmuró él porque, si era sincero, echaba de menos pasar tiempo con Dax.
Adoraba a Lucy, era genial, pero no había podido estar con su amigo estas últimas semanas.
De verdad le vendría bien que su mejor amigo le dijera que no pasaba nada por ser amigo de una mujer por la que te sentías sexualmente atraído.
Necesitaba oír que era cien por ciento normal tener algunos pensamientos sucios sobre Maddie desde que descubrió que ella no se habría negado a meterse en la cama con él aquel día.
Bien. La última semana fue buena; fácil y agradable, como todo con Maddie. Nada había cambiado.
—Vaya, Maddie está muy guapa. Debe haberse arreglado para los periodistas.
Matt parpadeó, levantó la vista y… gruñó para sus adentros.
Maddie llevaba un vestido amarillo sol que se ceñía a su torso y caía alrededor de sus caderas en una falda amplia.
Llevaba el cabello suelto, de modo que la brisa marina se lo agitaba alrededor de la cara.
Conocía ese vestido. Le gustaba ponérselo cuando salía por la noche.
No era especialmente provocativo. No era nada comparado con las faldas cortas y los tops que el resto del mundo parecía llevar en este momento.
Sin embargo, hacía que su rostro resplandeciera y acentuaba cada una de sus curvas a la perfección…
¡curvas que no reparaba hasta ahora! Se había fijado en ellas y luego no volvió a pensar en el asunto. Eso fue antes; ahora era diferente.
—Es increíble la de gente que se interesa por tu vida amorosa —murmuró Lucy, y Matt dejó que su mirada vagara.
Había dos reporteros con cámaras grandes y sonrisas igual de grandes, y un equipo de televisión.
Eso era bueno para Maddie y explicaba por qué estaba jugueteando con el dobladillo de su vestido de manera nerviosa.
¡Oh, mierda! ¡No estarían planeando en serio emitir esto en ESPN!
A ningún aficionado a los deportes le parecería interesante que se hubiera apuntado a una agencia de citas.
¿O sí? ¡Era un jugador de hockey, por favor!
Mientras no saliera con un disco, debería ser alguien irrelevante.
—Hola, héroe —le saludó una voz por la izquierda. Era Hailey, cuyos rizos oscuros brillaban a la luz del sol.
—Más bien víctima —la corrigió y le dio un abrazo a modo de saludo.
La chica se rio.
—¿Víctima de la capacidad de persuasión de Maddie?
Más bien víctima de los ojos de corderito que le hacía. Sin embargo, no llegó a responder porque esta, en cuestión, lo vio y ahora se acercaba.
—Llegaste a tiempo —dijo con alivio y se pasó ambas manos por el cabello. Estaba tensa—. Gracias a Dios y… —Se detuvo. Su mirada se posó en su rostro. Concretamente, en su ojo derecho—. ¿Qué es eso? —preguntó horrorizada, levantando la mano y tocándole el pómulo con suavidad.
—¡Ay! —exclamó él y se apartó—. Es un moretón, Maddie. —Puede que ayer en el hielo no fuera ni la mitad de encantador de lo que Lucy pretendía.
Su amiga abrió mucho los ojos.
—¿Te metiste en una pelea ?
—En el hielo no se pelea. Se demuestran las habilidades —afirmó él.
—¡Tus habilidades para pelear!
Bueno, sí, eso también.
—No es nada, Maddie. Apenas me duele.
—¡Me importa un bledo si te duele, se ve fatal! —siseó con incredulidad—. ¡Se supone que hoy te van a fotografiar y filmar, Matt! ¡Dijiste que tendrías cuidado!
Él se rascó la cabeza.
—¡Martínez empezó! Llamó a mi hermano hijo de perra.
—¡Pero si no tienes hermano!
—Ya, pero él no lo sabía. Además, eso convertía a mi madre en una fulana.
—¡Matt! Se supone que eres el chico de portada de la agencia. Ahora pareces una ciruela.
Las comisuras de su boca temblaron. No se le podría haber ocurrido algo peor.
—¡No pasa nada! —intervino Lucy—. Si no, la gente no lo reconocería.
Maddie gimió y entrecerró los ojos.
—Con la cara tan bonita que tiene.
Matt sintió que su «cara bonita» se encendía. ¿De verdad pensaba eso?
—En serio, Maddie, no es para tanto. Está más bueno con un ojo morado —murmuró Hailey, dándole a su amiga una palmadita tranquilizadora en el hombro—.
Seguirán aporreando nuestras puertas. Cientos de millones de mujeres se apuntarán porque quieren que las emparejen con Matt Payne.
Luego cientos de millones de hombres se apuntarán porque saben cuántas mujeres se han apuntado. De verdad. ¡Va a ser genial!