Amistad, Amor y Hockey (Amor y Hockey 2) Capítulo 8
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Capítulo 8

Capítulo Ocho

H ailey tenía razón.

Las clientas espontáneas que estaban viendo la sesión de fotos frente a su oficina y se dieron cuenta de que un jugador de hockey buenorro buscaba pareja en Match Me! estaban, literalmente, echando la puerta abajo.

Registrarse en su sitio web no costaba mucho si no querías asesoramiento personal y apoyo exclusivo. Aun así, en pocas horas, ganaron tanto dinero como en los últimos seis meses. Sí, eso demostraba lo poco que había ingresado hasta entonces, ¡pero también era un gran repunte!

La mayoría de las mujeres se quedaron, tal vez con la esperanza de cruzarse con Matt y presentarse personalmente.

A su nueva estrella le estaban poniendo el micrófono para la entrevista de televisión que se emitiría en directo en ESPN.

Pronto se formó una pequeña multitud a su alrededor, bloqueando por completo el paseo.

Sin embargo, todo el mundo podía rodearlos por la playa, así que no era para tanto.

No obstante, Maddie habría preferido hablar con Matt antes de la entrevista y repasar lo que debía decir.

Él podía ser increíblemente encantador y siempre era amable y cortés, pero a veces decía cosas como: «¿Cómo se llamaba la mujer con la que me acosté anoche?

» o «Oh, por favor. ¡La frase «afinidad espiritual» es repugnante porque en realidad significa que estás cometiendo incesto!

». Ahora, sin embargo, la gente de ESPN estaba demasiado cerca como para que ella pudiera susurrarle cómo debía convencer a todo el mundo de que buscaba el amor verdadero, aunque no creyera en él.

No le quedó más remedio que cambiar nerviosa el peso de un pie a otro y pensar en todo lo que podría salir mal.

—Relájate, Maddie —dijo Hailey, rodeándola con el brazo—. ¡En serio, esto ya es genial! Por fin tenemos la oportunidad de salir del agujero.

Frunciendo el entrecejo, Lucy levantó la vista de golpe y miró de la una a la otra.

—¿Qué agujero?

Las mejillas de Maddie se encendieron.

—No, nada —dijo con rapidez, ganándose una mirada fulminante de su amiga.

—Estamos teniendo algunos problemas financieros —declaró la chica sin rodeos.

—¡Hailey! —susurró Maddie con aspereza.

—Es la verdad. He tenido problemas financieros toda mi vida, así que no me cuesta decirlo. Al contrario que a ti, por lo visto.

Su hermana la miró con la boca abierta.

—¡Dijiste que a la agencia le iba de maravilla! —dijo, atónita.

—Bueno, le va…

Hailey se aclaró la garganta de forma audible.

—…ahora —susurró.

—¡Madison! —siseó Lucy.

Oh, genial. Estaba usando su nombre de pila.

—Sí, de acuerdo, ha ido difícil —dijo en voz baja—. Por eso lo de hoy era tan importante.

—¿Por qué no dijiste nada? Soy una profesional del marketing, Maddie. Podría haberte ayudado.

Esta tragó saliva.

—No quería que te preocuparas.

—¡Tú siempre te preocupas por todo el mundo!

Sí, y prefería que fuera así. No le gustaba transmitir malas vibras. Su padre ya estaba para eso. Simplemente le gustaba que todo el mundo fuera feliz. ¡Y no podrían serlo si los agobiaba a cada rato con sus preocupaciones!

—No ha sido tan malo —insistió—. Si de verdad hubiera necesitado ayuda, la habría pedido.

Otro sonoro bufido de su mejor amiga se escuchó.

—Estoy de acuerdo con Hailey —replicó Lucy descontenta—.

Maddie, quiero estar ahí para ti, ¿de acuerdo?

Ya haces mucho por la familia. Te ocupas de papá más que cualquiera de nosotras porque yo estoy mucho tiempo fuera y Rachel no está aquí, ¡pero eso no significa que no debas compartir tus problemas conmigo!

Maddie se limitó a asentir. Lo entendía, pero Lucy estaba muy feliz en ese momento. La muerte de su madre había sido dura para todos. Contarle a alguien que algo iba mal en su vida solo empeoraría las cosas. Repartiría la carga entre toda su familia.

Con Matt era diferente. Nada podía sacarlo de sus casillas. Su vida era tan despreocupada que el peso de su propia vida no le afectaba. Nunca sentía lástima por ella. E incluso se burló de la situación cuando estaba sentada llorando en el suelo inundado de la cocina.

Así que, con él, estaba bien. Pero con los demás, no quería ser la Maddie quejica a la que todos tenían que cuidar: como su padre.

Clemens siempre decía que la vida era mejor cuando te quejabas menos y te centrabas en las cosas buenas, y era verdad.

Así que se mantenía positiva, hablaba con Hailey de sus problemas porque era su socia, lloraba con Matt… y dejaba a su familia al margen.

—Lucy, todo está bien —dijo en tono alentador—. Si hubiera sido grave, te lo habría contado. Pero ahora mismo las cosas van de maravilla.

Poco convencida, su hermana apretó los labios, pero lo dejó pasar.

—Voy por más folletos—anunció Hailey con ligereza—. ¡Para la gente que esté indecisa!

Luego de eso, regresó casi corriendo a Match Me! y cruzó la puerta. Por desgracia, Eggsy aprovechó esa oportunidad para salir, moviendo su curiosa cabeza de gallina de lado a lado.

—Ay, mierda —susurró Maddie—. Tengo que agarrar a nuestra gallina.

Lucy se rio, aunque sus ojos seguían extrañamente serios.

—No hay problema, de todas formas, estoy grabando la entrevista en directo por Instagram, así que estoy ocupada.

Su hermana se abrió paso entre la multitud hacia el otro lado, desde donde tenía mejores vistas, mientras que Maddie se acercó a Eggsy con sigilo. La gallina cacareó enfadada al verla venir y se alejó unos pasos más de la entrada.

Suspirando, la chica se deslizó tras ella mientras el reportero de ESPN anunciaba la entrevista ante la cámara. Si llevaba a Eggsy de vuelta a la oficina ahora, pasaría justo por el encuadre. Probablemente sería mejor quedarse con ella en brazos hasta que todo terminara.

Con cuidado, levantó a la gorda criatura marrón entre sus brazos. El ave se acurrucó de inmediato contra su pecho —¡esa gallina tenía mucho de ser un perro!— y luego se fijó en Matt y en el periodista, que hablaban a menos de un metro de distancia.

—…no se le conoce por hablar mucho de su vida amorosa, Sr. Payne. ¿Qué le ha animado a hacer una excepción ahora?

Los hombros de Maddie se tensaron. No respondería algo como «mi mejor amiga me obligó a hacerlo», ¿verdad?

—¡Oh, no hablo mucho de mi vida amorosa porque no hay mucho de qué hablar! Además, soy jugador de hockey. ¿Por qué íbamos los Hawks a hablar de otra cosa que no sea el juego que amamos? —Bajó la voz—. Aunque mi madre se ha quejado de ello muchas veces.

La multitud y el reportero se rieron.

—Eso sigue sin explicar por qué, de repente, anuncia a todo el mundo que busca el amor verdadero.

Matt la miró de reojo e incómodo, se rascó la nuca.

—Yo… —empezó vacilante y cambió de postura—.

Creo que todo el mundo anhela un poco más de amor en su vida.

Y nadie debería avergonzarse de buscarlo, ¿no es así?

Nadie. Muchos hombres tienen miedo de parecer débiles si admiten que buscan una compañera de vida.

Más aún si tienen que admitir que no pueden encontrar a alguien por sí mismos, y creo que eso es una tontería.

¿A quién le gusta estar solo y quién no necesita ayuda de vez en cuando?

Si con esta entrevista puedo ayudar a esas personas que tienen miedo de dar el siguiente paso en su camino hacia el amor a sentirse mejor, estaré encantado de hacerlo.

A Maddie se le cerró la garganta y las mejillas se le encendieron. Eso fue… perfecto. El sonido de las muchas mujeres a su alrededor exclamando un ¡aaah! lo confirmó. Matt tenía esa habilidad para hacer que la gente se sintiera segura de sí misma, sin importar cuántas inseguridades pudieran tener.

—Entonces, ¿por qué eligió Match Me!? —continuó el reportero.

—Ah, para ser sincero —sonrió con ironía—, la dueña es amiga mía y lleva meses dándome la lata para que me apunte y así poder conocer por fin a mi alma gemela.

—Le dedicó una sonrisa a Maddie, que se tapó la cara con una mano.

Estaba bien, de todos modos; era mejor eso que el hecho de que alguien descubriera después que se conocían—.

Pero hasta ahora… hasta ahora, nunca me había sentido preparado, ¿saben?

Para nada serio. Para… «la mujer indicada», supongo. Para el gran «para siempre».

La chica abrió la boca y apretó a Eggsy con más fuerza contra su pecho.

—¿Pero ahora sí lo está? —quiso saber el periodista.

Algo cambió en los ojos de Matt. Ahora su sonrisa tenía algo de misterioso. Y la forma en que dudó…

—Creo que sí.

A Maddie se le encogió el corazón.

¿Hablaba en serio? ¿O estaba actuando? ¡Ya no era capaz de notar la diferencia!

Matt inspiró profundo, se pasó una mano por el cabello y añadió:

—Saben, es fácil encontrar algo pasajero. Salir con gente es divertido, no hay duda. Pero últimamente eso no es suficiente para mí.

Los dedos de Maddie se deslizaron entre el plumaje de Eggsy mientras sus palabras se clavaban en su estómago como balas.