Amistad, Amor y Hockey (Amor y Hockey 2) Capítulo 2 #2
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Capítulo 2 #2

Suspiró y colgó. Sabía que no visitaba a su familia lo suficiente. ¡Eran siete horas de coche y su horario era imposible! Aun así, de alguna manera se aseguraría de no perderse sus bodas de plata.

Se bajó del auto y sacó su bolsa de hockey del maletero cuando su móvil volvió a sonar. ¡Dios santo, no podía ir en serio!

—¡Ya voy, mamá! —respondió, irritado.

—Puaj. ¿De verdad es algo que tu madre debería saber? —preguntó Maddie.

Matt suspiró aunque las comisuras de sus labios se curvaron.

—No, nunca. Aunque tal vez tú le contarías todos mis líos.

—Tu madre me cae bien —respondió con ligereza—. Y, hablando de tus líos con mujeres: ¿en serio, Matt? ¿Olvidaste su nombre?

—¡No fue a propósito!

—Me da igual. No puedes convertirte en esa clase de hombre. Si lo haces, tendré que poner fin a nuestra amistad.

Hizo una mueca y cerró el maletero.

—Si quieres saberlo, yo tampoco me sentía precisamente orgulloso de mí mismo, así que he decidido dejar las citas por el momento.

Silencio. Luego:

—Vaya. Qué bueno.

—¡No pongas esa voz de asombro!

—Ah, no estoy asombrada porque no quieras pasar cada noche en la cama de una desconocida. Solo me choca que llames «citas» a lo que tú haces.

Matt suspiró.

—Siempre es un placer oír tu opinión. De todos modos, ¡eres tú la que me encasqueta a las mujeres!

—No te las encasqueto, solo te señalo candidatas que buscan lo mismo, para que nadie…

—… salga herida —terminó la frase—. Lo entiendo. No importa. —En verdad no tenía ganas de seguir hablando del tema—. Maddie, llego tarde. Ah, y mi madre te invitó a sus bodas de plata en Napa.

—Lo sé, por eso llamo.

Se detuvo en seco. Joder, su madre iba rápido.

—¿Qué, no era solo para decirme lo decepcionada que estás conmigo?

—Qué va. Quería preguntarte si te parecía bien que fuera.

—Claro que me parece bien —exclamó, sorprendido.

—Bien. Aun así, quería preguntártelo antes de aceptar.

Eso no le sorprendió. Maddie siempre pensaba en los sentimientos de los demás antes de preocuparse por los suyos.

—Me encantaría que vinieras, pero solo si guardas silencio sobre con cuántas mujeres me he acostado.

—Hecho. Pero será difícil porque tú…

—Maddie, ¿no tenías esa reunión tan importante? —la interrumpió apresurado—. Deberías estar preparándote en lugar de señalar mis deficiencias como hombre. —Durante las últimas dos semanas, ella no había dejado de hablar de que hoy conseguiría al cliente de su vida.

—Estoy haciendo ambas cosas —respondió con inocencia—.

Además, llevo preparándome días. De lo contrario, no habría ido ayer al Ice Lounge.

Matt, estoy tan emocionada… —Su voz subió una octava—.

Geller firmará hoy y luego le encontraré al hombre de sus sueños y ella se lo contará a todas sus amigas ricas.

No tendré que volver a comer ramen en la vida; me revolcaré en bufés de ostras.

—No te gustan las ostras.

—No, ¡pero aun así puedo revolcarme en ellas! Espera, en realidad eso sería desperdiciar comida.

Una sonrisa se dibujó en su rostro. Maddie sonaba feliz. Eso era bueno. Su madre tenía razón: trabajaba demasiado y se merecía el éxito.

—Me alegro por ti —respondió con sinceridad—. Y, oye, cuando hayas pescado al pez gordo, ¿podríamos celebrarlo esta noche en el Sunny Umbrella?

—Es domingo. No bebo los domingos.

—Pero te lo mereces.

—Eh, ¿no tienes partido?

—Nop. Nada hasta mañana.

—Okay. Entonces lo celebraremos en el Sunny Umbrella. Puedes pasar a buscarme a las seis. Y, ¡Matt, esto podría ser algo muy grande! Incluso merece la pena trabajar en domingo por esto.

—Buena suerte, Maddie.

—Gracias. Entonces, ¿cómo se llamaba la camarera? ¿Jessica o Jane?

—Jennifer —dijo compungido.

Maddie suspiró.

—Ay, Matt.

—Sí, sí, ya lo sé. Prometo mejorar. ¡Consigue a ese productor musical! Nos vemos esta noche.

—Sí, hasta luego.

Tras colgar, Matt miró la pantalla e hizo una mueca, maldiciendo. ¡Había vuelto a perder la noción del tiempo!

Corrió hacia la entrada del edificio de los Hawks. Fuera se encontró con Jack West, uno de sus pívots, un nuevo fichaje para los Hawks… y el hermano de su mejor amigo, Dax. Aunque Matt solo lo había descubierto recientemente y el resto del mundo aún lo ignoraba.

—Oh, gracias a Dios —dijo West aliviado—. Pensaba que yo era el único que llegaba tarde. Siempre es mejor tener compañía cuando Gray grita.

Matt resopló.

—Esa es la actitud. ¿Por qué llegas tarde? Tú sueles ser el ciudadano modélico. —Su apodo era Santo por una razón: Jack nunca hacía nada malo. No había pisado el banquillo de penalización en toda la temporada, mientras que su hermano prácticamente vivía instalado allí.

Jack evitó su mirada.

—Tenía… cosas que hacer.

—Ah. Muy informativo.

—Si quieres información, mira las noticias. ¿Y tú?

—Cosas que hacer.

Jack sonrió y abrió la puerta empujándola.

—Bueno, llamar «cosas» a telefonear a la guapa camarera de ayer es bastante duro. Esperaría ese tipo de comentarios de Dax y puede que de León, pero no de ti.

Matt se rio por lo bajo.

—Dax es otra persona desde que empezó con Lucy.

—Oh, vamos. Es una persona enamorada. No una distinta. ¿Así que la camarera es la culpable de que llegues tarde? Vaya, ninguno se sabe controlar, ¿verdad? —comentó, arqueando una comisura de los labios.

—Ah, por favor. Que te llamen Santo no significa que seas inocente.

—Durante la temporada, sí.

Cierto. Jack nunca empezaba un lío ni una relación mientras estaba jugando, aunque Matt no podía creerse que de verdad pasara sin algún rollo de una noche ocasional.

—¿En serio, nunca tienes sexo durante la temporada? —se sintió obligado a preguntar.

—Nunca.

—¿En serio, sin excepciones? Sabes que yo nunca planeo irme a casa con nadie, solo surge.

Jack resopló y le lanzó una mirada de lástima.

—Eso es porque no tienes autodisciplina. La mujer capaz de doblegar mi voluntad aún tiene que nacer.

Matt puso los ojos en blanco, aunque secretamente pensó que tal vez debería tomar a Jack como modelo a seguir.

El cabrón estaba haciendo la mejor temporada de su vida mientras que Matt andaba un poco desenfocado.

No sabía ni qué era. Nada había cambiado excepto que Dax llevaba unas semanas saliendo con Lucy y…

Sí, no tenía ni idea. Se alegraba por los dos.

Sin duda ese no era el motivo. Simplemente tendría que frenar un poco su vida privada y concentrarse más en el juego.

En realidad no tenía de qué quejarse. Su vida era perfecta. No cambiaría nada en absoluto.