Amigas de Verano / Summer Sisters 16
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Abby llevó a casa un par de Jack Russell y los llamó como sus abuelos: Irene y Jake. Caitlin estaba indignada.

—¿Cree que esos roedores pueden reemplazar a Dulce? ¿Y encima los llama como sus abuelos? ¿Te imaginas llamar a tus perros como tus abuelos? ¿Qué le pasa a esa mujer?

Dulce había envejecido el verano anterior. Apenas podía caminar. Aun así, cuando colapsó y, con un último estremecimiento, murió a los pies de Lamb, Caitlin quedó devastada. Todos lo estaban. Hicieron un servicio en la playa.

—Señor, te entregamos a nuestra Dulce —dijo Lamb—. No pidió nada, lo dio todo.

Caitlin, con el rostro empapado en lágrimas, corrió arriba y abajo del espigón, esparciendo las cenizas de Dulce.

Más tarde, Vix la ayudó a construir un memorial de arena y conchas, pero cuando la primera tormenta lo arrasó, Caitlin le rogó a Lamb una lápida de verdad.

La plantaron cerca de la casa, entre los pinos grandes.

Dulce

Compañera fiel

1970-1981

Después de eso, Caitlin se obsesionó con la muerte. Le preguntó a Vix si creía en vidas pasadas, porque Phoebe sí. Phoebe tenía su propio canalizador, el mismo que estaba ayudando a Shirley MacLaine a descubrir sus yo anteriores.

Pero Vix estaba más interesada en esta vida que en cualquier otra.

Caitlin le preguntó cuántas veces a la semana pensaba en la muerte, porque ella pensaba en eso todos los días, a veces más de una vez, como Woody Allen. Él estaba obsesionado con el tema. La mayoría de los genios creativos lo estaban.

—¿Estás planeando ser un genio creativo? —preguntó Vix.

—Absolutamente —dijo Caitlin—. ¿Qué otra cosa hay?

Luego se rio y le dio un codazo en las costillas.

—Te tomas todo tan en serio.

—A veces es difícil saber cuándo hablas en serio tú —dijo Vix.

—Seré una mujer misteriosa, ¿no crees?

—Eso o una esquizofrénica.

El rostro de Caitlin se congeló. Ahora fue Vix quien se rio.

—¿Quién se toma todo en serio?

Pero para demostrar que ella también podía hablar de lo innombrable, Vix dijo:

—Una vez vi a una persona muerta.

—¿De verdad? ¿Quién?

—Darlene.

—¿Quién es Darlene?

—Era amiga de mi madre… —Vaciló antes de soltar la verdad, antes de admitir que Darlene era su abuela, sabiendo que a Tawny no le gustaría. En lugar de eso, dijo—: Era una vieja amiga de la familia.

—¿Cómo se veía?

—Yo era muy joven. No me acuerdo mucho.

Se arrepintió de haber mencionado el tema.

—¿Estaba en un ataúd?

—No, estaba en el hospital.

—¿Estabas allí cuando realmente murió?

—No estaba en su habitación, si a eso te refieres.

Había estado en el pasillo con Lewis y Lanie, tratando de jugar cartas porque su madre le había dicho que los mantuviera tranquilos y ocupados.

Pero no pudo hacer que Lewis dejara de llorar, ni siquiera al dejarlo empezar el juego.

Cuando fue a buscar a su madre, encontró las cortinas corridas alrededor de la cama y a los médicos y enfermeros sobre Darlene. Su madre la agarró del brazo y la sacó.

Una semana después, Caitlin la despertó en plena noche.

—Vix…, ¿te da miedo morir?

—No me gusta pensar en la muerte.

—Pero todos vamos a morir, ¿no? O sea, nadie vive para siempre. Para llegar a nuestra próxima vida, o lo que sea que haya del otro lado, tenemos que morir de verdad.

—Supongo…

—Ojalá fuera un perro.

—También se mueren.

—Pero no se acuestan por las noches pensando en eso.

—Quizás sea como Nuestro pueblo** —dijo Vix, intentando calmarla—. Quizás después podamos quedarnos y observar.

—Pero entonces seríamos invisibles.

A Vix le gustaba la idea de ser invisible, de poder mirar y escuchar sin que nadie lo supiera. Pero no lo dijo.

—¿Podemos terminar esta conversación en otro momento? Porque de verdad, de verdad tengo mucho sueño.

Caitlin no dijo nada más y Vix volvió a dormirse. No sabía cuánto tiempo había pasado cuando sintió la mano de Caitlin en su brazo.

—Vix —Caitlin estaba arrodillada junto a su cama—, he tomado una decisión. No voy a quedarme esperando a que suceda. Me voy a ir antes de que todo se venga abajo, antes de ser vieja y fea y que nadie me quiera.

Vix fingió estar dormida, incómoda con el rumbo que estaban tomando los pensamientos de Caitlin. Woody Allen era una cosa. Esto era otra.

—Prométeme que te vas a ir conmigo —dijo Caitlin—. Me daría demasiado miedo irme sola.

Como no respondió, Caitlin la sacudió.

—Vix, prométemelo.

Segundos después, Caitlin dijo:

—Vix, tengo miedo. ¿Puedo meterme contigo?

Vix se hizo a un lado y Caitlin se metió en su cama. Solo entonces, con los brazos de Vix envolviéndola, pudo dormirse.

El miedo de Caitlin descolocó a Vix. Casi sintió alivio cuando la obsesión del verano pasado con la muerte se transformó en una nueva obsesión con el sexo.

Caitlin estaba ebria de su Poder. No le bastaba con que Von la deseara; lo mostraba también en casa, coqueteando con Gus y hasta con Daniel.

La casa estaba cargada de vibras sexuales.

Caitlin estaba viva y con ganas de demostrarlo.

Sharkey casi nunca coincidía con ellas, salvo una noche que salió del baño y encontró a Caitlin y Vix esperando en el pasillo. Caitlin llevaba una bata corta, mal ajustada, sin nada debajo.

—¡Tápate, por el amor de Dios! —gruñó Sharkey, tendiéndole su toalla.

—Shark —dijo Caitlin—, solíamos bañarnos juntos. ¿Cuál es el drama?

—El drama es que ya no tienes cuatro años.

Con la mirada fija en el suelo, pasó entre ambas y se fue. Un minuto después de que ella y Caitlin entraran al baño y cerraran la puerta, Gus golpeó.

—¿Ocupado?

Vix abrió un poco la puerta.

—¿Qué parece? —preguntó con el cepillo de dientes colgando de un lado de la boca.

Él estaba en pantalones cortos, sin camisa.

En su pecho había un parche de vello oscuro y rizado.

El pecho de Bru era liso, sin pelo. Por una fracción de segundo, Vix se preguntó cómo se sentiría presionar sus pechos desnudos contra Gus y, luego, apartó la vista, completamente avergonzada de haber tenido un pensamiento tan asqueroso.

Gus

¡Dios! Cuando abrió la puerta del baño y la vio con esa camiseta tan fina, y debajo el contorno de sus pechos, volvió de inmediato al lugar donde había estado dos años atrás, aquella noche en que Abby y Lamb casi lo arruinan todo.

Algo le pasó esa noche, algo en lo que no quería pensar porque su padre siempre decía: No cagues donde comes.

Pero esa noche, aunque fuera solo por un minuto, había querido abrazarla, sentir sus cuerpos juntos.

Se advirtió a sí mismo: Cálmate, solo tiene quince años.

Sí, ¿y qué?, se respondió. Conocía a chicas de su edad que lo hacían. Demonios, conocía a una de catorce que era experta con las manos.

Había mantenido la distancia desde entonces, con miedo de ceder a sus sentimientos. Pero ahora ella tiene diecisiete y eso ya es distinto, ¿no?

** N. de la E.: La obra de teatro Our Town (Nuestro pueblo), escrita por Thornton Wilder, es un clásico del teatro estadounidense. En su tercer acto, los personajes fallecidos observan el mundo de los vivos desde la otra vida.