Amigas, bilogía completa Capítulo 28
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Capítulo 28

CÁMERON

E s increíble como el futuro nos puede cambiar en apenas un segundo. En general, esto no suele pasar para bien, aunque esta vez, el destino me había jugado una buena carta y yo no podía estar más agradecido a mi suerte.

Me senté frente a mi superior, el comisario Rodríguez, con la espalda recta intentando aparentar más calma de la que sentía.

Había pasado semanas lidiando con el caos de la investigación interna, viendo cómo algunos compañeros a los que creía íntegros caían uno a uno, víctimas de sus propios errores o de la avaricia.

Yo había salido indemne, aunque con algunas cicatrices.

El comisario exhaló y me miró por encima de sus gafas.

—Con todo lo que ha pasado, me imagino que te vendría bien un cambio de aires.

Me tensé. No sabía si eso era una insinuación para que renunciara o si estaba a punto de ofrecerme algo.

—Eso suena a que tiene algo en mente —respondí con cautela.

Él asintió y deslizó un documento por la mesa.

—Has sido de gran ayuda durante la investigación. Sé que no ha sido fácil y, además, te has ganado algunos enemigos durante el proceso.

Aparté la vista y apreté los puños, no tenía nada que añadir. Claro que había sido duro, había tenido que ser un topo en mi propia comisaría. Decir que me había ganado algunos enemigos era quedarse corto.

—Te hemos conseguido una plaza en Mallorca —continuó llamando del todo mi atención—. Sé que eres de allí y que te gustaría volver. Dadas las circunstancias, creemos que sería lo mejor.

Deslizó un papel sobre la mesa y yo lo tomé sin perder un segundo. Mi nombre en negrita, destino: Mallorca. No me lo podía creer.

—¿Cuál es el truco?

El comisario soltó una risa breve.

—Siempre tan desconfiado.

Se reclinó en su asiento y entrelazó los dedos.

—No hay truco, Cámeron, aunque sí condiciones. La plaza en Mallorca está disponible, pero no en la misma unidad. Tendrías un cambio de funciones y, por lo tanto, nuevas responsabilidades. Y… sobre todo se te pide discreción.

—Vamos, que están comprando mi silencio.

—Llámalo como quieras, siempre que no salga de aquí.

Suspiré y me pasé una mano por la nuca. Me gustaba lo que hacía aquí, pero… volver a Mallorca significaba volver a Natalia.

Me quedé en silencio. Desde que era policía, mi carrera había sido mi mayor orgullo.

Creí en lo que hacía, en lo que representaba.

Trabajé sin descanso, convencido de que mi esfuerzo marcaría la diferencia y haría del mundo un lugar mejor.

Después de todo lo que había pasado, después de ver con mis propios ojos cómo el sistema que juré proteger estaba lleno de grietas, aquel orgullo se sentía vacío.

Miré el documento frente a mí. Antes, una oportunidad como esta me habría llenado de satisfacción. Ahora, lo único que sentía era agotamiento. No era que quisiera dejarlo todo. Era que ya no estaba seguro de por qué seguía aquí.

—Si quieres, puedes pensártelo. El agente al que vas a sustituir se va a jubilar, así que todavía tienes un par de semanas para decidirte.

Aunque, si me permites un consejo —su tono se suavizó—, a veces, no se trata de ascender o de mantenerse en un lugar cómodo.

A veces, se trata de elegir dónde quieres estar. La vida es corta, chico.

Asentí, sin decir nada más. No necesitaba tiempo, la decisión estaba más que tomada.

—Esta es una oportunidad que no se ofrece a todo el mundo, Cámeron. Tú, más que nadie sabes que, si no hubiese sido por lo que ha pasado no se te ofrecería y tardarías incluso años en volver a tu tierra.

Asentí y firmé el documento. Cuando salí de la oficina del comisario, no fui a mi escritorio, en vez de eso, salí del edificio y caminé sin rumbo, intentando procesarlo todo.

—Habrás aceptado al momento, ¿no? —me preguntó Tomás, cuando terminé de explicarle la situación.

Apreté la mandíbula, dándole vueltas a todo lo que había pasado en los últimos días.

—Sí, claro que sí —admití.

Tomás dejó escapar un bufido.

—Por fin tienes lo que querías. Un billete de vuelta a casa y sin retorno a esa enorme ciudad sin mar.

Solté una risa sin humor.

—Supongo que debería estar más emocionado. Pero… hay algo que me tiene… —suspiré—. No me hagas caso, es sólo que todavía lo estoy procesando.

—Llevas meses como un alma en pena, no me vengas ahora con que tienes dudas, tío. —Tras un breve silencio, en el que me daba una oportunidad para negar su afirmación, continuó—. Déjame adivinar: sigues esperando una señal de mi hermana. Tienes miedo de que no te reciba con los brazos abiertos.

No lo negué, ambos sabíamos que estaba diciendo la verdad.

—Mira, Cam, te lo digo en serio… No sé qué pasa por la cabeza de Natalia. A veces creo que está a punto de mandarlo todo a la mierda, otras parece un alma en pena porque sé que te echa de menos… y luego va y besa a ese patán —Tomás se calló de golpe.

Fruncí el ceño. No podía haber escuchado bien.

—¿Qué has dicho?

—Nada, nada. Olvídalo.

Podía imaginármelo, frotándose el pelo como siempre que estaba nervioso. Sabía que no había sido su intención decirlo en alto.

—Tomás.

Mi tono fue suficiente para que soltara un suspiro.

—No es importante, de verdad.

—Tomás —repetí, esta vez más firme.

Hubo un silencio incómodo.

—Mierda… Mira, no es algo grave, ¿vale? Es sólo que el otro día escuché a Natalia decirle a Abril que se había besado con Brad.

La frase me cayó como un puñetazo en el estómago. Sí, era lo que había escuchado.

El aire pareció espesarse a mi alrededor. Me detuve y apoyé la espalda contra la pared de un edificio, intentando estabilizar el suelo bajo mis pies.

—¿Qué? —empecé, pero las palabras murieron en mi boca.

—Cam, de verdad, no le des más vueltas. No significa nada. Te aseguro que no se la veía nada emocionada.

Nada emocionada.

—Olvida lo que he dicho —insistió.

No podía olvidarlo, ¿cómo me pedía eso? Sus palabras ya se habían instalado en mi cabeza como un maldito eco.

Natalia. Brad. Un beso. ¿Sólo uno? ¿Habría sido sólo una vez o eso es lo que había entendido Tomas?

¿Y si hubiera más? Me pasé una mano por la cara, intentando procesarlo, pero mi cabeza no paraba de llenarse de imágenes que no quería ver.

Natalia, mi Natalia, en brazos de ese hombre.

Me la imaginé sonriéndole, enredando las manos en su pelo, acercándolo a su cuerpo como hacía conmigo.

Y a él, abrazándola por la cintura. La simple idea de ellos dos juntos era suficiente para dejarme sin fuerza.

O, quizás Tomás estaba en lo cierto y no había significado nada.

Yo también había besado a Clara. Tal vez lo que había pasado entre ellos había sido algo similar.

Tomás que, con mi silencio repentino, debía intuir lo que estaba pasando por mi cabeza intentó traerme de vuelta a la conversación.

—Mira, lo que quiero decir es que Nat está hecha un lío. No lo veo como algo serio, ¿vale? De hecho, creo que ha sacado más conclusiones de ese beso que…

—Tengo que irme —solté de golpe.

—¿Cam?

Me demoré unos segundos en contestar.

—Sé que intentas animarme y te lo agradezco —me incorporé de la pared donde había dejado caer mi cuerpo abatido y emprendí el paso de vuelta a la comisaría—, pero ¿y si hubiese sido Abril? ¿Cómo te sentirías tú?

Tomás no dijo nada y si lo hubiese dicho tampoco lo habría escuchado. Colgué antes de que pudiera hacerlo.

Natalia había besado a Brad.

No, corregí de inmediato. Brad había besado a Natalia. Tenía que haber sido él. No podía pensar que ella había pasado página, que había decidido tomar ese camino lejos de mí. Sobre todo ahora, que estaba tan cerca de volver a casa.

Pero… ¿y ella? ¿Lo había detenido? ¿O lo había besado de vuelta?

Miré el móvil en mi mano. Por un momento, estuve a punto de escribirle o llamarla para preguntárselo. No lo hice. Respiré y traté de calmarme. No quería parecer desesperado o celoso, aunque lo estuviese: ambas cosas.

Y además tenía miedo de saber la respuesta.

No todavía. No podía. Sólo faltaban diez días para la boda de Tomás y Abril. Allí nos veríamos y hablaríamos. Mientras, tenía mucho que hacer.

Yo la quería y lo dejaría todo por ella si hacía falta. Ya era hora de aclarar nuestro futuro.