Amigas, bilogía completa Capítulo 13
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Capítulo 13

CÁMERON

E l calor de Madrid era diferente al de Mallorca, más seco, más constante, como una presión invisible que nunca te soltaba.

Estaba apoyado en la barandilla del balcón, contemplando el tráfico de la calle y el móvil pegado al oído, mientras Tomás hablaba ilusionado sobre la boda.

Intentaba seguirle el ritmo, pero mi mente estaba en otra parte.

—¿Y tú? ¿Ya tienes traje? —preguntó, intuía que por segunda vez, porque su tono tenía ese matiz de impaciencia que usaba cuando creía que no le estaba prestando atención.

—¿Yo? Claro, mi madre me mandó un par de los que me dejé en su casa. Solo que aún no he escogido cuál voy a llevar.

—Pues hazlo pronto. Eres mi mejor amigo, así que no puedes ir hecho un desastre —bromeó—. Abril está muy nerviosa, quiere que todo salga perfecto. Además… piensa en Natalia. ¿Quieres que te vea como el pingüino feo de la fiesta?

La mención de Natalia me hizo sonreír, aunque la sonrisa se sintió más amarga de lo que esperaba.

—¿Crees que todavía querrá ir de mi brazo? —pregunté, más en serio de lo que pretendía.

—Pues claro. Aunque no quisiera, se callaría por miedo a las represalias de Abril.

Me reí, pero el sonido se quedó atrapado en la garganta, como si algo me impidiera disfrutar del momento. Antes de que pudiera responder, Tomás soltó un «mierda» que me hizo enderezarme al instante.

—¿Qué pasa? —pregunté, notando el cambio en su tono.

—Natalia me acaba de escribir. Está en el hospital con Abril.

Mi cuerpo se tensó al instante. El aire a mi alrededor pareció desaparecer.

—¿Qué dice?

—«Estamos en el hospital. Todo bien, pero te aviso para que no te preocupes» —leyó.

—¿Dice por qué?

—No, no dice nada más. —Tomás se aclaró la garganta, podía sentir la preocupación en su voz—. Dice que están bien, pero… Joder, ni siquiera dice a cuál de las dos están atendiendo.

Pasé una mano por la nuca, intentando calmar la oleada de pensamientos que me invadía. Imaginarme a Natalia en un hospital, incluso acompañada de Abril, me hacía sentir como si alguien me hubiese golpeado en el pecho para recordarme que yo debería haber estado allí con ella.

—No soporto esto, Tomi. Odio estar tan lejos y no poder hacer nada.

—Cam, tranquilo. Si Natalia dice que están bien, entonces están bien. Ya sabes cómo es. Confío en mi hermana, le gusta bromear, pero no mentiría con algo importante.

Saber que tenía razón no me servía de consuelo. La distancia era como un muro, y ahora era más alto que nunca.

—Lo sé. —Apreté la mandíbula, intentando que mi voz no temblara.

—Voy a acercarme al hospital, ¿vale? —dijo Tomás tras un segundo de silencio—. Luego te llamo.

—Claro. —Cerré los ojos, frustrado—. No te imaginas cuánto me jode no poder estar ahí. De verdad, Tomi.

Tomás exhaló un suspiro, y pude imaginarlo pasándose la mano por el pelo, como hacía siempre que estaba nervioso e intentaba mantener la calma.

—Lo entiendo. Y no te preocupes, en nada estarás aquí con nosotros, ¿no?

—Sí, pero parece una eternidad. Y cada día que pasa siento que es una oportunidad menos. Una posibilidad menos de recuperarla.

Tomás guardó silencio un momento antes de responder.

—Tranquilo, hermano. Las cosas se resolverán. Si necesitas algo, estoy a una llamada de distancia.

—Gracias, Tomi.

Colgué y fijé la vista en el cielo despejado.

La luz del sol me molestaba, pero no me moví.

Mi mente se había trasladado al hospital, imaginándome a Natalia haciendo una de sus bromas para quitarle peso al asunto, metiéndose con el personal o lanzándole pullas a Abril mientras intentaba que nadie notara cuánto le afectaba estar allí.

Los hospitales siempre le habían parecido tristes, demasiado cargados de emociones que no sabía gestionar del todo.

Natalia era más sensible de lo que se esforzaba por aparentar; ver el sufrimiento ajeno la inundaba de una tristeza que, si se prolongaba demasiado, apagaba esa chispa tan suya.

Necesitaba saber quién estaba siendo atendida. Me preocupaba cualquiera de las dos, pero si era Natalia… ¿y si le pasaba algo mientras yo estaba aquí mirando por el balcón de mi apartamento como si nada? La idea me cayó como un puñetazo en el pecho, dejando un vacío que no sabía cómo llenar.

Golpeé la barandilla con la palma de la mano, buscando una salida para la frustración que me quemaba por dentro. Unas semanas. Solo unas semanas más y podría verla, volver a tenerla cerca. Y esta vez, no iba a dejar que la distancia o mis propios miedos nos mantuvieran separados.

Me metí en el apartamento como un autómata, sin saber muy bien qué hacer conmigo mismo.

No podía quedarme de pie en el balcón sin hacer nada, seguía imaginando lo peor y eso consumiría mis nervios.

Dejé el teléfono en la mesa con el volumen a tope a la espera de un mensaje o una llamada de Tomás.

Algo que me confirmara que ellas estaban bien.

Decidí distraerme. Encendí el ordenador con la intención de revisar correos, aunque sabía que no había nada nuevo.

Sin motivo, abrí una hoja en blanco y escribí su nombre.

Luego lo borré. Y lo volví a escribir. Si Nat estuviera aquí, se habría burlado de mí.

El teléfono sonó y me levanté de golpe. No era Tomás. Era un mensaje de Clara.

¿Ya te has decidido a invitarme a cenar o tengo que hacer yo el trabajo?

No era el momento. Clara tenía un talento especial para aparecer en los peores instantes. Dejé el móvil sobre la mesa, como si al apartarlo pudiera también ignorar la insistencia de su tono.

Resoplé, pasando una mano por el cabello.

Al principio, cuando la conocí, pensé que Clara se parecía bastante a Natalia: era directa y mordaz.

No le tambaleaba la voz a la hora de lanzar comentarios o insinuaciones.

Los hacía sonar como bromas sin importancia…

pero ya me había dado cuenta de su forma de actuar.

Se me había insinuado varias veces, a pesar de que yo también había sido muy claro al respecto.

No estaba interesado en ella, ni lo estaría.

Aunque no quisiera volver con Natalia, Clara era mi compañera de trabajo, y no estaba en mis planes cambiar ese rol.

Ahora mismo, no tenía espacio para esas tonterías en mi cabeza.

Volví a sumergirme en la tarea que me había autoimpuesto.

Revisando la pantalla del móvil cada cinco minutos, esperando.

Nada. Llevaba más de una hora dando vueltas por el apartamento, incapaz de concentrarme en nada: abría un cajón y lo cerraba al momento; me sentaba en el sofá y me levantaba a los diez segundos.

Incluso me había preparado un café para terminar vaciándolo frío por el desagüe.

El teléfono había sonado varias veces, mis compañeros para preguntarme si quería salir a tomar algo, mi madre para confirmar si ya tenía los trajes e incluso un número desconocido con prefijo de Senegal que no contesté.

Nunca Tomás. Y justo cuando estaba convencido de que no me llamaría hasta el día siguiente, por fin, lo hizo.

Contesté al instante, con el corazón acelerado y la garganta seca.

—¿Cómo están? —pregunté antes de que él pudiera decir nada. Mi voz sonaba más urgente de lo que pretendía.

—Tranquilo, Cam. Todo está bien. —Su tono era calmado y relajado, eso me tranquilizó—. Ha sido Abril. Una bajada de tensión y algo de deshidratación. Creo que la boda le está afectando demasiado. No descansa bien, no come como debería, y al final el cuerpo le ha pasado factura.

Solté un suspiro de alivio y la presión en mi pecho disminuyó a cero.

—¿Y Natalia? —pregunté, porque, aunque ya había dicho que «todo estaba bien», necesitaba escucharlo de nuevo.

—Perfecta, como siempre. Aunque creo que ha disfrutado demasiado controlando la situación. Ya sabes cómo es tu amiga.

Sonreí ante el tono burlón de Tomás cuando dijo la palabra amiga, al principio le había costado asimilar nuestra relación. Yo soy hijo único así que no puedo ponerme en su lugar, pero entiendo que no debe ser agradable enterarte de que hay algo entre tu mejor amigo y tu hermana pequeña.

—Se han quedado en casa de Natalia, les apetecía ver El Guardaespaldas de Whitney Houston. —Tomás soltó un bufido —. No sé cómo pueden tragarse esa película otra vez. Yo no pude quedarme.

Me reí, aunque sin demasiada fuerza.

—Siempre has odiado esa película.

—Porque es soporífera —respondió Tomás con tono exagerado—. Aunque Abril insiste en que es una obra maestra. En fin, ya están tranquilas y descansando. Natalia se está encargando de todo, como siempre.

Me quedé en silencio por un momento imaginándomelas en el sofá de la que había sido nuestra casa.

—Gracias, Tomi. De verdad.

—¿Por qué me das las gracias? No he hecho nada fuera de lo normal.

—Por estar ahí. Porque yo no puedo.

Tomás hizo una pausa antes de responder, y su tono fue más serio.

—Tío, son mi hermana y mi prometida… estaría ahí de todas formas.

Suspiré, pero no respondí. Sabía que tenía razón.

Colgamos y por fin pude relajarme contra la pared, aunque la tranquilidad me duró poco, porque el teléfono vibró con un nuevo mensaje de Clara. O esta chica no entendía las cosas o le importaban poco.

Espero que no estés demasiado ocupado para contestarme, guapo »

Rodé los ojos y bloqueé la pantalla. De verdad que no tenía la cabeza para eso. Mis pensamientos estaban a cientos de kilómetros de aquí, en Mallorca, con las personas que en verdad me importaban.