Amigas, bilogía completa Capítulo 19 #3
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Capítulo 19 #3

—¡Esa no es la cuestión!

—No me importa —contestó encogiéndose de hombros, se acercó y continuó más bajo—, además, creo que al final fuiste tú el que se aprovechó de la situación.

Sus palabras me dejaron frío.

—¿Qué?

—Rafa me dijo que cuando le pegaste ibas sin camiseta y...

—Cállate. No sabes de lo que hablas.

—Os vi. Fui a comprobarlo cuando volvimos de urgencias. Ni siquiera echaste el cerrojo de la puerta y os vi a los dos, a ella no le vi la cara hasta esta mañana, pero a ti sí te vi, dormido muy acaramelado a su lado.

—Basta ya, Anya. —Me dio un empujón.

—Su pierna estaba enroscada en tu cintura y la agarrabas por el muslo. ¿Me vas a decir que eso tampoco pasó? Tú verás lo que haces con esa niña, Tomás.

Se dio media vuelta y se fue a la casa de al lado. Algo me decía que ahora sí habíamos terminado.

Me quedé unos segundos analizando nuestra conversación, o discusión, según se viera. Por un lado, por fin habíamos dejado las cosas claras, pero por otro, me había quedado más confundido que nunca con respecto a mis sentimientos por Abril.

Abril era mi mejor amiga, antes de irme de la isla jamás me había planteado que quisiera algo más que nuestra amistad, pensaba que era un sentimiento nuevo, algo que había surgido al volver a verla después de tantos meses, pero ahora todo el mundo parecía ver algo que yo no había visto. Me sentía frustrado.

Me dirigí al sendero que daba a la playa, necesitaba unos minutos a solas (aunque a estas horas ya habría algunos turistas madrugadores), por lo menos escaparía de cualquier otro familiar, conocido o amigo preparado para seguir jodiéndome la mañana.

No llegué muy lejos, me topé con Abril sentada en la roca que utilizábamos a modo de trampolín para lanzarnos al mar. Se abrazaba las piernas mientras contemplaba el horizonte, estaba preciosa.

Anya me había dicho que se había cruzado con ella en su casa, por lo que pensé que seguiría allí, pero me equivoqué y ahora la tenía delante.

Y no estaba preparado. Todas las cosas que quería decirle cuando me había despertado sin ella a mi lado se habían desvanecido; después de todo, ella y Natalia eran de la misma edad, y yo había estado a punto de arrojar a mi mejor amigo fuera de casa por hacerle a mi hermana lo que yo quería hacerle a mi mejor amiga.

Me decía que no era por la edad, era porque Natalia era mi hermana, pero...

¿no llevaba a acaso toda la vida diciendo lo mismo de Abril?

¿Que ella también era como una hermana para nosotros?

Di un paso atrás, dispuesto a marcharme sin que ella se diera cuenta, pero tropecé con una piedra del camino que me hizo perder el equilibrio y caí, con el culo y el orgullo doloridos por igual.

—¡Au! —exclamé.

Abril se dio la vuelta y comenzó a reír sin parar, con el ruido se había percatado de mi presencia y se había girado para contemplar la escena.

—¿Te... has... hecho... daño? —preguntó, sin parar de reír.

—No —respondí, ella me miró y alzó una ceja interrogante—. Vale, un poco.

Se levantó y se acercó, llevaba el pelo atado en una coleta alta y una camiseta de asas que ya no guardaba secretos para mí. Me sentí culpable.

—Tomi, ¿te pasa algo? —preguntó, pasando una mano por delante de mi cara—. Te has quedado catatónico.

Me aclaré la garganta y acepté la mano que me tendía como ayuda para levantarme.

—Joder, esa piedra ha dolido.

—No te preocupes, creo que tu dignidad sigue intacta, nadie más lo ha visto y yo ya estoy acostumbrada a verte hacer el ridículo.

—Muy graciosa. —La miré a los ojos y recordé lo que había pasado la noche anterior—. ¿Cómo te encuentras? Anoche...

Abril se sobresaltó y se dio la vuelta colorada, comenzó a alejarse de mí para sentarse nuevamente al borde de la roca.

—Bien, creo que bien. Cuando me levanté me dolía mucho la cabeza, pero me tomé algo y ahora estoy mejor.

—Me imagino.

Me miró sin levantar la cabeza.

—Creo que ayer la lie bastante, lo siento.

Me acerqué a ella y me senté a su lado, dejando mis piernas colgando hacia el mar.

—No tienes que avergonzarte de nada. Ese cabrón te echó algo en la bebida.

Me giré hacia ella y le cogí la mano.

—Escúchame, Abril, nunca, nunca jamás, se te ocurra coger una bebida de alguien a quien no conozcas.

—Lo sé, pero se supone que era tu amigo, ¿por qué tendría que desconfiar?

—Mira, ese hijo de puta no es mi amigo, eso para empezar, y... —no sabía cómo seguir esta conversación—. Eres demasiado bonita para confiar en las intenciones de nadie.

Me miró.

—¿Incluso de las tuyas?

La miré, recordando lo que habíamos hecho en la habitación la noche anterior.

—Incluso de las mías —afirmé.

Frunció el ceño ante mi respuesta.

—Casi no recuerdo nada —continuó—, pero... ¿sabes? Creo que ese cretino quería comerse a Patitas.

La miré estupefacto.

—Cariño, no sé lo que te diría ese cretino, pero dudo mucho que se refiriese a ese conejo.

Abril se puso colorada y ocultó la cara tras las manos.

—¡Mierda! Debes pensar que soy una estúpida —suspiró antes de proseguir—. Tengo que decirte algo, y creo que me vas a odiar un poquito.

—¿Odiarte? ¿A ti? —Ahí estaba, me iba a dar calabazas—. Eso es imposible —contesté tan bajo que dudé de si me había escuchado o no.

—He pasado la noche con alguien en tu cama.

—¿Con alguien? —pregunté desconcertado.

Abril se giró hacia mí, tenía los ojos anegados de lágrimas no derramadas.

—No sé quién era ni lo que hice. —Comenzó a llorar mientras decía esto último—. Cuando me desperté, estaba a mi lado en la cama y… no pude girarme para verle la cara, me escapé mientras dormía —bajó la voz hasta convertirla en un susurro—. Debes pensar...

Me acerqué más a ella y le cogí la cara con las manos, borrando los surcos de lágrimas que recorrían sus mejillas.

—Para, para, tranquila. Era yo. Dormiste conmigo, no tienes nada de lo que preocuparte.

Las sombras desaparecieron de su mirada, estaba claro que no recordaba nada de lo que habíamos hecho antes de dormir y en ese momento no me pareció oportuno hablar del tema.

Pero me carcomía pensar que, lo que para mí había sido el beso más arrollador de mi vida, ni siquiera había existido para ella.

Esa boca me atormentaría por el resto de mi vida.

—Pero... Anya, yo os vi... y ella me dijo que tú te habías peleado... ¡Oh! Lo siento tanto, te estropeé la fiesta.

—Tranquila. Está todo bien, ¿vale? Yo no quería esa fiesta, para empezar.

—Pero Alberto dijo que vais a muchas fiestas en la Universidad.

Me reí y me acerqué a ella. Rodeé sus hombros con el brazo y apoyé la cabeza sobre la suya.

—Sí, vamos a muchas fiestas porque él quiere ir.

—Podrías quedarte en casa.

—Una vez me quedé en casa y acabó en la comisaría. Tuve que ir a buscarlo a las cinco de la mañana porque se había peleado con unos chicos... Nunca más, ahora voy para vigilarlo. Ese chico es más problemático que Bart Simpson.

Noté como la tensión abandonaba el cuerpo de Abril y se relajaba entre mis brazos, notaba su confianza, todos los años de cariño y amistad. Y ahora no me parecía suficiente.

—Gracias por cuidar de mí, Tomi. Te quiero.

—Yo también te quiero, cariño.

1   Actor estadounidense conocido por sus múltiples excesos.

2   Palabra en alemán, se puede traducir como mierda o joder.