Capítulo 17
TOMÁS
D espués de atravesar el jardín de Abril hasta la piscina, todos gritaron «¡Sorpresa!
» y Anya salió del agua corriendo para lanzarse encima de mí como una leona por una presa fácil.
No reaccioné y no la detuve. Tenía mucho que procesar.
La noche estaba siendo una locura. Yo solo quería pasar una noche tranquila.
Antes de poder decir nada, se abalanzó sobre mi boca y me besó con ansia.
No la rechacé de inmediato, pero tampoco le devolví el beso con el entusiasmo de otras veces.
Mi boca seguía una rutina mecánica provocada por unos labios conocidos, pero mi cabeza pensaba en otros diferentes, los de Abril, comparaba la textura de unos con los otros y me preguntaba cómo sería si fuese ella quien me estuviese besando en ese instante.
Eso bastó para sacarme del trance.
—¡Anya, para! —La agarré por la cintura y la separé de mí con fuerza—. ¿Qué estás haciendo? —Todo mi buen humor se había ido al garete.
—¡Qué pregunta más tonta, cariño! —dijo entre risas—. ¿A ti qué te parece?
—Me parece que estás fuera de lugar. ¿Qué haces aquí? Pensé que ibas a volver a tu casa.
Anya me soltó por fin y borró la sonrisa de su cara.
—Iba a volver, pero Rafa me invitó a pasar unos días en su casa de Laredo y me pareció divertido.
Rafa, puto Pulpillo. Al final había conseguido a la chica a base de talonario. Eso decía más de ella que de él y de mí, porque me daba igual. Le lancé una mirada asesina a Alberto, ya lo hablaríamos más tarde.
—Me parece estupendo que te lo hayas pasado bien con él. Pero eso no explica qué hacéis aquí.
— Fich dich! 1 —gritó—. He venido por ti. ¿Es que no te alegras?
Me froté el pelo con las manos.
—Si te hubiese querido aquí, te habría invitado yo mismo. ¿Es que eso no te dice nada?
—¿Cómo voy a saber nada si no me contestas el teléfono? —Ahora ella me gritaba y a mí me daban ganas de reír por la escena tan estúpida que estábamos montando.
—Anya, lo nuestro terminó antes de empezar. —Intentaba calmarme, no quería empeorar la situación—. Pensaba que lo tenías tan claro como yo.
—Pues está claro que no —dijo, dando un giro brusco y corriendo hacia el interior de casa, dejándome a la vista de todos los que contemplaban la escena como un gilipollas.
Quizás en ese momento me tendría que haber sentido mal por ella, pero no podía, porque ya entendía qué hacía Pulpillo aquí.
Me volví hacia Alberto, decir que estaba enfadado sería quedarse corto.
—¿Te das cuenta de la mierda que me has liado?
Cuando te dije que no quería hablar con ella...
—le grité—. ¿En qué coño estabas pensando?
¿Para quién es todo esto? —pregunté, señalando a la gente, la decoración, los altavoces y las mesas repletas de bebida—.
Eres un puto egoísta que solo piensa en pasarlo bien sin importar lo que queremos los demás.
Esta vez la has cagado a lo grande. Te quiero fuera de mi casa junto con toda esta gente.
Comencé a caminar a paso ligero fuera de la propiedad.
—Tomás, lo siento, tío —se disculpó siguiéndome por el camino—. Pensé que te gustaría verla, de verdad. Ha sido tu chica durante meses.
—Cállate, ¿en qué momento lo pensaste? ¿Cuándo te dije que no quería hablar con ella o cuando te dije que entre nosotros no había nada? No tienes excusa. —Me paré en seco y me giré hacia él—. Me has decepcionado, si fueras mi amigo sabrías que ella no es buena para nadie más que para ella misma.
Volví a mi casa dejando a Alberto y toda su mierda atrás, en ese momento solo necesitaba encerrarme en mi habitación y que me dejaran tranquilo porque el ambiente en mi jardín era cada vez más alocado.
Miré hacia la entrada del salón, donde habían estado Abril y Alejandro antes de dejarme arrastrar por Alberto; ya no estaban.
La busqué por todo el jardín, recorrí cada esquina y repasé cada grupito cerrado en su búsqueda sin mejores resultados.
En ese momento me juré que como ese le pusiese una mano encima, se iba a quedar con un miembro menos.
Encontré a mi hermana con Cámeron y un grupo de la universidad, me acerqué a ella y le quité de la mano una botella vacía, no quería saber de qué era.
—¿Se puede saber qué cojones estás haciendo con esto en la mano?
Natalia me miró con el ceño fruncido.
—¿De camarera? —preguntó con retintín—. ¿Y tú?
Por su forma de hablar era fácil adivinar que no estaba borracha y eso me dejó más tranquilo, por lo menos un poquito, porque seguía sin ver a Abril por ninguna parte.
—Estoy buscando a Abril. —Señalé la zona de las escaleras—. Antes estaba allí con Alejandro, el de la pizzería, ¿sabes si se han marchado juntos?
—¿Juntos? —preguntó y comenzó a reírse, tal vez sí estaba un poco borracha—. Pero si ese chico te tiene tanto miedo que se ha marchado antes de que...
No terminó la frase.
—¿Antes de qué? —pregunté—. Termina.
—¿Qué más da? Además, ¿a ti qué te importa?
—Arremetió en mi contra dándome golpes en el pecho con su dedo escuálido—.
Por lo que sé estabas muy ocupado explorando las amígdalas de tu no novia.
—Me dio un empujón con la mano y continuó sin darme la oportunidad de contestar—.
No te entiendo, Tomás. Me dices que esa chica no te interesa y en cuanto la ves te olvidas de lo importante.
Definitivamente, mi hermana estaba más borracha de lo que aparentaba en un principio, porque no entendía nada de lo que me decía.
—La vi esta tarde, ¿y sabes lo que pensé?
—Ilumíname —contesté esperando que el monólogo terminase pronto.
—¡Que esa chica no es más que una copia barata!
—¿Una copia de qué?
—¡De Abril, gilipollas!
Sus palabras me cayeron encima como un jarro de agua fría.
—¿Qué quieres decir? —pregunté desconcertado. Anya y Abril no se parecían en nada.
—A ver... déjame pensar —dijo, mientras se golpeaba el mentón con el dedo índice—: las dos son rubias, tienen los ojos verdes, unas piernas bonitas... ¿ves por dónde voy? ¡Por Dios, Tomás! ¡Pero si hasta son extranjeras!
Se frotó el entrecejo mientras pensaba sus próximas palabras.
—O tienes una extraña fijación o estás utilizando a esa chica, ¿de verdad que no lo ves?
No, no lo veía.
—¿Utilizándola para qué?
—Porque por algún motivo, en esa cabeza tuya, te has buscado una sustituta para la chica que crees que no puedes tener.
—¿Dónde está?
—¿Cuál de las dos?
—¡No me jodas, Natalia! ¿Dónde está Abril?
Natalia miró a ambos lados antes de contestar.
—Pues... —contestó algo confusa—. Ahora que lo dices, no lo sé. Ella estaba aquí hace un momento. —Alzó ambas manos con las palmas hacia arriba—. Estaba bailando con un chico.
—¿Con Alejandro?
—No, no, no, ya te dije que Ale se marchó hace tiempo.
—Entonces, ¿con qué chico? —pregunté preocupado.
—Uno de los que se quedan en la casa, muy pijo, llevaba un polo de Ralph Lauren rosa y unos chinos azul marino. ¡Qué hortera! ¿No te parece? ¡Estamos en la playa!
Agarré a mi hermana por lo hombros y la sacudí. El único gilipollas que llevaba un puto polo de marca a una fiesta en la playa era Pulpillo.
—Céntrate, Natalia. ¿Dónde han ido?
—No lo sé.
—¿Has visto por lo menos hacía donde iban? Por favor, Natalia. Ese tío es peligroso.
Natalia se zafó de mi agarre y me empujó enfadada.
—¡Para ya! Déjala en paz. Si le gusta ese tío y le apetece enrollarse con él, ¿qué problema hay? —Señaló la verja que separaba nuestros jardines—. Hace un rato estabas enrollándotelo tú con la tipa esa.
—Eso no es verdad —repliqué.
—¿Me estás llamando mentirosa? Abril te vio, ¿vale? Fue a buscarte y os vio.
«Mierda, mierda y más mierda», pensé. Tenía que encontrarla y Natalia no parecía servir de gran ayuda, así que salí de allí en su búsqueda.
No estaba en su jardín, de eso estaba seguro porque la habría visto de camino, eso solo me dejaba dos opciones: recorrer el camino hasta la playa, algo que dudaba que ella hiciese a esas horas y con un desconocido por muy borracha que estuviese, o entrar en mi casa y recorrerla de arriba a abajo en su búsqueda.
—Se han ido hacia la casa —intervino Cámeron—. Abril ha bebido bastante, pero no parecía un mal tipo.
—No tienes ni idea —contesté.
Me di la vuelta y emprendí el camino hasta llegar al salón, donde los vi.
Él estaba pegado a su espalda, sus brazos la rodeaban por la cintura y le susurraba palabras al oído mientras ella se reía.
Podría parecer que se lo estaba pasando bien, pero la conocía y estaba claro que allí pasaba algo raro, le costaba mantenerse en pie y tenía la mirada turbia.
—¡Aléjate de ella! —grité, alejándolo de un empujón y estampándolo contra la pared.
—Perdona, tío —contestó entre risas, el cabrón estaba colocado—, solo la estaba ayudando a pasárselo bien.
—¿Qué mierda le has dado?
—Nada importante, ¿vale? Solo es un poco de GHB 2 . —Hizo el estúpido símbolo de la paz con las manos—. No te preocupes y disfrútala si te gusta.
Estaba a punto de pegarle un puñetazo en toda la cara cuando me fijé en que Abril no tenía buena cara. Se reía de forma antinatural y daba tumbos de un lado a otro.
Fulminé a Rafael con la mirada y me eché a Abril sobre los hombros para alejarla de semejante mal nacido.
1 ¡Vete a la mierda! en alemán.
2 También llamado éxtasis líquido. Cuando se añade a una bebida alcohólica, tiene un efecto depresor del sistema nervioso que puede hacer que el consumidor se desmaye y pierda la conciencia. Por eso, el GHB se conoce como la droga de las violaciones.