Amigas, bilogía completa Capítulo 16
22%

Capítulo 16

AbrIL

¡ Q ue idiota me sentía! Aquella fiesta no había resultado ser como me esperaba.

En mi cabeza, me había hecho la estúpida fantasía de que Tomi, mi Tomi, me llevaría de la mano de aquí para allá presentándome a todos sus amigos. Aunque tan solo fuese como una amiga. Pero que por lo menos estaría pendiente de mí.

Después del desastre de esta tarde, me conformaba con su amistad. Me moría de miedo y vergüenza. La idea de haberlo estropeado todo era peor que pensar que él nunca sería para mí.

—¿Quieres una copa? —preguntó Alejandro.

—Sí, por favor. —Enrollé la cadena de mi colgante en el dedo índice mientras repasaba cara por cara todos los desconocidos que tenía delante.

Alejandro regresó un par de minutos después con una copa de cristal hasta arriba de hielos y un líquido transparente.

—¿Qué es?

—Algo suave, vodka con 7Up . He pensado que como no estás acostumbrada... tiene un sabor suave.

No pude evitar sonreír, Ale era un chico atento y encantador, gracias a él empezaba a sentirme relajada en la fiesta. Y lo que me había dado estaba realmente bueno.

—¿Te he dicho ya lo guapa que estás?

—Sí, lo has hecho.

Alejandro señaló a Tomás con un gesto de su mentón mientras bebía de su copa.

—De verdad creo que no ha sido buena idea venir esta noche.

Lo miré un poco sorprendida. El semblante de Alejandro se volvía más serio mientras observaba fijamente a Tomás. Como si pudiese sentir sus ojos encima, Tomás le devolvió la mirada mientras le preguntaba algo a Cámeron, que por fin había hecho acto de presencia junto a Natalia.

—¿Por qué dices eso? Vosotros habéis sido amigos desde —pensé durante unos segundos—, no lo recuerdo. Cuando te conocí ya erais amigos.

Alejandro me miró con una media sonrisa.

—Esa es la cuestión. Me gustaste desde la primera vez que te vi.

Alejandro y yo nos habíamos conocido hacía cinco años.

Tomás se había quedado a cargo de Natalia mientras su madre trabajaba y mi padre estaba de viaje en Noruega, acababa de fallecer un tío suyo.

Los amigos de Tomás no parecían muy contentos, menos Ale, que se había esforzado por mantenernos entretenidas.

—Pero si era una cría. Tenía trece años.

Alejandro sonrió y asintió con la cabeza.

—Pero entonces ya eras una belleza, créeme.

No pude evitar sonrojarme al recordar todas las veces que me lo había dicho.

—Siento que lo nuestro no funcionase.

—Tranquila, a veces las cosas no cuajan. Me alegro de haber tenido una oportunidad.

—Eres un buen chico, Ale. —Le acaricié el brazo de forma amistosa—. Un día encontrarás a la chica adecuada y será afortunada.

Ale me dio un fuerte abrazo con el brazo que tenía libre y depositó un beso en mi pelo.

—Gracias Abs, eso espero. —Me soltó y puso un poco de distancia entre los dos—. Creo que será mejor que me vaya. No quiero generar problemas.

—¿Problemas? —pregunté sorprendida—. ¿Por qué dices eso?

Señaló hacia Tomás que se alejaba a toda velocidad hacia el jardín de mi casa con Alberto. Llevaba cara de pocos amigos.

—Cuanto más tiempo pase aquí, más probabilidades hay de que se entere de lo nuestro y, lo siento, Abs, pero no me apetece lidiar con ese marrón.

Lo miré y volví a mirar hacia la verja que separaba ambas propiedades, ¿habría más gente allí?

—No lo entiendo.

Alejandro se rio y apuró su copa hasta el final.

—Una vez me advirtió que me alejara de ti o me cortaría las pelotas, Abril.

—Bueno, es normal. Tomi siempre nos ha protegido mucho.

—¿Os? —dijo con sorna—. No, cielo, te aseguro que a Nat siempre le ha dado más cancha que a ti. Si no, a estas alturas, el que no tendría pelotas es Cámeron. —Se rio.

—¿Crees que sabe lo suyo?

—No lo creo, porque no se fija. Y no se fija porque solo tiene ojos para ti. —Se puso serio y volvió a mirarme—. Siempre ha sido así, Abs. No lo puede evitar, ¿no te das cuenta? No lo culpo, yo haría lo mismo si...

—¿Si qué?

—Da igual, ya lo intenté. Ahora mejor me voy. —Se acercó y me dio un beso en la mejilla—. Cuando quieras hablar, sabes dónde encontrarme y, si te hace daño, dímelo y seré yo quien le corte las pelotas —dijo entre risas.

Me alegraba saber que, a pesar de que nuestra relación no había funcionado, Alejandro se había convertido en un amigo de confianza. Sobre todo, este verano, que Nat se escapaba con Cámeron cada vez que tenía ocasión y Tomás estaba ocupado con Alberto.

—Gracias, Ale. Me gusta contar contigo. Me has alegrado la noche. Hasta que has aparecido, me sentía fuera de lugar.

Me miró con el ceño fruncido.

—¿Quieres que me quede? ¿Vas a estar bien?

—No te preocupes, ahora ya me siento mejor. Creo que buscaré a Tomi, todavía no he hablado con él y… bueno. Esta tarde hice una tontería y necesito arreglar las cosas.

Alejandro me dio un beso suave en la mejilla y se fue. No me sentía cómoda con la idea de que se fuera por miedo a la reacción de Tomás.

Me quedé sola otra vez, Nat estaba con Cámeron y un pequeño grupo al fondo del jardín, todos se reían abiertamente.

Tenía ganas de unirme a ellos, pero también quería hablar con Tomás.

Sentía que había avanzado mucho este verano, llevaba años obsesionada con mi mejor amigo y por fin estaba preparada para abordar estos sentimientos.

La charla con Ale me había servido de mucho y quería saber qué se escondía detrás de tanta protección.

Enfilé el camino hasta mi casa, por donde él había desaparecido. Quizá fuese efecto del alcohol, pero me sentía decidida y ni siquiera me molestaban los comentarios subidos de tono que me profesaban los desconocidos que dejaba atrás mientras avanzaba.

Todo terminó en cuanto crucé la verja.

Solo necesité un segundo para reconocerla. Alta y despampanante, Anya estaba allí, y estaba besando a Tomás.

Salí huyendo por donde había venido con el corazón en la boca.

La chica por la que Tomás había pasado de volver a casa y cumplir con los planes que teníamos para celebrar mi cumpleaños. Ahí estaban, besándose en mi jardín.

En ese momento no supe qué era más vergonzoso: el torpe beso que le di en la playa, que ahora se comieran la boca en mi casa o que Alberto me hubiese visto haciendo mutis por el fondo.

Estaba deshecha y me moría por abandonar el lugar.

Intenté salir corriendo hasta la playa. Para ello, tenía que pasar por donde estaban Nat y los demás; si me veían llorando, no me iban a dejar escapar, por lo que tuve que morderme la lengua para desviar el dolor que sentía hasta mi boca y aguantarme las lágrimas que se peleaban por salir.

Cuando estaba a punto de dejarlos atrás, una mano me agarró del antebrazo, era Nat y me miraba preocupada.

—Abril, ¿qué pasa?

Me acerqué a ella para que nadie más pudiese escuchar.

—Están allí, Nat, en mi casa.

—Abril, lo siento, la fiesta se nos ha ido un poco de las manos. Estoy segura de que hay un montón de gente en tu casa, pero no creo que tengas que preocuparte. Mañana ya lo limpiaremos todo.

—No, Nat. No lo entiendes. Anya y Tomás.

—¿Qué? —Desvió la mirada hacia el lugar que le señalaba.

—Que se lo están montando en mi jardín, joder.

Nat abrió los ojos como platos.

—No puede ser, seguro que es un malentendido, Abril.

—¿Un malentendido? —dije demasiado alto. Volví a bajar la voz—. Los acabo de ver, Nat. ¡No estoy ciega!

Ya no podía contener las lágrimas y notaba como el pulso me iba a toda velocidad. Natalia me acercó una copa.

—Toma, creo que necesitas relajarte. —Meditó durante unos segundos antes de continuar—. Voy a cortarle los huevos a Alberto por haberla invitado.

Cogí la copa y bebí la mitad del contenido de un trago. Esto no estaba tan bueno como lo que me había dado Alejandro.

—¡Puaj! ¿Qué es esto? —dije, mientras nos alejábamos un poco del grupo para tener más privacidad.

—Ron con Cola —contestó, y me enseñó la botella que llevaba en la mano —, Cacique .

—Pues es asqueroso.

Seguí bebiendo a tragos más pequeños. No me importaba el sabor, solo quería algo que me ayudase a soportar la noche.

—Alberto me dijo que Tomás estaba evitando a Anya, ya sabes, poniendo distancia.

La miré con las cejas levantadas. El ron estaba empezando a hacer su efecto y ya me sentía más ligera.

—Pues yo los he visto bastante apretados —dije, enfadada.

—Lo siento. —Me dio un abrazo—. Pensé que mi hermano había terminado del todo con esa chica.

— ¡Joder! ¿Sabes qué es lo que más me enfada? —Señalé la puerta de entrada a la casa—. Alejandro se ha marchado por miedo a Tomás. No quiere que sepa que estuvimos juntos porque piensa que le va a dar una paliza.

—Y se la daría…

—¡No me estás ayudando! —Estaba muy frustrada.

—Tomás siempre ha sido celoso.

—No son celos, Natalia, es ese puñetero complejo de hermano mayor que tiene.

—Son celos —dijo ella serena—, si no haría lo mismo conmigo. Yo sí soy su hermana pequeña.

Puse los ojos en blanco y terminé lo que me quedaba de bebida de un trago. Me ardía la garganta, pero daba igual, necesitaba más. Le tendí el vaso a Natalia para que lo rellenase con la botella que tenía en la mano.

—Adelante, cuéntale entonces que llevas meses saliendo con Cámeron, que no te ha quedado ninguna asignatura y que solo lo utilizas como excusa porque no quieres matricularte en la universidad y ya, de paso, aprovechas ese tiempo para tirarte a su mejor amigo.

—Abril, te estás pasando —dijo seria—. Yo siempre te he apoyado y si no le cuento lo de Cámeron es porque él no quiere. También tiene miedo de que le rompa la cara.

—Vale, perdóname, solo estoy un poco nerviosa. Volvamos y… voy a pasármelo bien. Es lo que tengo que hacer. Si hoy no tengo nada que hacer con él, no voy a dejar que me afecte.

—¡Así se dice, chica! Aquí hay un montón de chicos que están igual de bien o mejor que mi hermano —se rio—. Créeme, ya me han preguntado por ti.

Sabía que esa chica existía y que Tomás no la había invitado, pero dolía igual, decidí que me lo iba a pasar bien el resto de la noche.

Tomás no estaba para alejar a los chicos de mí y, ahora que no le prestaba atención, me daba cuenta de que realmente había muchos en la fiesta. Quizá era momento de pasar página.

Las canciones de moda se sucedían unas a otras, me sentía ligera como una pluma mientras bailaba y me reía.

Al final estaba siendo una noche de lo más divertida.

Descubrí que los amigos de Tomás eran divertidos y atentos.

Me dejaban probar de sus vasos, me hacían reír con sus chistes malos y alguno incluso me invitó a salir.

A ver, que no lo hacían en serio, la mayoría cogería un vuelo al día siguiente de vuelta a su casa.

Poco a poco, sin darme cuenta, me fui alejando de la seguridad que me proporcionaban Natalia y Cámeron. Iba de la mano de un chico, lo acababa de conocer, pero era un amigo de Tomi, ¿qué daño me podían hacer? Mezclarse estaba bien, socializar estaba bien.

— Rafafa , Raaffaeel , Farraael —intentaba corear su nombre mientras bailábamos, algo bastante difícil.

Cuando me di cuenta, estábamos en el salón, y me entraron unas ganas locas de reír así que me llevé las manos a la cara para taparme la boca.

—¿Has sido malo, Farraell ? —pregunté, balanceándome lejos de él, que daba unos pasos para impedir que el espacio creciese entre nosotros—. ¿Le has puesto algo a mi bebida?

Él se acercó más, su aliento me hacía cosquillas en el cuello mientras me susurraba al oído.

—No te preocupes, nena. Solo es algo que te ayudará a relajarte.

—¡Aléjate de ella! —gritó una voz conocida.

No tuve tiempo de contestarle porque unas manos fuertes nos separaron de un empujón y casi caigo al suelo.

—Perdona, tío, solo la estaba ayudando a pasárselo bien.

Se dijeron algunas palabras y escuché un golpe, fue un momento confuso que casi no pude volver a recordar.

Todo me daba vueltas, el mundo se había convertido en un caleidoscopio de luces y ruido. Alguien me cargó sobre su hombro y me alejó de allí a toda prisa, debería haberme puesto a gritar, después de todo no sabía quién nos había interrumpido, pero estaba demasiado perjudicada como para preocuparme.