Capítulo 10
AbrIL
— M uy bien —dije—, ¿cómo lo hacemos?
Aprovechando que Tomás se había marchado con Natalia y su madre para hacer la compra, Alberto y yo nos quedamos en casa para empezar a planear la fiesta.
—Yo... No tengo mucha experiencia en el tema.
Me miró con una expresión llena de positividad en la cara.
—Es fácil, ya verás. Tenemos que repartirnos las tareas entre los tres, dos trabajan mientras el otro distrae a Tomás.
—¿Cuánto aforo crees que cogerá entre los dos jardines?
Me miró como si me estuviese saliendo una segunda cabeza.
—¿Qué importa eso?
Iba a protestar, la seguridad era un tema importante. En el telediario teníamos muchas noticias por aquí sobre turistas que sufrían accidentes por cometer excesos o sobrecargar las terrazas de los hoteles.
—Natalia y tu tendréis que encargaros de los amigos que Tomás tenga por aquí. Yo no los conozco. Yo me encargo de los de la uni.
—Hablaré con Cámeron —confirmé.
Después de repartirnos el resto de las tareas, nos tomamos un descanso para conocernos un poco mejor.
—Esto me recuerda una cosa —dijo Alberto—, espera aquí un momento, por favor. —Miró por encima de mi hombro—. No te vayas.
Cuando volvió, traía una bolsa en la mano. No tardé en reconocerla, se trataba de la de la tienda de recuerdos del acuario al que habíamos ido hacía un par de semanas.
—Creo que no empezamos de la mejor manera —dijo cabizbajo—, y ha sido culpa mía. Lo siento, compré esto para ti, pero... no pude dártelo en el momento.
Cogí la bolsa un poco indecisa y miré su contenido: dentro había un pequeño delfín de peluche.
—Gracias, es muy bonito. Pero ¿por qué? No tenías que hacerlo.
Me dedicó una de sus grandes sonrisas, en serio, tenía una boca muy grande, y se inclinó sobre mí para darme un beso en la mejilla.
—Desde que estoy aquí, estoy seguro de que has sido la persona más amable y paciente conmigo.
—Ya, bueno, pero no podías saber eso cuando lo compraste.
—Tienes razón, cuando lo compré solo pensaba en comprar algo para la chica más bonita que he visto en mi vida.
Le tendí el delfín.
—Entonces, tómalo, tendrás que dárselo a ella.
Alberto se rio y dio un ligero empujón al delfín de vuelta hacia mí.
—No, definitivamente es para ti. Mira, sé que la cagué un poco contigo, al principio no sabía por qué, luego Tomás me explicó un poco lo de tu madre y me di cuenta de que había sido un insensible. De verdad que lo siento.
—Pero ¿por qué no me lo diste ese día?
—Cuando salí de la tienda —desvió su mirada por encima de mi hombro—, os vi a Tomás y a ti abrazados, parecía algo íntimo y no me pareció el momento.
En eso había tenido ojo, no me habría gustado una interrupción de su parte, así que asentí.
Me abracé al delfín, que realmente me gustaba muchísimo, y le di un beso en la mejilla.
—Gracias, es muy bonito por tu parte.
Empezaba a pensar que no era un mal chico, solo un poco excéntrico.
—¿Qué hacéis, chicos? —dijo una voz a mi espalda.
Giré y me encontré a Tomás mirando directamente el peluche que tenía en los brazos. No podía decirle lo que estábamos haciendo, me llevé la mano al colgante con forma de flor que me había regalado.
—Nada, tío —contestó Alberto—. Me estaba disculpando por la cagada del otro día.
—Ah, ya era hora. —Se sentó a mi lado, me quitó el delfín de las manos y comenzó a hacerme cosquillas con la cola mientras Alberto nos miraba extrañado, se disculpó y entró en la casa mientras nosotros permanecimos un rato afuera, disfrutando del buen tiempo.
—Natalia y tú ¿estáis bien? —me preguntó.
—Sí, ¿por qué lo preguntas?
—No sé —contestó encogiendo de hombros—, es solo que este año la veo algo distante. ¿Es solo conmigo? Porque me da la sensación de que me evita.
Le quité el delfín de las manos y me acerqué un poco más hasta que nuestros brazos estuvieron pegados, él me rodeó el otro brazo y apoyé mi cabeza sobre su hombro.
—No está rara contigo, es solo que... —no podía contarle que se escapaba para verse con Cámeron—. Se está tomando en serio lo de estudiar este verano. Además, tú tampoco pasas mucho tiempo con nosotras.
—Puede que tengas razón, pero es que no es solo ella.
Sorprendida, me separé un poco y pasé mi pierna por encima de la tumbona cambiando de posición para quedar frente a él. Tomás hizo lo mismo y así nos quedamos uno frente al otro.
—¿Qué quieres decir?
—Igual no es nada y solo me lo imagino, pero hay muchas cosas que me parecen diferentes desde que volví. Natalia ya no se pasa el día detrás de mí canturreando y contándomelo todo, Cámeron también está desaparecido, otros años se pasaría el día aquí. Incluso tú, tú también estás diferente.
—Tomi, lo que dices... Te das cuenta de que no tiene mucho sentido, ¿no? No nos pasa nada, a ninguno. Lo único que notas es el tiempo. Tú también has cambiado —dije, acercándome más a su cara y entrecerrando los ojos—, estás más viejo.
Tomás me dio un empujón y los dos nos reímos.
—Pequeña bruja.
—No tienes de qué preocuparte. Natalia está estudiando y Cámeron trabaja, es normal que tengan poco tiempo.
Me quitó el delfín de las manos y lo miró detenidamente.
—¿Te gusta?
—¿El delfín? Sí, es bonito.
—Sí, lo es —contestó.