Amárrame Hasta Matarme (Víctima del deseo 1) Capitulo 27
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Capitulo 27

Lara Mora no pudo dormir en toda la noche, estaba cansada. El sol del exterior intentaba colarse por entre las rendijas de la ventana cerrada, perturbando la tranquilidad de la habitación.

Había llamado al teléfono móvil del trabajo, pero no respondieron, sabía que con el mensaje que recibió después, tendría que ser el jefe. Avisando que estaba ocupado con el ordenador y no podía contactar con nadie. Cuando pudiera iba a contactar con ella y si era algo importante que avisara.

No quería molestar a nadie. Así que prefirió intentar llamar más tarde. Eso sí. Tenía que salir de ese lugar como fuera.

El agua caliente de la ducha recorrió todo su cuerpo. Esperando que la despertara de esa larga noche en vela.

Y de la que le esperaba.

Después de la ducha se sintió más tranquila pero no podía con su cuerpo. Completamente desnuda se dirigió a la cama y escuchó el ruido de personas por el pasillo. Algunos salían para sus trabajos o para dirigirse a algún lugar y otros entrando para ocupar una habitación.

No era la hora de que pasara la camarera de piso. Así que podía estar tranquila y no cruzarse con las trabajadoras.

Miro hacia arriba dejándose caer en la cama. Esperando que se secara la piel húmeda de su cuerpo. Esas curvas y ese pelo que iba a terminar rizado por la humedad. Pero ese día le daba igual todo. Estaba muerta en vida.

Lara Mora estaba amarrada en una silla, viendo a su izquierda a Aroa Ruz, acompañada por Alain Vélez, a su derecha a Marcel Rojas y a su lado Gato Semental, con su uniforme. Los cuatros se encontraban amarrados en una cruz de San Andrés.

Detrás de ellos se encontraban unas personas, con pasamontañas y chandales negros, muy grandes. Uno se dirigió hacia ella.

Lara Mora intentaba gritar pero no podía. Estaba repleta de rabia, recorriendo le un sudor frío por todo su cuerpo desnudo. Viendo como se le acercaba con una cerilla en la mano. Cuando llegó a ella la encendió y la soltó.

Creando cuatros caminos de llamas que se dirigieron hacia sus amigos. Viendo en primera persona cómo los quemaban vivos.

— ¡ay!,¡Lo siento! — Lara escuchó la voz de una mujer.

Abrió los ojos. Por fin era todo una pesadilla. Se encontraba muy sudada y con fatiga. También estaba completamente desnuda tumbada en mitad de la cama. La mujer se quedó mirando hacia la pared con vergüenza.

— Hay… No… No te preocupes. — Se avergonzó Lara Mora al ver a la mujer mayor con el uniforme de camarera de piso.

— Si usted lo desea, vengo más tarde o cuando usted avise.

— Vale, será mejor. Y no se preocupe, no pasa nada por que me veas así. — Lara Intentaba calmar el ambiente.

— Vale, gracias . — La mujer hablaba sin mirarla en ningún momento, dirigiéndose a la puerta de la salida.

Lara Mora le tenía que agradecer a ella, por sacarla de esa pesadilla. Le estaba afectando mucho el trabajo, más de lo que pensaba. Tenía que continuar para salvarlo, pero no esperaba que ese caso pudiera poner en peligro a todos sus amigos cercanos.

Cogió el teléfono móvil para llamarlos . Vio que todavía no era por la tarde, así que podrían estar allí.

Escuchó los tonos de llamada.

— Hola, hemos estado liados. — le comento Amaia.

— Vale. — Su voz seguía un poco acelerada y temblorosa.

— ¿estás bien? — Esa seriedad escondía la preocupación de su compañera.

Lara Mora respiro para llenar los pulmones, más de lo que podía. Esa pregunta, le transmitió a su oído confianza como para decírselo todo.

— Aparte de que mi amiga está en peligro, también estoy empezando a estar en peligro. Y yo …

— Eso es normal en nuestro trabajo. — Su tono serio se iba poco a poco.

— No es eso, Amaia, es que me llegó una carta a … … — No sabía cómo contárlo. — a mi habitación. — Termino por decir Lara.

— ¿Sabe quien eres?

— ¡Sí! Y sobre todo mi nombre original y a que me dedico.

— Lara Mora continuó aunque Amaia Centeno quería decirle algo.

Necesitaba escupir toda la preocupación que llevaba dentro.

— Otra cosa importante. Nuestro compañero se contactó conmigo.

Me dijo que no os preocupéis por él… Todo está bien…

Que el caso más gordo e importante se encuentra donde estoy…

Yo. Pero me estoy agotando mentalmente. No debería haber entrado en el caso todavía.

Lo tenía que haber rechazado, y menos para estar aquí.

Si. Sé que soy la única que conoce Huelva muy bien.

Soy la menos sospechosa de venir por sorpresa.

Pero … No encuentro la excusa perfecta. Solo tengo un poquito de fuerza de voluntad para seguir adelante,solo por las chicas que están sufriendo más que yo.

Después me viene que mi amiga de la infancia se encuentra también en peligro y vuelvo para atrás.

Solo te puedo decir que la única persona en la que puedo confiar aquí es Gato Semental.

Se quedó en silencio, acompañada solo de unas lágrimas que discurrían por sus pálidas mejillas. Pedía ayuda sin palabras. Detrás del teléfono móvil continuaba Amaia, ya que escuchaba su respiración. En el fondo se oía la voz de su jefe, pero sin entenderlo bien.

—¿Lara? — Rompió el silencio Amaia. Sacando a su compañera de su ensimismaciòn.

— No vais a estar en peligro ni tu amiga, ni tu.

Ten seguro. Otra cosa para informarte y una buena noticia.

Es que, hemos podido entrar en el ordenador y hemos encontrado la página web donde hacían la reunión.

Podemos saber quien son todos y saber más sobre ellos.

Aunque no hables, sé que estás llorando.

No te preocupes todo va a salir bien allí.

Esta tarde te llamaré, otra vez, para que sepas que no estás sola.

Intenta no salir por hay y no comas ni bebas nada extraño.

Recuerdo que no sabemos quién está detrás de eso y menos de las cartas.

Intenta si vas a ir de tiendas que estés en sitios concurridos.

— Vale. — Lara Mora busco la fuerza necesaria para responder.

— Venga, después hablamos, hasta luego.

Se quedó, la agente Centeno, detrás de la llamada esperando la despedida. Esa despedida que no llegaba y colgó. Lara se preocupó más al sentir que Amaia empezó a sacar parte de sus sentimientos hacia ella.

— ¿sabes algo de Lara Mora? — Alain Vélez le dio un sorbo a su café, sin quitar la mirada de Marcel Rojas. — ¿Estas? Te veo extraño a ti también.

—Lo siento ¿De qué me estás hablando?

Marcel Rojas se encontraba con su amigo tomando café en el mismo lugar donde se encontró con Lara Mora y sus amigas.

Le había citado en ese lugar porque se encontraba a dos manzanas de su empresa.

Alain, se estaba preocupando por su pareja, porque la veía muy diferente desde el día anterior. Necesitaba hablarlo con alguien.

Pero Marcel, se había levantado tan deprimido, que tuvo que tomar una sesión con su psicóloga por teléfono. No pudo decir nada. Solo escuchar y llorar.

Estuvo apunto de irse esa mañana. Irse de casa sin avisar a nadie. Pero gracias a la llamada de su amigo Alain. Le hizo quedarse un poco más y retrasar el tren. No podía irse sin ayudar antes a su amigo.

Si no después se iba a arrepentir y mucho.

— Ayer, Aroa se encontraba muy extraña después de cruzarme con su amiga Lara. Le pregunté qué pasaba y me respondió que nada. Las dos se encontraban muy extrañas — Lo miró de arriba abajo y volvió a su mirada azul. — como tú ¿ Qué te pasa?

— Nada. — Saco falsamente una sonrisa.

No se sentía cómodo al hablar de ese tema. Tenía que dejar que ese malestar le quemara por dentro hasta superarlo todo. Solo con la ayuda de su psicóloga.

Cogió su café, que todavía seguía caliente. Y le pegó un sorbo esperando que su amigo arrancará a hablar. Alain no dejaba de mirarlo. Estaba esperando la respuesta correcta.

El bar se encontraba con muchas personas hablando entre ellos. Marcel dirigió su mano al bolsillo para mirar la hora que era.

— ¿Hoy haces algo? — Le partió el análisis a Marcel Rojas.

— ¿Cómo? — giró la cabeza rápidamente.

— ¿Si haces algo esta noche?

— Sabes que por la noche… Con mi padre…. Quiere aprovechar el tiempo que pueda para estar conmigo. Ya sabes de sobra. Si eso salimos otra noche o cuando podamos…

— Ya eres adulto y tienes que salir más. Siempre…

— Yo me apunto al plan. — Salió una voz femenina detrás de Marcel Rojas.

Alain Vélez sacó una leve sonrisa saludando con la mano. Marcel giró cuando sintió una mano en el hombro. Viendo que estaba Helena Quiroga con un abrigo de pelo, que se entrelazaba con su larga cabellera naranja, por la capucha. Cruzó una mirada sexual con los ojos tristes color cielo de él.

— ¿Te pasa algo? — Continuó poniendo su pequeña mano en la barbilla de Marcel sintiendo su aspereza.

— Nada. — Saco una sonrisa forzada.

— Hoy está así. — Alain se sintió un poco forzado al responder así.

— Quedamos todos. Como parejas. — Giró la cabeza buscando la sonrisa de su Marcel. — Invita a tu amiga…… Esa…… La que se cree muy joven. Con esas mechas azules. Parece que tiene el chip del colegio todavía. — Término con una sonrisa un poco irónica.

Marcel Rojas se quedó mirándola. Sin entender el chiste dirigido a Lara Mora. ¿Le venía bien ese momento?

— Dirás Lara. — Alain quitó dureza al asunto.

— Esa. — Sacando una sonrisa y poniéndose bien. Para dirigirse a una silla. — Quedamos esta tarde mejor. Después de comer. Así lo pasaremos todos muy bien y hacemos una fiesta de bienvenida para los dos. Que habéis estado muy liados.

— Vale, veo que es un buen plan. ¿Tu como lo ves? — Le pregunto Mirándole.

Miro a los que se encontraban casi en frente de los dos.

Se forzó una sonrisa.

— Lo veo bien.