Amárrame Hasta Matarme (Víctima del deseo 1) Capitulo 13 #4
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Capitulo 13 #4

Así que paso la lengua para calentarlo aún más, saboreando el látex.

Abrió la cremallera un poco y se puso más dura.

Entre la música y el murmullo de las personas pudo escuchar el leve suspiro de Gato Semental.

Quería terminar a lo grande. Así que el poco tiempo que tenía se levantó rápido sintiéndose un poco mareada, pero tuvo que aguantarse ,empujó a Gato hacia la silla.

Llegando al nivel de desplazar la silla para atrás , acto seguido puso un pie encima de él y después dirigió la mirada hacia el jurado viendo una sonrisa de Dragona de Fuego.

Mucha gente se levantó y empezó a aplaudir efusivamente. Bajo el pie y se dirigió a su asiento. Sintiendo pasar a Gato semental que se dirigió al exterior. Por lo que sonrió.

Gato entró al servicio. No aguantaba más ese dolor en la entrepierna , se bajó la cremallera sin hacer nada. Estaba muy caliente por el látex que le asfixiaba y sudaba, tanto que notaba como corría este hasta los pies.

En su interior sabía que no se iba a cruzar con nadie, podría tener placer con él mismo sin problemas.

Todos los hombres se encontraban en el concurso, y seguramente alguno aunque serían muy pocos en las mazmorras.

Tuvo que dirigirse al último váter, no por estar ocupado, quería disfrutar más tranquilo y el tiempo suficiente para esconderse.

Aunque allí se follaba donde sea, en ese lugar no estaba permitido tener sexo por higiene,

Él no va a follar. Él se iba a disfrutar.

Bajo la tapadera, para poder sentarse encima. Bajo un poco la cremallera, ya que la otra mitad se había bajado sola. Y sin un movimiento se le salió la polla. Se sintió aliviado pero el calentón no se le fue, sino que aumentó más. Nunca una mujer le había puesto tan caliente como ella.

Se agarró con firmeza la polla con las venas bien marcadas sintiéndosela más hinchada de lo normal.

Le iba a dar algo con el calor que sentía.

Se la apretó para sentir más placer, aunque, con un solo roce le bastaba.

Esa sensibilidad no podía aguantar sin correrse antes de tiempo.

Quería disfrutar de esa soledad y el sentimiento que sentía por ella.

Por ella.

Por Maitresse Bug.

Por su nueva ama.

Esa ama le había hecho sentir lo que no sentía desde hacía mucho tiempo.

Él no creía en el amor a primera vista, pero estaba empezando a enamorarse de ella sin saber el porqué.

Soltó un suspiro aguantando para no correrse.

Imaginando su mirada y su forma de ser. Esa forma de ser que le estaba atrapando en la red de ella sin saberlo.

Estando con su ama se olvidaba de Sonia Maria, solo pensaba en el movimiento de sus moños azules.

Ese Azul como sus ojos. Nunca se fijaba en los detalles de la persona que controlaba en la cama.

Sentía que le faltaba el aire. Quería aguantar más pero no podía.

Con la cremallera del traje cerrada le costaba más respirar.

Quería coger más aire, pero se le pegaba el látex a su cara unido con el sudor.

Así que abrió la cremallera suspirando de placer, a la vez, que se corría, encima de su traje de gato. Deseando hacer más con ella.

Lara Mora se dirigía al hotel. Dejando el collar de Gato detrás en el asiento trasero del coche.

Iba conduciendo con sueño intentando no quedarse dormida y un poco nerviosa por la siguiente noche.

habían sido la pareja ganadora no se lo podía creer.

Puso una canción de India Martinez, sin dejar de mirar la carretera.

Miro por el retrovisor antes de hacerlo observando que había un coche detrás de ella.

Se encontraba lejos así que le daba tiempo de quitar la mirada de la carretera por unos segundos. Estaba muy agotada, necesitaba dormir, hasta su cuerpo lo necesitaba. Pasaba de poner una alarma, como mucho dejaría el móvil con sonido, por si tenía que llamarla Amaia.

Tenía la mente muy cansada, tanto que no sabía si Lara, ella, tenía planes con su amiga o alguien de esta gente. Siendo un domingo por la madrugada, en Huelva estaría muerto. Y muerta estaría si le llamaban para encontrarse con Barbara Roldan.

Volvió con las ideas de Maitresse Bug. Estaba pensando en el siguiente nivel.

El nivel del perro.

Perra estaba ella. Pensaba más en la cama y todos.

Soltó una mano del volante y subió el volumen.

Tenía miedo de quedarse dormida en medio de la carretera.

No le quedaba mucho para llegar y la carretera se encontraba algo tranquila debido a la hora que era.

Solo se había cruzado anteriormente con un grupo de jóvenes que se asomaron por las ventanillas y le gritaron.

Pero no podía hacer nada, ya que Mora no podía hacer el papel de policía en Huelva.

Feliz de haber ganado el nivel de cerdo, pero no para tocar la caja. Quien sí se quedó en tercer lugar y tuvo que coger una carta, que era la de Buey, era la pareja Anteros.

El coche de atrás puso las luces largas y se estaba pegado mucho a ella.

Le estaba costando mucho trabajo conducir por la larga avenida para llegar al Hotel donde se estaba quedando.

No quería parar, por si eran algunos de esa gente, los de la trata de blancas.

Cogió el teléfono móvil buscando a Amaia y rezando que todavía estuviera en el trabajo, por si pasaba algo grave, pudiera salvarle a tiempo.

Ella sabía que en esos casos el tiempo era muy importante.

Y si se pierde, nada ya está perdido todo hasta su vida.

No quería aumentar la velocidad, ya que no sabía que se iba a encontrar delante. Más o menos sabía qué camino tenía que coger. No había cambiado mucho Huelva, solo algunas calles, desde que lo dejo. Así que no se le iba a hacer difícil.

Deseando que no se cruzara ningún coche. Esperando llegar bien. Con nervios intentaba buscar a Amaia entre sus contactos. No iba a ser muy difícil, ya que eran el único contacto que tenía en el trabajo. Miro a un lado de su coche, pero tampoco se veía mucho. Así que no sabría por dónde se dirigía.

Su respiración se aceleraba cada vez más. No sabía si meterse por una calle, rezando para no fallar y entrar en un barrio chungo, o seguir adelante hasta perderse en la nada. Más o menos ya estaba perdida en medio de esa luz.

Marco para llamar. Se escuchó el primer pitido.

Por casualidad. Se fue la luz que la perseguía. Intento acostumbrar sus ojos a esa nueva oscuridad.

Miro por el retrovisor y ya no estaba el coche que iba detrás de ella. ¿Dónde se había metido? Prefería seguir adelante. Ya que no le seguía nadie.

En medio de la música y su falta de aire, se escuchó el segundo pitido de la llamada. Así que decidió colgar la llamada y continuó. Cuando llegó al hotel le iba a mandar un mensaje diciendo que estaba bien acompañado con el número de placa de ella, para que supiera que es la original.

Deseaba que lo que había pasado en la larga avenida fuese solo un susto, por culpa de niñatos que querían hacer una gracia.

¿Pero era eso lo que había pasado realmente?