Capitulo 11
¡Oh! , ¡un aparcamiento! Lara saludo a Aroa con una sonrisa mientras estacionaba el coche.
Esta parecía todavía una niña pequeña. Iba a aprovechar ese tiempo para desconectar, sabiendo que iban a venir tiempos difíciles.
Llegar hasta la final del concurso y llamar más la atención para destapar la trata de blanca.
Abrió la puerta del coche , dejando entrar el frío aire del exterior, a la vez, que su amiga corría hacia ella feliz al verla.
Si, eran unas niñas. Aroa todavía tenía viva su chiquilla interior.
Pero la niña de Lara estaba dormida, sabía que seguía dentro, pero por su trabajo , lo que había vivido y todo lo que estaba viviendo, no podía ver cuando era el momento de sacarla.
Ese tiempo perdido luchaba para proteger su corazón.
Aroa se encontraba con un chaleco de lana de color rojo como su cabello.
Ella era muy difícil de que se vistiera elegante.
Después del caso iba ayudarla a comprarse ropa elegante que sacará su lado más sensual .
Un pantalón negro y en el cuello llevaba una gargantilla pegada de color rojo.
¿Estaría enamorada? No podía ser eso, ya que está con Alain, y si no la conociera tan bien , sabía que tenía ese fallo y no sabía conjuntar mucho la ropa.
— ¡ Vamos ! — Alejandose del cuerpo de Lara, sin ganas. — ¡Que nos esperan las chicas!
— ¿Pero quiénes son?
— Espero que te caigan bien. Aunque las conoces.
Quiénes podrían ser, para que le cayeran bien y conocerlas.
No recordaba a nadie con quien pudiera tener contacto y fuera alguien común.
¿Podría ser la hija de la vecina de su infancia?
Pero no podía ser. Ya que antes de salir de Huelva se había ido y tenido dos hijos.
Sin embargo hablaba en plural. Tenían que ser más de dos.
Se dirigieron a un bar en el que había muchas personas.
Este se encontraba en el centro de Huelva.
No estaba muy lejos de donde trabaja ella, así que se dirigieron al lugar andando.
El bar se encontraba en una de las esquinas de la plaza. Entre la calle de los bares y una farmacia que habían abierto recientemente. Lara solo se acordaba que antes había un pasillo largo y al final del todo una tienda erótica, que ellas pensaban que era de venta de artículos de trucos de magia.
La pelirroja empezó a correr hacia una mesa que se encontraba en la entrada.
Allí se encontraba el Yin Yang pero en mujer.
Cuando vio las vestimentas que portaban se acordó que hablaron de ellas unos días antes.
Pero estaba pensando tanto en el caso que no recordaba casi nada de la vida de Lara. Su vida.
Giró la cabeza con una sonrisa, esquivando los dos besos que le quería dar la Pelirroja, prefería verla.
Barbara Roldan, se levantó de la silla rozando con su larga melena castaña la cara de Aroa.
Mostrando que llevaba un traje en blanco acompañado con un collar dorado haciendo juego con sus pendientes.
Su rostro moreno y delgado conjuntaba con el color de sus labios en rojo claro.
Y con sus ojos, que no estaban llenos de odio sino de felicidad, que resaltaba el color negro de sus pestañas.
Dejó el bolso en la silla. Para no llevar ningún peso se dirigió a Lara. Recibiéndola con dos besos al aire.
—¿Te acuerdas de mí?
— Si. Barbara. — Señaló con el dedo con miedo de equivocarse.
—Sí y no. — Se forzaron la sonrisa. Algunas de las mesas cercanas las miraron. — Ya no soy como la Barbara que tú recuerdas.
— Espero. — comentó Lara.
— Sentarse que os voy a invitar un par de copas.
—Muchas gracias. Puedo pagarlas yo. —dijo Lara irónicamente.
Se rió otra vez, moviendo la mesa para poder sentarse.
—Te voy a presentar a mi novia. Si , me he vuelto lesbiana.— forzo otra vez la situación con su falsa sonrisa . — ¡ Aroa ten cuidado con el bolso que cuesta mucho! —Barbara no grito mucho para no llamar la atención de las otras mesas.
Lara Mora no la podía aguantar más y solo había acabado de llegar.
Se preguntaba cómo le podía caer bien a la Pelirroja , esta pija engreída.
Sobre todo porque se reía de ella y tenía una risa que se notaba que era forzada para intentar ser el centro de atención.
Si, Era la Barbara que recordaba, aunque, ahora intentaba llevarse bien con todos o con ellas dos.
— Ella es Iratxe Bolaños. — Lara observó a la chica , que se levantó tímidamente, su mirada sonriendo, mientras Barbara la señalaba . — Mi pareja.
Lara temía que sonriera otra vez. Ya estaba deseosa de irse. Pero no podía por su amiga. Y además quería conocer un poco más a la otra chica. No se quería quedar con lo que recordaba de su infancia sino de algo más.
— ¿ me deja darte dos besos? —preguntó Iratxe levantándose un poco de su silla.
— Si. — Respondió Lara inconscientemente. No entendía de dónde venía esa pregunta. Su estilo no pegaba mucho con la educación que tenía. —Me llamo Lara.
—Encantada. — hablaba mientras rozaba su cachete al de ella.
Lo primero en lo que se fijo Lara Mora, fue en su cabello negro y sano que le llegaba a la cintura.
Esa cintura que resaltaban sus curvas. Después se fijó en sus ojos de color gris, su nariz sexi, unos labios carnosos y la piel blanca natural.
Le confería la belleza de una muñeca de porcelana.
Hasta Lara seria capas de volverse lesbiana.
Era la chica gótica perfecta. No se parecía nada a la chica que ella recordaba de pequeña.
El chaleco que tenía unas cuantas calaveras pintadas y una capucha con unos símbolos extraños para Lara, sobra con un escote que dejaba ver su blanca y tersa piel.
—¿ Nos sentamos? — dijo Iratxe dejando al descubierto un tatuaje en el brazo izquierdo en forma de equis roja y negra con una calavera en el centro de color negro.
A Lara le extrañó un poco el formato del tatuaje, ella no era mucho de eso. No le gustaba estar marcarla como un animal.
Se sentó en medio de Aroa y Iratxe. Y por mala suerte, frente a Barbara, que levantaba la mano para pedir una ronda para ellas.
No quería beber dos cervezas, no por el trabajo es que ni le gustaban.
Solo quería estar más por ella misma. Intentar disfrutar el momento, aunque le iba a resultar muy difícil.
Entre risas y risas forzadas contaba su viaje.
No podía aguantar a Barbara, la pija engreída.
Lara miró el reloj, ya que no quería perder mucho tiempo para irse a trabajar, pero con la sorpresa de que habían pasado solo veinte minutos.
Le dio la sensación que habían pasado dos horas o más. Pero la incomodidad la rompió Iratxe.
— Cari. — Puso la mano en su pierna. — Dejarla que hable. — señalando a Lara con la mano.
— No pasa nada. — Lo decía para no sonar mal educada, pero en su interior deseaba que parara de sonreír. ¿En serio Aroa no se daba cuenta que era una risa forzada ? Si no fuera policía se habría dado cuenta también.
— Eso. Nos tienes que contar tu viaje.¿Tienes pareja?
— No tengo a nadie. — La palabra ``nadie´´ hizo que la pareja se miraran entre ellas con una sonrisa verdadera.
Como intentando decir algo pero sin palabras.
Le hizo recordá a Cipriano. Ellos también.
se hablaba con la mirada y hasta con las manos .
— ¿Pasa algo? — Le extrañó ver una sonrisa bobalicona de la pija sobre todo sin sonido.
— Nada guapa. — Barbara apartó el vaso, a la vez, que echaba el cuerpo hacia delante, intentando no tocar la mesa. — Tenemos que buscarte una pareja, no vas a ser la única sin pareja aquí.
—Tenemos que pescarte una. No vas a estar quemando juguetes.
Con esa frase, por poco le escupe cerveza a Aroa. Nadie esperaba que dijera eso. Lara sonrió por dentro, ya que se encontraba perdida, no sabia donde iba a llegar todo eso.
— Chicas , me vais a ahogar.
— Si no te ahoga con otra cosa antes…
— Cari no seas cochina. Me da vergüenza hablar de esas cosas.
Lara echó una mirada y se dio cuenta de la gente que estaba dentro del bar.
Si cuando era joven comía pollas a mas no poder.
Había un rumor, aunque Lara pensaba que si era verdad, hizo un trío con un compañero de clase y un profesor, en la fiesta de fin de curso.
No se pudo demostrar nada, así que no se supo si era verdad o no pero el que empezó a decirlo salió del grupo de ella y se fue del colegio.
Al profesor no le pasó nada ya que los tres decían que no.
No entendía cómo Iratxe, educada y buena persona, estaba con Barbara, mentirosa y creída.
— Vale. —dijo Barbara de forma tajante . — Me he enterado de que te fuiste a vivir a Madrid. ¿ Cómo te fue allí?
— Sigo viviendo en Madrid.
—¿ no te has venido a vivir aquí?- Bárbara la miraba, esperando que ella contara cosas.
— Vine por unos días. Sigo viviendo en Madrid. — Estuvo un rato en silencio asimilando . — Si…
— Mira los chicos. — Corto Aroa.
— ¿Pero no era día de chicas? No me apetece hablar con ellos. — cuando terminó de hablar se giró para buscarlos.
Gracias a los chicos y a estar con su amiga pelirroja. No dijo lo que no quería decir. Iba a invitarlos sin ganas solo para quedar bien, a la vez, iba a acompañarlo con una excusa por culpa de su trabajo.
Se encontraban los dos. Alain y Marcel. Los dos iban muy guapos.
Pero más que su Marcel difícil. Aroa se levantó para dirigirse hacia ellos y darle un beso en la boca a su pareja.
El señor Rojas la vio, así que levantó la mano, acompañada con una de esas sonrisas perfecta y blanca.
Entrecerrando los ojos azul cielo y de ángel como él.
Con los nervios a Lara se le cayó la copa entera, de la cual no había bebido en ningún momento, todo el líquido encima de ella, sintiendo un poco de frío.
Como si ya no estuviera apunto de ponerse caliente.
Con rapidez y rezando de que no lo hubiera visto el .
Cogió unas cuantas servilletas sin apartar la mirada de la mesa , viendo el vaso caído y goteando.
Le daba vergüenza mirar a Marcel y descubrir que estaba sonriendo.
Pero ella no sabía que si la vió y sonrió.
No por ella si no por lo que veía detrás de Lara.
— No sabía que te ponías nerviosa al verme. — Sonó una voz tras ella. Era muy conocida pero no sabia de que.
— ¡Hola, que tiempo!
— Hola — Le saludo muy seco, la persona misteriosa a Barbara.
Lara giró la cabeza sintiendo el calor de los mofletes.
Para saber quién era. No esperaba encontrar a esa persona musculosa que marcaba su chándal apretado.
Esa cara cuadrada y la piel morena con el pelo cortado recientemente o de uno días como la barba que pasaba en la barbilla.
Parecía… Era igual o más alto que Marcel.
— ¿Iván? — Lara le señaló con un dedo, aguantando unos cuantos papeles.
— Te mojas y no estás seguro de que soy Iván. Pues sí, soy Iván. —dijo este haciendo una mueca a Lara.
Iván Alcalde fue uno de sus compañeros de clase.
Dejó los deportes en el último curso para poder estudiar más y empezar a hablar “normal”.
Así que empezó a salir con su grupo. Pero nadie supo nada, solo él y ella de que estuvieron saliendo un verano y con Iván fue con quien perdió la virginidad.
No sabía que se lo iba a encontrar otra vez, a él ,así.
Y le hizo feliz que estando dándole la espalda, desde la entrada supiese que era ella ,Lara Mora y que se acordara de ella.