Amárrame Hasta Matarme (Víctima del deseo 1) Capitulo 10
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Capitulo 10

En la tranquilidad del silencio , el sonido estridente de un mensaje perturbó a Marcel .

A él no le apetecía mucho todavía tener que mirar el teléfono móvil .

La luz del exterior entraba por el gran ventanal que llegaba de pared a pared.

había pasado la noche en el sofá, sabiendo que Mateo sabía que él se quedaría dormido en la sala de juego.

Miró a su alrededor.

Lo encontraba igual que en su infancia. Como la última vez que la soñó.

Esa habitación estaba siempre muy cuidada aunque no estuviera él.

El mayordomo limpiaba a fondo todos esos libros clásicos y de aprendizaje.

Miro el piano que descansaba más o menos en el centro de la habitación.

No tenía nada de polvo, aunque fuese muy negro.

Por la ventana entraba fácilmente la luz, sin proyectar ninguna sombra y así no destrozar los libros que se encontraban en sus librerías al fondo de la habitación.

Estiró el brazo para coger el teléfono móvil, que estaba descansando en el frío suelo , al lado de un vaso de agua utilizado la noche anterior . En su pantalla vio el nombre de Alain Rojas. Había un texto que solo podía leer un poco, así que entro para poder leerlo entero.

“Sigues con la pecadora de ayer.

He estado hablando esta mañana con mi pareja. Ella va a salir

y yo voy a estar toda la mañana solo en el trabajo.

Quería un día de solo chicas.

Y yo llevo un día de viejo esclavo.

Esclavo porque llevo toda la mañana trabajando.

Así que tu decides acompañarme toda la mañana o si quieres por la tarde quedamos para tomar algo.

Espero tu respuesta, no me corre prisa, pero si me lo dices con tiempo te lo agradezco.

Gracias.”

Se quedó fijamente observando la pantalla, sin saber qué responder.

En su interior no le apetecía salir. Quería estar solo, estaba muy agobiado por su vida, a la vez quería, mejor dicho se obligaba a salir.

Su objetivo de estar allí era para mirar por él.

Le tocaba. Pero también tenía un problema que se le había cruzado por el medio.

Ese problema se le cruzó sin previo aviso.

Sin planearlo. Hasta llegar a un punto de confundir quién era.

Mejor dicho que sentía. No sabía si estaba enamorado o no.

Esa mujer que se encontraba por unos días al lado de él.

Pero su forma de ser y en esa etapa de la vida le hacían confundir sus sentimientos.

Anteriormente también se había enamorado fácilmente.

Su Psicóloga, a la que no le contaba todo por miedo, dijo: que era de enamoramiento fácil , más por la falta de cariño que no tuvo en su infancia.

Uno por la muerte de la madre y dos por la obligación del padre, que no le agradecía y valoraba nada sus esfuerzos.

Por eso, era uno de los motivos , por lo que no sabia que hacer con esa mujer y el otro que hacer con su trabajo.

Seguía mirando la pantalla. Releyendo el texto. Intentando hacer lo que le apetecía. Ser Marcel Rojas y no lo que querían que fuera otras personas.

Picho en la barrita blanca y salió el teclado. Y empezó a escribir lentamente. letra a letra.

“ Voy a dar una vuelta, no se a que hora pasaré por allí.

Después a la tarde quedamos y tomamos algo. Eso sí, después de comer.

Hablamos mejor en persona.”

La palabra…” después de comer…” sabía que lo había escrito más por el miedo a su padre.

No fue libre. Al menos lo intentó. Ese intento le hacía sentirse molesto.

Una molestia incómoda. Antes de cruzar la casa vacía, en la que solo se encontraba Mateo, estuvo pensando un momento quién era él realmente.

Ni la psicóloga lo podía ayudar. Hasta a ella le ocultaba muchas cosas. Y en realidad quien quería ser.

Ese Sábado se encontraba el cielo despejado, pero el frío aire hacía mover su cabello castaño, que cada vez estaba más planteado. mientras pasaba por el barrio inglés ,estuvo pensando en cortarse el pelo y hacerse un cambio de look.

Marcel iba andando hacia el trabajo de su amigo, no le pillaba muy lejos. Aparte con ese viento, no le apetecía mucho salir. Pensó si había hecho bien en regresar a Huelva otra vez, donde tuvo toda su niñez, romance y sobre todo sus secretos.

No tuvo una infancia fácil, por la muerte prematura de su madre y recordar todos los días como fue.

Marcel esa mañana, como la mayoría de los días, se encontraba solo con Mateo, este llevaba varios días continuos en casa trabajando para ganar dinero para los estudios de sus hijas.

Sus padres supuestamente se fueron una noche a un hotel.

Siempre que podía hacían viajes de uno o varios días. Pero nunca le decían donde.

El mayordomo lo preparaba todo para llevarlo al colegio y recogerlo después de las clases.

Él no veía ni sentía nada extraño. Iba a sus clases feliz.

Como siempre se encontraba en la puerta con Aroa, Alain y la torpe de Lara.

En la entrada hablaron del plan para ese fin de semana.

Que casa tocaba para hacer una mini fiesta.

Aunque siempre a su casa invitaba a más personas de la clase y no eran solo ellos.

Él siempre había sido muy de socializar , Le gustaba llevarse bien con todos.

Era a segunda hora, se encontraba la maestra de matemáticas dando su clase.

Cuando el director golpeó la puerta, para dar la mala noticia.

Ese hombre serio, gordo y calvo, esta vez se veía triste y preocupado.

Llamó a Marcel Rojas, para decirle en el pasillo que su madre se encontraba en paradero desconocido.

Desde ese día vio un cambio en la forma de ser de su padre.

Y desde entonces no supo nada más de su madre.

Toda Huelva se echó a la calle para buscarla , para terminar enterrando un féretro vacío.

Marcel entró en la tienda ocultando la tristeza con una sonrisa.

— Hola Alain.

— ¡Hola! — Estaba atendiendo un cliente joven que llevaba una caja grande. —Termino con él y estoy contigo.

— Vale sin problemas. Y perdona no te vi, hola para ti también . — Saludo Marcel al cliente aguantando la risa viéndolo muy formal a este, pero lo ignoró como si fuera invisible.

Pero a Marcel no le molesto, sabía que los jóvenes de ahora eran muy mal educados y aceptó que se quedara con las palabras en la boca.

Terminó con él y se fue sin decir nada. Se veía muy serio con la caja que no podía llevarse debido al peso. Marcel dirigió su mirada azul a Alain que estaba mirándolo con los ojos viscos y sacando la lengua a un lado , ocultando una parte de su barbilla. Por ese detalle le gustaba como

amigo. Parecía que nunca iba a madurar, aunque en los malos momentos era el primero que se ponía serio. Sin embargo, a la novia se le hacía muy difícil ponerse seria en los malos momentos. Ella era más de sacar una gran sonrisa a las personas.

— ¿Entonces qué hacemos? — Marcel cambió de tema.

— Después de comer vamos a tomar algunas copas a los bares del centro. Pero solo tú y yo. Solo chicos.

—¿A quién voy a llevar? — Se extraño Marcel.

— La otra vez, quedamos con Lara y te presentaste con una chica.

— La encontré por el camino.

— ¿Tienes algo con Helena?

Marcel no quiso responder a eso y se rio. Continuando la comunicación.

— ¿Entonces tu me avisas cuando puedes? Ya me escribirás cuando termines de comer con tu padre.

— Que a mi me da igual comer contigo, como una parejita…… — Dijo Alain tocándole el hombro bromeando. — pero el culo lo pones tú.

— Tú no cambies.

— ¿Por qué voy a cambiar?

—Vale. —Se rió Marcel .— Prefiero comer con mi padre y después estamos más tranquilos.

— ¿Ya no me quieres?. — acompañando la pregunta con una carita triste.

Marcel se quedó allí hablando y planeando qué hacer. A la vez ocultar algunas cosas. Siendo Marcel.

Marcel podía ser realmente así. Oculto y mentiroso, por el miedo al qué dirán las gentes y más por su profesión.