Amantes del poder 5. El camafeo del emperador. Domitila de Castro do Canto e Melo y Pedro I de Brasil #8
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5. El camafeo del emperador. Domitila de Castro do Canto e Melo y Pedro I de Brasil #8

En 1833 contrajo matrimonio con el brigadier Rafael Tobias de Aguiar, no por pasión desbordada, sino bajo un pacto de respeto mutuo.

Rafael fue el puerto seguro que le ofreció estabilidad: la trató como una compañera.

Con la intuición afinada por años de supervivencia en la corte, Domitila apuntaló la carrera de su esposo hasta verlo alcanzar la presidencia de la provincia de San Pablo.

Él, a su vez, le ofreció lo que el poder siempre le había negado: una familia y la posibilidad de vivir sin el peso del juicio ajeno.

A la distancia supo que Pedro había encontrado en su nueva esposa serenidad y eran padres de una niña adorable, la princesa María Amelia.

Aunque él jamás volvió a contactarla, Domitila se sentía en paz.

Su expulsión del nido dorado había sido su verdadera liberación.

Obligada a demostrar que era mucho más que la favorita del emperador, aprendió a ganarse el respeto de la sociedad por mérito propio.

Impulsó obras de caridad y abrió las puertas de su hogar a los estudiantes que llegaban a la ciudad.

Con el tiempo, su solar sobre Rua do Carmo se convirtió en un espacio respetado de intercambio intelectual, y los mismos círculos que la habían despreciado comenzaron a buscar su consejo.

Los nobles la saludaban con reverencias, mientras se codeaban con comerciantes que le debían favores políticos y con la gente humilde a la que ella protegía.

En ese camino descubrió la textura profunda de su propia fortaleza.

Domitila de Castro, sin lugar a duda, había podido con todo.

No albergaba esperanzas de volver a verlo, pero la noticia de la muerte del gran amor de su vida en 1834, con apenas treinta y cinco años, la conmovió hasta lo más hondo.

La tuberculosis había consumido a Pedro en Portugal tras una travesía desesperada para deponer a su hermano y restaurar en el trono a su hija María da Gloria.

Años más tarde, ya anciana, la saudade 53 silenciosa la sorprendía sin aviso.

Bastaba un rastro de gardenias en la brisa o una melodía derramada desde alguna ventana para que el rostro de Pedro emergiera desde una lejanía donde ya no hería.

Entonces, buscaba en su gabinete la caja de satén blanco donde guardaba el camafeo del emperador; lo apoyaba sobre su pecho y volvía a ser aquella mujer de las noches imperiales, indómita, la que tantos intentaron reducir a un escándalo.

Pero la marquesa de Santos no fue solo el capricho de un emperador.

Cuando el poder dejó de nombrarla, aprendió a encender su luz propia; entendió que no hay victoria más honda que sobrevivirse a sí misma y seguir siendo dueña absoluta de su nombre.

37 En 1815, Brasil fue elevado a reino dentro del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve. Entre 1808 y 1821, Río de Janeiro fue la sede del gobierno central y la capital del imperio portugués.

38 El apellido “Castro” provenía de la zona de Galicia, y sus descendientes decían estar emparentados con la reina Inés de Castro.

Aunque históricamente dudoso, y para mostrar una genealogía emparentada con la nobleza antigua, la familia sostenía que el apellido “Canto” derivaba de sir John Kent, un noble inglés que había llegado a Portugal en el siglo XIV.

39 Rangel, Alberto (ed.), Cartas de Pedro I à Marquesa de Santos .

40 El Grito de Ipiranga fue la proclamación de independencia de Brasil realizada por Pedro el 7 de septiembre de 1822 a orillas del riachuelo Ipiranga. Con ese gesto, Brasil rompió formalmente sus vínculos políticos con Portugal y él se convirtió en Pedro I de Brasil.

41 Isabel María de Alcántara Brasileira recibió el primer ducado del Imperio.

42 El collar se encuentra en el Museo Imperial de Petrópolis.

43 Valeria Mesalina fue la tercera esposa del emperador romano Claudio, y es célebre por su reputación de extrema lujuria y ambición política. Su nombre se ha convertido en sinónimo de mujer adúltera y manipuladora.

44 La creencia de que un fraile franciscano, expulsado injustamente de la corte en el siglo XVIII, habría sentenciado que los primogénitos varones de la casa de Braganza no sobrevivirían.

45 Rezzutti, Paulo, Titília e o Demonão. Cartas inéditas de D. Pedro I à marquesa de Santos . (Traducción de la autora)

46 La casa que Pedro I regaló a Domitila de Castro en Río de Janeiro se conserva hasta la actualidad. Conocida como Casa da Marquesa de Santos, es uno de los escasos palacetes del período imperial que han sobrevivido en la ciudad y forma parte del circuito histórico de São Cristóvão.

47 Rangel, Alberto, op. cit.

48 Rezzutti, Paulo, D. Leopoldina. A história não contada. A mulher que arquitetou a Independência do Brasil . (Traducción de la autora)

49 Rezzutti, Paulo, Titília e o Demonão …, op. cit.

50 Amelia de Leuchtenberg (1812-1873) era hija de Eugenio de Beauharnais, hijastro de Napoleón Bonaparte e hijo de la emperatriz Josefina. Su madre era la princesa Augusta de Baviera. Su linaje combinaba la herencia napoleónica con la realeza germánica.

51 Rezzutti, Paulo, Domitila. A verdadeira história da marquesa de Santos . (Traducción de la autora)

52 Rezzutti, Paulo, Domitila …, op. cit.

53 Término en portugués que define un sentimiento de melancolía profunda por algo que ya no volverá del mismo modo, con un eco de placer en el recuerdo.