Brais
—Claro que es posible meter una gallina... al menos si se porta bien —exclamé, como si fuera pan de todos los días, andar con gallinas de viaje—. Y me salió cara la condenada, así que he reconsiderado la idea de comérmela. Será mi mascota... aunque no sé muy bien en donde tenerla en Madrid.
Me sentía bastante preocupado por eso, pero por ahora creo que estaría bien tenerla conmigo. El viaje sería largo, así que no pude evitar emocionarme un poco. Tendría a Lio Zhan solo para mí por un rato. Suspiré y le dediqué una sonrisa.
—Ahora, en definitiva, creo que tienes malas intenciones hacía mi —dije algo divertido—. ¿Cómo puede ser que nos encontremos siempre? ¿Es que acaso no tienes otra cosa que hacer? Eso explicaría porque la gente parece tan obsesionada con seguirme, es como si tuviera un imán para atraerte.
Tal vez fuera la gallina, pero en serio encontraba esto muy gracioso.
Al menos esta vez no sería arrestado, aunque quién sabe, aún cabía esa posibilidad.
De repente un sentimiento brotó de mi pecho, como una flor.
Él siempre me hizo sentir a gusto, a pesar de la vergüenza y de los problemas, se preocupaba por mí.
Era un nuevo sentimiento. Al principio creí que era porque me recordaba a alguien.
Sin embargo, había algo más, era algo totalmente distinto y me gustaba.
Era atrevido, pero amable. Sexy, pero tímido.
Digo, ¿quién rayos podía ser tan perfecto?
Aún no descarto la posibilidad de que me secuestren. Ser tan bueno no estaba bien, algo tenía que estar mal... Entonces, recordé que Bruno mencionó que Lio era bastante solitario.
A pesar de estar en el medio del espectáculo, no se juntaba con otros cantantes, artistas, ni actores.
Esa era la fascinación del público ante el interés que me había mostrado.
Él no haría eso con nadie, absolutamente nadie.
Lo miré curioso ¿Entonces, por qué conmigo sí actúa distinto?
Quería decirlo, quería preguntarle. Si tomó tantas precauciones para aislarse del mundo, por qué decidió darme una oportunidad a mí.
—¿Tú pareja no estará molesta por todo lo que hablan de nosotros dos? —Le pregunté—. Digo, si te llegan a reconocer, ahora si no podemos excusarnos con un accidente o un evento normal... Casi parece que planeamos irnos de viaje juntos.