Amantes de Tinta Lio
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Lio

Todavía estaba entre enajenado y confundido ¿Esto era posible? ¿Cómo podrían dos personas solo toparse de esta forma? De nuevo me veía en medio de una situación hilarante con una gallina en medio.

Llevé una mano a mi cara, tratando de ocultarme o calmarme.

Verlo aquí y escuchar su voz, fue como experimentar un extraño bajón, que me permitió dejar de estar tensó.

Ya ni siquiera tenía sentido cada disyuntiva que me había hecho antes.

Esto era irreal. Mis hombros cayeron y solo me recosté en el asiento, mientras destapaba mi cara para verlo.

—Créeme, yo también me estoy preguntando que clase de broma insólita es ésta —le susurré y bajé la gorra para cubrir mis ojos de las personas que todavía quedaban por subir al autobús—. Ya que llegaste primero, soy yo quien parece sospechoso. Eso no es justo.

Solté un suspiró que, aunque parecía de indignación, era más bien de alivio ¿Por qué me sentía así?

—¿Por qué tienes una gallina? ¿Siquiera es posible meterla en el autobús? Aunque ya lo hiciste de todas formas —reí un poco por lo bajo. Me fijé en sus ojos grises y en el rastro de sonrojo que parecía comenzar a cubrir su cara.

En eso, se escuchó cómo el motor se encendió y cómo las puertas se cerraban. Ya no había vuelta atrás.