Brais
El viaje en tren había sido bastante largo así que, al bajar, lo primero que hice fue estirarme.
Busqué la manera más rápida de llegar a la Rambla, para comerme un plato de Paella.
La verdad es que tenía un hambre mortal.
Luego visité algunos lugares turísticos y tomé muchas fotos.
Cuando al fin Lio me respondió, no pude evitar que se me escapara una sonrisa.
Al preguntar sobre Yan De Lis, casi se me escapa el corazón por la garganta.
Ese era un tema difícil, pero siendo sincero era la primera persona que me hacía sentir algo después de él…
Menos cuando es la razón para enfrentar mis recuerdos, al fin.
Aun así, no iba a revelar nada, no por mensaje.
No sabía a qué hora salía el bus que debía tomar, pero pasé por la estación para comprarme un boleto.
Partía a las 6:30 pm. Aún tenía un rato más para pasear por la ciudad.
Barcelona era realmente hermosa. Pocos recuerdos llegaban a mi mente a la hora de pensar en lugares en los que haya vivido.
Ya sea en esta o en mi otra vida. Amaba los paisajes boscosos y rústicos, las ciudades también tenían su encanto arquitectónico.
Sin embargo, lo que más amaba seguía siendo lugares con mucha naturaleza.
Recuerdo que, de pequeño, mi madre al ver lo feliz que era en el campo, empezó a comprarme plantas en macetas.
Tanto así, que la casa quedó cubierta de un hermoso verdor.
Sabía que no era lo mismo, pero había una sensación de alivio al estar rodeado de ellas.
Mi celular timbró y lo alcé para contestar.
—¡Maldito, me dejaste morir anoche! —Exclamó Bruno muy enojado—. ¿Y qué haces en Barcelona?
—¿Cómo sabes que estoy en Barcelona? —Pregunté con una sonrisa—. Deja tu drama, ambos sabemos que Javier no te iba a hacer nada... creo.
—Yo pregunté primero —dijo él, carraspeando un poco—. Y claro que no me iba a hacer nada, puedo... ponerlo de rodillas en cualquier minuto.
—Eso sonó como si fueras tú el que se puso de rodillas anoche. —No pude detener el comentario y tuve que alejar el teléfono, del insulto tan fuerte que me acababa de soltar Bruno.
—Esa lengua tuya está muy suelta. Hay que ver que la confianza da asco. —Vociferó—. Y no me has respondido que haces allá, pudiste haberme dicho y te acompañaba ¿Sabes?
—No te preocupes. Solo tengo que ir por algo, volveré en algunos días.
—En fin, cuídate de la gente. Descubrí donde estabas por: Uno, subiste un montón de fotos nuevas a Instagram y dos, hay tíos fotografiándote —comentó y un escalofrío me llegó por la espalda—. No por nada los artistas no publican sus fotos en el momento.
—Pero yo no soy...
—Querido, todo el mundo te vio con él —declaró—. Sean o no sean, en este momento, tú eres el medio para conseguirlo.
Seguimos hablando un rato más, cuando me fijé que ya era hora de ir a la estación de buses.
El problema era que, de la nada, un grupo de personas empezaron a seguirme.
Por un momento pensé que lo imaginaba, pero en serio me seguían y cuchicheaban entre ellos.
No me quedó de otra que empezar a correr, eso sólo parecía motivar a los chicos a correr tras de mí.
Entré en el primer edificio que encontré y una gallina voló a mi cara.
Del susto que me llevé con el anciano, que apareció a insultarme por haber lastimado a su gallina, terminé comprándola al doble de su precio, para que se calmara.
—Buena decisión, joven —afirmó el señor, ya con el dinero de su horrible estafa. La gallina ni siquiera estaba herida, solo un poco alborotada—. Esa gallina, además, es un amuleto de la buena suerte. Le aseguro que será muy próspero tenerla, incluso hasta atrae el amor. Es un animal inteligente.
—Es un pollo —dije alzando una ceja incrédulo.
—Tenga, le regaló una bolsa de comida por su compra —así salí de la tienda con un paquete de comida para pollos y una gallina.
¿Qué rayos haría con este animal?
Fui hasta la estación de autobuses y compré una canasta en donde mantener a la gallina. La verdad es que era bastante bonito el animal, pero además de rostizarla, no sabía muy bien qué hacer con ella.
Digo, no es como que pudiera dársela al primer indigente que viera ¿o sí?
Cuando fue hora de subir al bus, tuve que pelear un rato con el conductor, ya que no quería a un animal en el lugar.
Luego de discutir con él, logré convencerlo de que era necesario que llevara a la gallina.
Algo así como animal de apoyo emocional.
Dado que el señor no supo cómo refutar eso, solo me dejó pasar.
Estaba disfrutando mucho de mi triunfo, cuando de la nada mi gallina se alteró toda y voló sobre los pasajeros.
¡No, maldita sea, ya te había logrado meter al bus!
Grité a alguien que la sujetara, pero en definitiva no esperaba encontrarme de cara con Lio Zhan sosteniendo, además, a mi gallina. Nos empujaron de nuevo a los asientos. Esto tenía que ser una maldita broma.
¿Por qué estaba aquí? ¿Por qué estábamos en el mismo autobús, yendo a un pueblito casi desconocido para el mundo?
—Tú, en serio... qué clase de broma es esta —no podía creérmelo. Era curioso, pero había perdido un poco el miedo al hablarle, ya que charlamos por celular. Había algo insólito en esto.
¿Cómo podía existir tanta casualidad?
—Estoy empezando a creer que me sigues.
Mi gallina se removió inquieta en sus manos, y la tomé para luego meterla en la cesta de mimbre. Ella se acomodó feliz y yo la miré curioso.
Maldito animal, ya empezaba a creer que era del diablo.
Me miró con su ojito negro, como satisfecha.
—Por cierto, gracias por atrapar a mi gallina —la vergüenza empezó a cubrir mi cara y tragué nervioso.
¿Por qué no podíamos tener un encuentro normal?