Amantes de Tinta Lio
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Lio

No supe cuánto tiempo estuve observando el teléfono, mis ojos no abandonaron la pantalla y justo pude ver cómo entraron dos nuevos mensajes, del mismo número.

Me maldije por mi comportamiento y de inmediato vi la dirección de la panadería.

Quise golpear mi cabeza contra la mesa al ver que, al parecer, él era quién se iba de viaje, mientras que por supuesto, aquí estaba yo pensando en que me estaba invitando a una panadería, y sería mi momento de tomar distancias. Pero no, definitivamente no fue así.

Me dejé caer un rato abandonando el teléfono, para luego volver a revisarlo. Solté un suspiro cuando no pude más con el sentimiento que parecía sobrecogerme.

¡Santo Dios, cualquier dios! ¡Ni siquiera sabía que era todo esto!

Volví a tomar el teléfono y comencé a teclear rápidamente.

Lio:

Pasaré por ahí en cuanto tenga una oportunidad. Con respecto a lo otro, está bien. Espero que tengas un buen viaje, aunque lamento saber que no tendré la oportunidad de chocarme contigo por pura casualidad, en alguna parte de Madrid.

Tal vez un segundo mensaje no vendría mal... Solo uno más. Así que volví a escribir.

Lio:

祝你好运

Luego de enviar el último, pensé que tal vez fue un poco sucio.

Aunque ¿Qué tenía de malo escribirle algo que tal vez no entendería?

Así, quizás conseguiría otro mensaje de su parte.

De nuevo quise golpearme la cabeza. Se suponía que trataría de enfocar mi mente, pero aquí estaba. Tratando de sacar conversación.

Dejé mi teléfono de lado. Tomé una gran respiración y me dispuse a volver al libro. Ese misterioso libro y todo el asunto que debía investigar para poder escribir una nueva historia.

Abrí las páginas con cuidado, pasé mis manos por aquellas letras en tinta y leí con calma.

Besalú siempre fue un lugar tranquilo y pequeño. Pero ahí todo se sabía. Casi era como si fuera imposible esconder algún detalle y quizás, por eso mismo, todo continuaba siendo desconcertante.

La noticia de la muerte se extendió como pólvora, aun así, nadie supo qué pudo pasar. Nadie. Fue como si el viento hubiera venido a llevarse su alma por puro capricho.

Uno de los tantos rumores que se extendieron por el pueblo, fue que se trató de un castigo de los dioses. Decían que él estaba marcado por un destino trágico, que tardó mucho en cobrar su deuda. Sin embargo, era una completa tontería, y sabía la razón de ello.

Alguien se había ido contra él. Alguien lo atacó y parte de la evidencia estaba en el invernadero. La sangre comenzaba ahí y había evidencia de una pelea. Eso, además de una tabla rota y una carta. Una carta que no deje ver a nadie. Una carta que conservé y oculté.

La razón de mis acciones era que nadie, además de mí, tenía derecho a leer esa carta. Una que nunca recibí y parecía tener algo que ver en todo este asunto. En ella había tantos sentimientos desplegados, que resulta doloroso pensar que nunca podré darle mi respuesta.

Uno de los arrepentimientos que abrazan mi vida en este momento, es pasar por todo esto sin haberle dicho que era correspondido. Qué siempre lo fue. Por eso mismo necesito averiguar qué sucedió.

Todavía recuerdo la explicación del médico como si se tratará de una daga clavada en mi pecho. Recibió diez puñaladas en la espalda, tres fueron mortales. Perforaron uno de sus pulmones. Decirlo, y pensarlo, parecía irreal ante la imagen del cuerpo cubierto de sangre que permanecía en mi mente.

¿Por qué hay tanta crueldad en este mundo?

.

Me detuve. Cerré el libro y me recosté por un rato, como si estuviera meditando lo que tenía frente a mí.

Si lo pensaba bien, era una historia absolutamente trágica y de misterio a la vez. Un amor que no pudo ser confesado. Un amor que tuvo que ver la muerte. Un asesinato. Era increíble y al mismo tiempo, sentía que debía dedicarle demasiado respeto, solo por la idea de tratar la historia.

Dejé ir un suspiro. No podía evitar sentirme demasiado compenetrado. Los sentimientos de amor y de injusticia que sintió ese duque, solo me impulsaban a seguir adelante.

Mordí mi labio y de inmediato, busqué mi computadora para escribir en el buscador una palabra.

Besalú

¡Bingo!

Una sonrisa se escurrió por mis labios al ver las imágenes que aparecían en la pantalla.

Un gran puente dejaba ver la hermosa entrada medieval a lo que ahora era una localidad turística.

Mis manos comenzaron a picar y de un momento para otro, ya estaba buscando cuál era la mejor forma de ir a ese lugar.

Al parecer yo también me iría de viaje. Necesitaba ir y tal vez, eso me ayudaría a entender mejor lo que leía en las palabras del duque.

Me quedé por un rato observando lo que decían del sitio y al parecer, había muchas historias locales. Todo encajaba, pero al mismo tiempo no había nada en concreto. Sí quería saber más, probablemente tendría que ir a preguntar.

No me quedaba de otra y como si nada, compré un boleto en tren. Ahora solo tendría que decirle a Fabián que me iría, y la tensión cayó sobre mis hombros. Definitivamente esto no le agradaría, pero ya estaba hecho.