18 de enero de 2018
Brais
Fue muy justo el tiempo para llegar. Mi corazón aun latía desbocado, cuando me subí al tren y me senté con rumbo a Barcelona.
Esto, debía admitir, era lo más impulsivo y emocionante que había hecho en mucho tiempo.
Respiré profundo para calmarme. Nadie dijo que no podía hacer turismo un rato.
Sería más divertido con Bruno por aquí, pero algo me decía que Javier y él estaban un poco ocupados.
Sonó mi celular y vi mensajes de Lio. Mi alma casi se escapa de mi cuerpo al ver que quería ir a la panadería que le había mencionado, y rápidamente le adjunté la dirección.
Brais:
Es muy buena, hacen también un muy buen café.
A su segundo mensaje, una sonrisa se me escapó.
Brais:
La verdad, siento que vivimos pidiendo disculpas. En serio no importa, no tienes que irte ni nada. Por el contrario, creo que aprovecharé el momento para hacer un pequeño viaje.
Le di a enviar.
El viaje sería algo largo, así que me dispuse a sacar uno de los libros que me había traído para el trayecto. Miré de nuevo la portada del libro de Yan y una sonrisa se escurrió por mis labios, con anhelo.
El título decía, en unas simples letras negras, Lirio Rojo.
La carátula mostraba una leve figura de fondo.
Acaricié el libro casi con la misma devoción de la primera vez que lo leí.
Tenía quince años y aún estaba muy confundido por los sueños de mi otra vida.
Este libro fue mi salvación, fue cómo respirar, cómo volver a oír a mi señor contarme historias hermosas, llenas de magia.
Era tan exacto, tan intenso, que prácticamente me convencí de que era él.
Tenía que serlo. Su historia, los detalles.
Prácticamente eran un calco, incluso en su escritura.
¿Cómo haría para conocer a este autor? ¿Qué tenía que hacer?
Dios, hasta le vendería mi alma al diablo por verlo, aunque sea una vez.
Dejé el libro para después y saqué el otro que guardaba. Memorias de Lirio. Con este texto, una sensación distinta me embargaba. Era como leer algo que escribiste y ya no te acuerdas. Había una sensación familiar y ajena ante lo leído.
Lo abrí y miré la primera página, con un sentimiento de dolor y alegría en el pecho. Casi podía verme allí, escondido en mi habitación con papeles desparramados por todos lados, mientras una vela se quemaba lentamente. El aroma de las flores... flores con significados hermosos.
30 de octubre de 1701
No sé qué tan seguido debo escribirle, mi señor.
Dado que me encargó la misión de escribir, creo que lo haré todos los días, aunque no sé.
El mensajero me dijo que podía tardar bastante, así que trataré de contarle muchas cosas.
No soy muy diestro escribiendo así que espero que la práctica, me ayude a tener una letra más linda y pulcra cómo la de usted.
¿Cómo se encuentra? ¿Ya llegó a su destino?
¿Hace frío o calor? Espero que haya llegado a su destino porque si no, no podrá leer esta carta hasta que llegue.
Aquí los Lirios que he sembrado están creciendo grandes y hermosos, me recuerdan mucho a usted por lo cálidos y suaves, además por su color.
Sé que no lleva mucho de haberse ido, pero en serio lo extraño.
El señor Rubén sigue regañándome por todo, cómo hago bien mi trabajo, he llegado a la conclusión de que solo le gusta gritar.
Ha pedido un nuevo ayudante ya que ahora trabajo más en la casa, pero se lo han denegado (Aprendí esa palabra).
Más que un ascenso, parece que ahora debo hacer el doble de trabajo.
Pero no me importa, me gusta estar ocupado, así no tengo tanto tiempo para extrañarlo.
No puedo esperar a recoger la cosecha de fresas, lástima que no está para comerla.
La nueva cocinera dice que puede hacerlas mermelada, para que así pueda probarlas usted.
Lo otro es que, a pesar de todo el trabajo, parece que mi mente solo puede pensar en usted.
En mis descansos siempre voy a la ventana de su habitación, esperando verlo.
Ya Ferrán me ha regañado tres veces por estar en ese lugar.
He tenido que aprender a comportarme y entrar a su habitación por la puerta (No he tocado nada mi señor solo limpiaba).
PD: Gracias a que ahora puedo entrar a la casa, estoy aprendiendo nuevas palabras.
Aunque a veces no entiendo del todo qué significan, pero no importa, el padre Juan es lo suficientemente gentil de explicarme lo que no entiendo.
También dijo que leyera sus libros de la biblioteca, pero no me atrevería a tomarlos jamás sin su permiso.
Espero que esté muy bien. Con mucho afecto,
Blai.