Amantes de Tinta Llorenç
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Llorenç

Con cada palabra que Blai me decía y cada promesa que soltaba, mi corazón solo se llenaba de pena.

Tensé mi mandíbula, incluso cuando me preguntó qué tan lejos quedaba Roma.

Al sentir sus brazos rodearme, casi cedí ante las ganas que tenía de llevarlo conmigo, o de hacer una rabieta y quedarme.

Sabía que no podía tomar ninguna de esas dos opciones.

Respiré profundamente y dejé que mis brazos sujetarán con fuerza el cuerpo del muchacho pelirrojo frente a mí. Era un intento desesperado de quedarme con algo suyo, como si mi cuerpo fuera a guardar su calidez. Lo sostuve por un rato y volví a hablarle.

—Claro que te escribiré todos los días —susurré entre la cercanía absoluta—.

Me temo que sí tendrás que esperar unos meses para la primera.

Sin embargo, prometo enviar tantas, una detrás de la otra, que en algún momento el tiempo ni se sentirá —deje otra caricia para él—.

Cuando vuelva, tendré la historia más especial para ti.

Solo espera por mí y guarda cada carta. Prometo que guardaré cada una de las tuyas, mientras pienso que estás a mi lado.

Jamás te olvidaré, Blai y tú tampoco puedes olvidarte de mí.

Tomé su rostro entre mis manos y me adelanté para plantar un suave beso sobre su frente, justo cuando alguien llamaba a la puerta. Era el momento de irme.