Llorenç
Después de aquel día en que volví a ver esa hermosa sonrisa, cálida y brillante, dedicada únicamente a mí, las cosas se calmaron un poco.
Mi padre dejó de insistir y yo evitaba decirle que casi todos los días iba a visitar a cierto pelirrojo.
Aunque era inevitable que alguien más se lo dijera, y qué él terminara escandalizado.
Todo comenzó a tomar su rumbo poco a poco. Retomé mis clases, y me sorprendió escuchar un grito que vino desde mi ventana. La impresión que sentí fue tal, que el corazón casi se sale de mi pecho. Definitivamente no quería vivir sin su sonrisa.
En cuanto se arrodilló, una extraña sensación se apoderó de mí.
Él estaba ahí, inclinándose y prometiendo estar a mi lado cómo si fuera un caballero.
Uno con brillante cabellera rojiza. Solo para mí.
Fui hasta él y me incliné hasta posar mi mano en su mejilla.
Dejé un suave toque y le dediqué una sonrisa.
—Puedes hacer lo que tú quieras, mientras estés a mi lado —le susurré.
En ese momento, quizás no pensé en el peso de mis palabras, o quizás lo único que quería era mantenerlo conmigo, sin importar lo que eso significaba. Por eso mismo el tiempo pasó y seguí pensando que nunca tendría que alejarme de él.
Tal vez fue muy inocente de mi parte, pensar que mi vida consistiría en esto únicamente. Estudiar, escribir, investigar y recibir a Blai todos los días en mi ventana. Que equivocado estaba.