Amantes de Tinta Llorenç
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Llorenç

Escuchar las palabras del pelirrojo, fue ver como una fina capa de cristal se rompía frente a mí.

Por primera vez fui consciente que mi mundo era completamente diferente al suyo.

Mi respiración se cortó, mientras mi expresión se mantenía serena como si no pasara nada.

Aun así, estaba pensando en lo que acababa de oír.

Tragué saliva y llevé una mano a su suave cabello. Lo acaricié un poco y luego le sonreí, mientras sentía una gran contradicción. Como si algo me molestara y en parte sabía lo que era.

—Es una palabra complicada. A las personas normalmente no les gusta escucharla —le dije—.

Se utiliza cuando alguien abusa de forma muy agresiva, de otra persona.

Cuando la ha forzado a hacer algo contra su voluntad o sin su consentimiento.

Es algo que realmente no debería pasar y puede lastimar mucho a la persona que sufrió el abuso —llevé mi mano a su mejilla.

Me quedé ahí, dándole una caricia, cuando tuve una idea. Me separé y tomé una de las flores que estaban en el jarrón. Era una de color amarillo, corté un poco del talló y lo coloqué entre su oreja y su cabello rojizo.

—Te estoy diciendo lo que significa esa palabra porque creo que debes saber todo lo que quieras. No por alguna otra razón ¿Sabes que aquí, a mi lado, siempre serás querido, cierto? ¿Hay alguna otra cosa quieras preguntar?

Nada de lo que le pasó a su madre, había sido culpa suya. Una parte de mí no podía entender como una persona tan cálida, curiosa y alegre como él, tenía detrás una historia así. Parecía una tragedia griega, con una venda de seda que impedía verla.