Blai
Me sonrojé cuando mi señor me sentó. No podía con la vergüenza de estar a su lado. Había algo cálido en mi pecho cada vez que él me trataba como un igual.
—Mi señor, gracias por valorar mi presencia —exclamé feliz al oír lo que pensaba de mí—.
Yo no soy deseado. Mi madre me contó que cuando ella me tuvo, fue porque un hombre extranjero la obligó.
Luego, su esposo se batió en duelo por su honor, matando a mi padre.
Sin embargo, ella me dio a luz... pero no me trataba bien; decía que le recordaba a ese hombre malo.
No me dejaba juntarme con ellos, sin importar cuánto me esforzara.
Hace bastante que no pensaba en ellos. Me preguntaba cómo estarían. Suspiré sin ganas de pensar mucho en eso. Nunca había entendido del todo esa historia.
—Mi señor ¿Usted sabe que significa violar? —Le pregunté.
Sabía que era una palabra mala, pero nunca nadie quiso explicarme, ni siquiera el padre Juan cuando se lo pregunté. La expresión en el rostro de la gente me agobiaba, se sentía como haber cometido un crimen por nacer.