Blai
Me emocioné al pensar que mi señor me había buscado entre la gente, y mis ojos se iluminaron al ver que le gustaron las flores. Él era tan bello como ellas. Miré el montón de papeles, sin saber cómo responderle.
—Estaba afuera. A la gente como yo no nos dejan entrar —exclamé—. Y mi familia no me quiere cerca, así que estaba solo… bueno, el señor Rubén, Bernardo y Ferrán estaban por allí. Se podría decir que estaba con ellos.
Sentía una incomodidad en la rodilla y me rasqué, sin pensarlo mucho.
Ayer me había caído mientras arábamos la tierra.
Me pregunté qué me enseñaría esta vez mi señor.
Ya sabía las letras y podía pronunciar sílabas, y palabras sencillas.
Miré al joven amo con entusiasmo, sin embargo, pensar en mi familia me hizo fijarme en que no los había visto en misa.
—Mi familia… ahora que lo pienso no los vi. Aunque tampoco creo que ellos quieran verme, así que no importa mucho. Sin embargo, me encantó el sermón, la vida de esos señores sí qué era emocionante.