Brais
Miré largo rato mi teléfono, preguntándome si lo llamaría.
Él dijo que podía hacerlo y a pesar de la vergüenza, sentía que había más confianza entre los dos.
Suspiré mientras tomaba el metro para ir a la universidad, a tramitar mi permiso de ausencia.
Volví a ver las fotos en mi teléfono sintiéndome extrañamente cálido y feliz.
Seguía sintiéndome avergonzado. Bastaba ver cómo sonreía yo.
No miraba a la cámara, solo a él y eso era demasiado íntimo.
Él se veía deslumbrante, tanto que mi corazón comenzó a latir de nuevo.
Varias personas me observaban, por lo que me tensé un poco.
En algún punto logré agarrar el valor y abrí un chat para escribirle.
Brais:
Buenos días
No sabía que más escribirle, me sentía demasiado apenado para preguntarle algo más y sería demasiada confianza.
Brais:
Hay una panadería que vende Panellets, por si quieres comer algunos.
Espera, eso sonaba como si lo estuviera invitando a una cita... estaba tan nervioso que le di enviar, en vez de borrar y me petrifique ¡No!
Brais:
No era eso. Era solo saber cómo estabas (o/////o)
Agregué un montón de emojis avergonzados, guardé mi teléfono y corrí a la universidad.
Luego de tramitar mí permiso, fui a la primera tienda electrónica y cambié la pantalla del celular.
Gracias a dios no fue nada más grave, pero solo por si acaso, me compre un forro más resistente a las caídas.
Aún me ganaba la vergüenza, pero decidí dejar de lado por un momento a Lio, y me concentré en ver qué tren salía a Cataluña.
Si corría, podía llegar a las once de la mañana.