Lio
Cuando fue el momento de volver a la firma, los dos chicos se retiraron, pero para mí fortuna, conseguí averiguar algunas cosas de Brais.
Al parecer estudiaba Historia y Filosofía.
Además, le gustaba dibujar bodegones. Su pasatiempo consistía en ver películas extrañas y de bajo presupuesto.
Por otro lado, mi mente parecía perdida.
El resto del día y en más de una ocasión, no pude evitar lucir distraído. Como si estuviera en las nubes.
El evento terminó cuando el sol se ocultó.
Me quedé un rato tarareando una melodía que no recordaba haber aprendido, mientras esperaba por el auto para regresar.
Escuché una tos detrás de mí y al girarme me encontré con cierto rubio, a una distancia considerable, apretando una carpeta que llevaba entre las manos.
—Está todo listo para volver al hotel —soltó con un poco de molestia, a lo que arqueé una ceja, solo asentí y caminé en silencio.
En el auto, el ambiente comenzó a sentirse un poco tenso, a pesar de que mi mente seguía divagando.
Lastimosamente, el silencio no permaneció todo el rato.
—¿Podrías tener un poco más de cuidado? —El comentario llegó desde adelante.
Mi ceño se frunció y alcé la vista para ver al rubio que seguía mirando al frente.
—¿Disculpa? ¿Qué dijiste? —Se escuchó una especie de quejido.
—Solo decía —el tono dejaba bastante claro que Fabián estaba enojado—.
Has permanecido todos estos años con una carrera y reputación impecable.
Tus fans te aman, los medios te adoran y en un día haces algo que probablemente pueda ocasionar que te censuren en China.
El único lugar en todo el mundo en donde los proyectos te llueven ¿Tienes idea de lo que pasará ahora?
Los rumores con Li Wei Fa parecerán un chiste al lado de esto.
Masajee mi sien sin decir nada.
—¿En qué demonios estabas pensando? ¿Qué diablos fue eso? Por qué le diste una...
—Ya basta, Fabián —alcé mi voz para detenerlo—.
Ni siquiera estaba pensando ¿De acuerdo?
Si no pasó nada luego del video que se filtró de mí, bailando con Li Wei de cuando estaba en Corea, creo que esto pasará sin problemas.
Solo déjalo estar. Nadie ha dicho nada, no he hecho nada.
No hagas un escándalo de algo que no ha pasado ¿Quieres?
Solo relájate, es tu trabajo mantener la calma en este tipo de situaciones.
—Justo porque es mi maldito trabajo, es que te lo digo —gruño, esta vez girando en el asiento delantero para mirarme.
—Perfecto, lo tomaré en consideración —el auto se detuvo al llegar por fin frente al hotel. Abrí la puerta y me bajé—. Eso es todo por hoy. Gracias por tu trabajo, Fabián.
Caminé a paso firme hasta mi habitación sin girarme, desprendiendo un aura de molestia impresionante. Todo el mundo me dio paso y cuando llegué a mi destino, solo azoté la puerta. Fue como si un extraño torrente de rabia decidiera desplegarse.
Arrojé una de las camisas que cargaba a alguna parte, al igual que mi teléfono. Mi cuerpo se movió por sí solo, guiado por una música que estaba en mi cabeza. Todo era frustración, todo era confusión, todo era un desastre y sentía que ni siquiera me conocía a mí mismo.
Cuando volví en mis sentidos, estaba en el piso y con la espalda recostada en la cama.
Mi pecho subía y bajaba. Todo mi cuerpo estaba sudado.
Llevé las manos hasta mi cabello y enterré la cabeza entre las piernas ¿Qué demonios estaba pensando?
¿Por qué me sentía así? ¿Por qué no entendía ni la mitad de las cosas que pasaban por mi cuerpo o mi mente?
Tomé una gran bocanada de aire para luego ver mi teléfono en el piso, cerca de donde estaba.
Alcancé el aparato y decidí seguir confundiéndome a mí mismo.
No fue difícil encontrar el montón de fotos que ahora estaban en internet.
Sin embargo, me quedé observando una. Esa única foto sutil, en donde le entregaba una rosa blanca al pelinegro.
Mi pecho se oprimió. Me costó respirar y por un momento, dirigí la mirada a dónde reposaba aquel libro antiguo y mi cuaderno con la funda de cuero.
Cerré los ojos y volví a pensar en algunas cosas que había escrito.
Su sonrisa era la razón de mi vida.
Lo amaría por esta vida y por todas las que volvería a experimentar.
¿Cómo sería el describir la acción de besarte?
.
Eran frases sueltas. Palabras que ni siquiera sentía mías, pero que salieron de mi mano sin que pudiera caer en cuenta de eso. Palabras que ahora me torturaban. Este no era yo, definitivamente no lo era. ¿Qué había hecho?
Busqué un contacto familiar y escribí un mensaje simple, mientras anexaba la foto que había estado viendo.
Lio:
Wei, creo que estoy enloqueciendo
No supe en qué momento caí en un sueño profundo, o en cómo llegué a recostarme sobre la cama.
Lo único de lo que estaba seguro, era de haber experimentado la sensación de abrazar a alguien.
Sentí el cosquilleo, la calidez y como mi respiración se volvía lenta y pausada.
Era como si me aferrase a un cuerpo ligero y hecho para encargar con el mío.
De inmediato, salió de mis labios un jadeo involuntario.
—Mierda —gruñí, mientras despertaba por el ruido del teléfono repicando insistentemente.
Tantee alrededor sin abrir los ojos. El sonido solo aumentaba y cuando al fin conseguí atender, escuché una voz molesta.
—Entonces ¿Decidiste hacer un movimiento o vas a comenzar con algo comúnmente conocido como frustración sexual? Dime que se trata de lo primero, por favor —el tono al otro lado parecía serio.
—¿Acaso tu pasatiempo es molestarme o burlarte de mí? —Me levanté y vi que el sol ya se alzaba en lo alto, y se colaba por la ventana.
—Pensé que eso ya había quedado claro, mi pequeño león —se río y bufe molesto.
—No quiero jugar, Wei —sentía como si acabara de despertar de una resaca.
—¿Entonces qué quieres? ¿Qué es lo que te pasa? —Volvió al tono serio en su voz.
—No lo sé.
—¿No lo sabes? ¿Por qué no? Yo creo que es muy fácil.
—¿A si? Entonces dime qué es lo que me pasa. Porque yo no lo entiendo en lo absoluto —no entendía porqué era tan frustrante, o agobiante esta desconocida sensación de anhelo.
—¿Es tan difícil para ti creer que te enamoraste de ese chico? —Trague saliva.
—No Wei, eso no puede ser.
—¿En serio? ¿Y por qué no?
—Mierda —me cubrí el rostro con la mano.
—Te he perdido, mi querido Lio.