Brais
Su vida se oía realmente muy interesante, pero no entendía como siendo tan joven, podía estar en tantas cosas.
Me sorprendía que no se hubiera desmayado antes.
Sin embargo, no era eso lo que quería; quería saber qué hacía en sus tiempos libres, esos momentos en los que nadie estaba con él.
Aunque por la cantidad de proyectos y actividades que hacía, no parecía una persona que tuviera descanso.
—Solo no quería ser visto... pero, eres bastante intimidante —hice un mohín, su risa era entre linda y molesta, sentía la vergüenza de ser el centro de su mirada. Además, Bruno parecía esforzarse por ponerse en mi contra—. No hablemos de mí.
—Tienes razón, hablemos de cuál es el siguiente paso en tu gira ¿Si te pido un baile privado, me lo harías? —Soltó Bruno y fue la gota que derramó el vaso.
—Nadie te va a hacer un baile privado a ti —acentúe mi voz. Mi amigo me miró y alzó una ceja—. Sobre mi cadáver.
—¿Eso significa que puede hacértelo a ti? Pensé que las preguntas las respondía él.
—Tú no haces preguntas, haces propuestas —me crucé de brazos, molesto—. Indecentes.
Quería que la tierra me tragara en serio, pero qué es lo que acababa de decir.
—¿Y por qué te molesta?
—Dios, solo cállate —ahora estaba rojo como un tomate.
Casi caigo en la trampa, pero al final opté por golpear a Bruno.
En serio me vengaría. Seguimos hablando con Lio hasta que fue hora de retirarnos.
Llamamos a un taxi y durante todo el trayecto no pude dejar de cubrir mi cara con vergüenza.
Por otro lado, el Karma era hermoso. Apenas llegamos a nuestra residencia, un auto negro que salió de quien sabe dónde, se frenó de golpe.
Javier se bajó del vehículo y no entendía lo que pasaba.
Iba a saludarlo, cuando sus ojos se posaron sobre Bruno, ignorándome olímpicamente.
—¡No! Aléjate —gritó Bruno, pero fue tarde para correr.
Javier lo tomó por la espalda, pasó su otro brazo por las piernas y lo cargó, como si fuera la cosa más ligera del mundo.
—¡Maldito, bájame!
—¡No! —El tono me heló la sangre.
Él pelinegro abrió la puerta de su auto, metió a Bruno y la cerró. Mi amigo pataleaba, bastante impresionado y ofendido por la forma en la que se lo llevaron. Hasta yo sentí que debía oponerme, pero estaba intrigado por cómo terminaría esta situación.
—Te lo devolveré mañana —exclamó Javier y asentí aturdido.
Espera, esto es secuestro, ¿no?
El auto desapareció en la callé dejándome algo inquieto.
Jamás había visto esta cara de Javier, pero Bruno se había cavado su propia tumba.
Entré a nuestra casa y efectivamente, me puse a revisar mi teléfono.
Tenía que admitir que el desgraciado era rápido para presumir.
Había publicado un montón de fotos, las de la comida en la sala VIP y varías de nosotros tres juntos.
Empecé a agarrarle un poco de envidia a la capacidad de los demás, para salir bien en las fotos.
Yo me veía muy apenado o salía mirando a Lio.
Era vergonzoso, en ningún momento sonreí, solo tenía esa tonta mirada perdida sobre él. Por favor, que alguien me matara.
Los comentarios de las fotos no eran mejores, iban desde insultos por nuestra maldita suerte, hasta rogarnos por más.
Se sentía como echarle gasolina al fuego.
Gracias a Dios, la mayoría de fotos que tomó Bruno de nosotros, me las envió a mí, pero hubo solo una, una que dejó en su cuenta y era la que más vergüenza me daba.
Lio se veía hermoso, como un sol radiante y justo de frente estaba yo, con una especie de mirada perdida, mientras extendía una rosa blanca hacia mí.
En serio, quería morirme por la cantidad de cosas que decían.
Hasta me daba miedo abrir mi Instagram y al hacerlo, descubrí que tenía un montón de solicitudes.
Era abrumadora la cantidad y me asusté. Venían acompañados de mensajes indecorosos o personales.
Todos preguntaban si era real que salía con Lio Zhan.
Cerré mi cuenta sintiendo que me daría un ataque de pánico en cualquier momento. Tenía que ser una broma, una de muy mal gusto. Esperaba que a Bruno le estén dando una paliza en este momento, porque todo era su culpa.
…
A la mañana siguiente no sentía ganas de ir a la universidad, y mucho menos ir al trabajo.
Mi celular no paró de sonar con mensajes de gente extraña.
Me sentía tentado a borrarme la cuenta de Instagram, pero Yan era mi única razón para soportarlo.
Perderme cualquier cosa de él, me volvería loco.
Eso me hizo recordar el libro que estaba en mi poder.
Fui a buscar mi bolso y allí lo vi. Era una encuadernación hermosa y pulcra.
Debido a la antigüedad del libro, este debía ser tratado con cuidado.
Me senté en mi escritorio y contemplé las letras doradas con aflicción.
Memorias de Lirio
Abrirlo provocó un dolor punzante que se clavó en mi pecho. Se sentía, en cierto modo, irreal. Veía mi letra y al mismo tiempo, era como leer los escritos de un extraño.
Toda mi vida, psicólogos, especialistas y terapeutas, me convencieron de creer que tenía una imaginación hiperactiva; que las cosas que "recordaba" solo eran juegos de mi imaginación.
Me hicieron sentir como un loco. Pero ver al fin una prueba tangible de que estaba en lo correcto, fue como respirar después de demasiado tiempo.
Quería gritar que yo tenía razón. Qué no estaba loco y experimenté alivio.
Ese anhelo era real, ese deseo de verlo era tan intenso, que incluso traspasó la muerte.
—Mi señor —acaricie las páginas con tristeza. Era una sensación que me ahogaba—. Mi señor, en serio lo lamento, pero deseo verlo de nuevo...
La imagen de Lio Zhan cruzó mi mente. El dolor y la culpa fueron agridulces. Lo lamentaba, realmente lo lamentaba porque en serio no podía evitar amar mi pasado, y sin embargo, pensar en otro... mi llanto fue incontrolable. Era tan injusto el destino.
—Mis respuestas. No, imposible... fue hace mucho, es imposible que se mantuvieran...
De repente comprendí una cosa. Mi señor conservó estas cartas, significaba que esa mansión existía...
Me levanté de inmediato y comencé a preparar las cosas para un viaje.
Sin embargo, me paralice ¿Realmente lo haría?
No tenía el valor. No era la primera vez que intentaba ir a ese pueblo, a Besalú.
Pero el angustiante dolor de comprobar la verdad volvió a paralizarme.
Mis padres una vez quisieron llevarme ahí, a ese lugar.
Mi ataque de ansiedad había sido tan fuerte que estuve varios días hospitalizado.
Jamás volvieron a sondear la posibilidad de ir a Besalú.
A pesar de mi nueva vida, nunca sentí el impulso de viajar allí.
Tal vez fuera por miedo, pero una parte de mí no deseaba moverse.
Quizás era el temor de no encontrar lo que busco, o tal vez, sólo fuera porque sabía que él ya no estaría allí y ese dolor, era demasiado.
Sacudí esos pensamientos de mi mente, ya no era ese niño.
No podía seguir siendo ese niño. Esto no podía esperar más.
Necesitaba comprobarlo de una vez por todas.
Saber qué había pasado con él, con mi señor...
a pesar del terror tenía que enfrentarlo.
Lio Zhan volvió a aparecer en mi mente y la culpa volvió a invadirme.
Miré mi lista de contactos, hasta conseguir su nombre. Él era confuso y eso me agobiaba.
¿Acaso solo quería enfrentar esto por él?
De ese modo, ya no me sentiría culpable por sentir cosas hacia alguien que no fuera mi señor.
Volví a pasar mi mirada por el libro. Como futuro historiador conocía los estudios de los duques de Lis.
Sin embargo, él siempre ha sido una herida que no podía manejar y nunca intenté leerlos.
Ahora me arrepiento. ¿Cómo habrían sido sus últimos días?
¿Pensó en mí? Debía pensar en mí, al menos recordarme ya que guardó estas cartas.
Un recuerdo hermosamente archivado y protegido.
No sé si hago esto por Lio Zhan, por mí o por superarlo, pero esta vez lograría subirme a ese tren. Así que seguí empacando mis cosas.