Amantes de Tinta Lio
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Lio

Inmediatamente solté una carcajada. Esto era demasiado divertido. Cuando el del kimono reveló que había estado en la conferencia, una parte de todo comenzó a tener sentido. Él fue el chico de la pregunta interesante, y Brais... Estaba seguro que era el que parecía volverse uno con la silla.

Ahora, cuando mencionó que trabajaba como batista, recordé el pequeño evento en donde alguien terminó lleno de mocca, y lo que sucedió en el baño del lugar.

Incluso le había regalado mi pañuelo. Todavía sentía escalofríos por eso y prefería guardarlo para mí.

Yo... No estaba listo para hablar sobre ese tema.

Sin embargo, mi risa salió involuntariamente, gracias a la discusión de los dos amigos.

El fan era un claro admirador ofendido, porque Brais hizo preguntas de cosas que fácilmente salían en internet.

Cuando regularice un poco, traté de responderle; el pelinegro estaba ahí, frente a mí, como si estuviera conociendo a alguien nuevo en su salón de clases. Era demasiado agradable y divertido.

—Gracias por pensar que soy bueno, me he esforzado mucho para dar lo mejor —mis labios seguían con una gran sonrisa, que seguramente dejaba revelar el hoyuelo en mi mejilla—.

Mmmmm, he cantado algunas veces, pero no lo hago con mucha regularidad.

También me gusta la velocidad. Tengo algunas motos, pero en realidad intenté participar en otro tipo de carreras.

Por suerte, me dejaron correr dos veces en la F1 como novato —hice un gesto pensativo, a ver qué más se me ocurría—.

Me gusta actuar, practicar con mi patineta y jugar videojuegos.

Me encogí de hombros.

—¿A ti qué te gusta hacer además de cocinar para tus hermanos y el mocca? —Miré al que comía con ganas de sacar más fotos.

—Tú también puedes hacer preguntas. Si tengo razón, creo que los recuerdo de la conferencia, pero en ese caso, supongo que tengo curiosidad sobre si acaso doy miedo o soy intimidante —me volví a Brais—. ¿Eres el que se escondía en la silla, cierto?