Brais
La risa de Lio Zhan hizo que un escalofrío me recorriera entero.
Tanto Bruno como yo lo miramos un poco embelesados.
Sentí como mi mundo se volcaba y una sensación cálida empezaba a dominarme al verlo comer mis postres.
Su firma en mi suéter me produjo un hormigueo en el vientre.
Podía entender el por qué lo admiraban, su trato fue dulce y tierno; el puchero que hizo al terminar de comer, casi me hace ir corriendo a hacerle más. Le daría todo lo que me pidiera.
Cuando nos invitó a esperarlo, mis mejillas se calentaron.
Debía rechazarlo, no era correcto, no...
Bruno, en contra de la decencia, salió corriendo a aceptar la invitación y me arrastró a una habitación.
Lo primero que quise hacer fue golpearlo, pero su maquillaje era muy delicado y tenía miedo de arruinarlo entre el forcejeo, así que lo pellizqué en el brazo.
—Ay por Dios, mi pequeño retoño, no seas tímido —exclamó Bruno con una sonrisa—. ¿Viste cómo te miró? Qué intensidad en esa mirada.
—Igual no tenías derecho a decir que sí; él debe estar ocupado y ahora lo estaremos molestando.
—¿Crees que invita a cualquiera? —Volvió Bruno—. En todo el tiempo que llevo siguiéndolo, no ha habido una sola chica a la que haya invitado a una sala VIP —la sonrisa de mi amigo era radiante—. Sabía que me traerías suerte.
Una muchacha entró con un pequeño arreglo frutal, así como con algunos cócteles.
Bruno ni siquiera dudó en tomar la comida y yo sentía que me avergonzaba.
Ni siquiera nos dijeron que pudiéramos tomarlos.
¿Qué tal si eran para Lio Zhan? Recordé como comió mis postres y como quedé perdido en el movimiento de esos labios.
Rayos, incluso comiendo era pecaminoso. Bruno llevaba rato tomándome fotos, cuando me di cuenta, corrí a quitarle el celular y estuvimos un buen rato forcejeando.
—Eres un sinvergüenza, deja de presumir —dije molesto.
— Y tú eres un recatado, estúpido. Date cuenta que coquetean contigo.
—No es cierto. Él solo es amable, imbécil. —Mi cara estaba roja—. Es cortesía.
—Pues ya quisiera que me dieran esa cortesía a mí —exclamó pasando su brazo por mi cuello—. Digo, solo piénsalo. Quien fuera calzón, para tocar todo el día ese paquete.
Tardé en entender lo que esa frase significaba, pero no pude contener la carcajada que me provocó.
Me enojé incluso más con él. No era momento para que dijera esas cosas.
Me solté de su agarre y busqué calmarme un poco.
Solo era una persona y quería acercarme a él, tal vez debía escuchar a Bruno, después de todo, no podía huir cada vez que nos veíamos.
—En serio estoy disfrutando mucho de esto, espera a que lo comparta en Twitter —Bruno estaba muy emocionado y por esa vez, dejé que tomara una foto de mí—. Ves, tienes potencial —eso me hizo recordar lo que dijo sobre un tal Li Wei Fa.
—Por cierto... dijiste que él era emparejado con un chaval —pregunté algo tímido.
—Sí, fue un idol con el que estuvo mucho tiempo —se acercó más—. Todos dicen que salieron, pero el manager de Lio los descubrió y los separó. Obvio no puedes evitar que dos bombas sexys asiáticas, sean shipeadas. Incluso nació un rumor de que se ven a escondidas.
—Oh —note un extraño frío en la boca de mi estómago, no lo entendía, pero me sentía extrañamente decepcionado—. Bueno... solo son rumores.
—Rumores muy sólidos —Bruno sonrió—. ¿Por qué, te importa?
—No —repuse sintiendo mi cara enrojecer.
—Oh vamos, no me ocultes tus sentí...
Bruno se detuvo al ver que ya no estábamos solos y en efecto, Lio Zhan entró.
Fue como si de repente la habitación se iluminará y un dios radiante, y hermoso, se dignará a estar frente a nosotros.
Mi corazón palpitó con rapidez. Antes de poder siquiera decir algo, me tendió un rosa.
Sus palabras fueron cálidas y dulces. Pude escuchar el pequeño jadeo que se le escapó a Bruno, e incluso el clic que hizo su cámara, pero me quedé congelado por un momento observando esa flor, tan bella, tan delicada, tan significativa, que experimenté una felicidad culposa.
Culpa por desear más, por querer más. Anhelaba al amado de mis recuerdos y este sujeto solo derribaba mis cimientos sin consideración.
Tomé la flor y lo miré confundido y halagado.
—Gracias —exclamé—. No hay que agradecer por los dulces, me alegra que te gustaran, los hice yo —me sentía tímido, más si tenía a Bruno mirándome incrédulo—. Bruno ¿puedes dejar de hacer eso?
Bruno bajó su celular, temiendo que se lo fuera a quitar e hizo un puchero.
—No es justo, lo tienes todo para ti, déjame tomarle fotos ¿Puedo? —Me empujó más cerca de Lio y todo mi cuerpo se erizó por la cercanía—. Con confianza, solo es una foto —hizo varios selfies y luego una de nosotros dos. Cuando me harté, él guardó el celular y se encogió de hombros.
—Bien, lo guardo, pero me siento muy curioso por la razón de Lio Zhan para habernos invitado ¿Acaso quiere conocer mejor a su salvador?
—Bruno, en serio, solo cállate por favor —dije azorado; lo empujé hacia la mesa con comida y él captó mi indirecta.
Respiré aliviado—. Lo siento, él es muy hiperactivo.
En realidad, creo que ser reconocido en la calle, es lo que más me asustó.
No estoy acostumbrado a llamar la atención, pero no ha sido tan malo.