Amantes de Tinta Lio
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Lio

Aunque intenté evitarlo, al final del día tenía que hablar con Fabian.

Sabía que era infantil de mi parte hacer todo esto, pero la sensación de molestia que prevalecía en mi interior, era tan extraña que seguía sin comprender cómo dejar ir todo el asunto.

Incluso terminé en una llamada con mi madre para pedir consejos y por supuesto, para explicarle que todo estaba bien, y no tenía mucho de qué preocuparse.

Nuestra consigna familiar era nunca creer en nada, a menos que lo escucháramos de nosotros mismos. Por eso terminó insistiendo en que hablara con Fabian y le pusiera límites claves. Era mucho más fácil decirlo que hacerlo, después de todo, no estaba seguro de querer escucharlo otra vez.

Suspire mientras recordaba que conocía a Fabian más o menos desde los diez años, cuando comencé a estudiar en un internado.

Él solo se acercó y decidió ser un amigo incondicional.

Siempre creí que era bastante peculiar, y al ver que no se relacionaba mucho con nadie más, tampoco tuve problema con dejarlo ser mi amigo.

Por supuesto, con el tiempo, nuestra curiosa amistad parecía algo más por conveniencia, o por lo menos para mí así lo era. Yo no quería tener mucho que ver con nadie, y él tenía uno que otro problema para interactuar con otros que no fuera yo.

Cuando comencé a adquirir fama, a mis padres les agradó la idea de que alguien cercano, joven y con algunos conocimientos de marketing, estuviera a mi lado, así que a sus apenas diecinueve años comenzó a trabajar conmigo, con todas sus peculiaridades.

Aunque tampoco podía olvidar lo mucho que les insistió a mis padres para que lo dejaran tomar el trabajo.

Ahora estaba aquí, llamando a la puerta del rubio, tras intentar razonar conmigo mismo, y encontrar un punto medio. No negaré que me lleve una sorpresa al verlo abrir la puerta un tanto desencajado.

Su cabello estaba revuelvo, vestía únicamente una camisa blanca y un mono negro, que parecía de pijama.

No me miró a los ojos, solo se hizo a un lado y entré a la habitación en silencio.

Caminé repasando el lugar y parecía recién ordenado.

Tomé asiento en la pequeña sala en la habitación y Fabián hizo lo mismo, sin mirarme.

—Ya tomé una decisión —solté en tono neutro y sin emociones. Eso produjo un sobresalto en el rubio—. No voy a quitarte el trabajo.

Su mirada se alzó y pude ver esos ojos azules, un poco rojos.

Deje caer los hombros y evite soltar un suspiro.

De verdad no entendía porque habíamos tenido que llegar a esto, por un incidente.

Sabía que a Fabian le costaba confiar en los demás.

Para él era incluso un poco complicado lidiar con algunos fans, porque le estresaba que algo malo me pasara.

Tampoco era tonto, así como había personas que me amaban, existía otra gran cantidad que nunca venía con buenas intenciones. Era parte del trabajo, pero aun así…

—Sin embargo, necesito que aclaremos algunos límites entre nosotros, Fabián —él frunció el ceño, confundido—. No me mires así. Todavía sigo muy enojado por lo que pasó y por si no fuera suficiente, hay un alboroto porque dicen estoy hospitalizado. Todo lo que se pudo evitar, sucedió.

—Lo lamento —soltó con voz débil.

—Sí, ya no importa. No podemos regresar el tiempo atrás, por eso mismo, creo que para que podamos seguir manteniendo una relación laboral, es importante que algunas cosas queden claras entre nosotros.

Vi cómo se tensó, pero no sé atrevió a replicar.

—Me gustaría separar tu interacción con mi vida privada.

Por eso mismo, a partir de hoy, iré solo en el asiento trasero del auto.

Puedes escoger entre estar adelante, o ir en un auto aparte.

Si me siento incómodo, te pediré amablemente que me dejes ir solo a donde yo quiera, y no podrás pedirme explicaciones al respecto.

El rostro del rubio palideció.

—Tampoco podrás entrar en mi habitación, si no te lo permito.

No tomarás llamadas de mi teléfono, no tomarás partido sobre las personas con las que desee hablar, o a dónde desee ir.

Tu único deber, como mi manager, será velar por mi agenda y estar al tanto de la organización de los eventos y el transcurso de estos.

Eso es todo. La parte legal o de seguridad quedará relevada a otro equipo que se encargará siempre de mi seguridad.

Ese tema ya no va a recaer dentro de tus funciones.

—Pero Lio…

Le interrumpí.

—Por supuesto, aún tendrás que ayudarme a controlar los alborotos que surjan en torno a rumores, chismes, difamaciones, etc., y esta vez quiero que te encargues personalmente de mitigar los ataques contra Brais,

ya que terminó en una comisaría gracias a ti —creí ver cómo Fabián se crispaba ante la mención del pelinegro.

—Lo importante, por ahora, es controlar las repercusiones negativas —me encogí de hombros—.

Básicamente tienes tu trabajo, pero por si no ha quedado claro, necesito que comencemos a mantener distancia.

Tal vez eso te ayude a no estar tan paranoico respecto a que algo me suceda.

Entiendo que este trabajo puede llegar a ser muy exigente.

Somos humanos y creo que tal vez necesitamos que te desprendas de algunas funciones.

Por eso mismo, prefiero que te encargues de supervisar, y yo mismo comenzaré a decidir a qué eventos asisto, y a cuáles no. Eso es todo.

El silencio se hizo entre nosotros por un rato, el ambiente era pesado y parecía que Fabián quería decir alguna otra cosa, pero no lo hizo. Me coloqué de pie dispuesto a salir, cuando escuché su voz.

—Mañana —fue lo único que dijo.

—¿Qué pasa mañana?

—Mañana será la firma de autógrafos que querías —parecía hacer un esfuerzo para poder hablar claramente—.

Yo… organicé todo como usualmente te gusta.

También... También decidí hacerla un poco más lejos de aquí, para asegurar el perímetro de tu hospedaje.

Es otra sede de este mismo hotel y ofrecieron un espacio.

Me giré a mirarlo por un momento, e inevitablemente solté el suspiro que había estado conteniendo desde hace un rato.

—Fabián, no hay nadie que pueda hacer mejor tu trabajo —afirmé con sinceridad y conseguí una mirada esperanzadora del rubio—.

Eso es lo que me resulta aún más frustrante.

Aprecio todo el trabajo que haces por mí.

No sé qué haría sin ti organizando todos los eventos por y para mí.

Pero en este momento, de verdad necesito espacio y no voy a ceder, no ahora, porque no entiendo qué te pasa en este tipo de situaciones.

No es tu trabajo ser mi guardaespaldas o algo por el estilo.

Hay cosas que no podemos controlar y aunque seamos cercanos, no puedes reaccionar tan impulsivamente.

Tampoco es la primera vez que lo haces. No creas que no veo cómo reaccionas cuando Li Wei está cerca, o me pide que hagamos una colaboración juntos y es el menor de los ejemplos.

Tras esas palabras, me retiré de la habitación dejando al rubio solo.

...

Al día siguiente no sabía exactamente cómo sentirme.

Iba en el auto, en camino a la firma de autógrafos.

Di una mirada al frente y vi qué Fabián se sentó religiosamente en el asiento del copiloto, sin decir nada más.

El camino fue silencioso y mis piernas no dejaban de moverse.

Sin embargo, no creía sentir ánimos. Tenía demasiadas emociones revueltas, como para dominar alguna.

Incluso recordé una conversación que tuve una vez con Li Wei sobre Fabián, y así como vino a mi mente, la deseché.

Solo quería regresar a mi habitación de hotel y seguir con la lectura del extraño libro antiguo, mientras ignoraba el mundo.

Claro que recibir un mensaje o llamada de Brais tampoco estaría mal, pero deseche el pensamiento ilusorio.

Llegamos y el lugar estaba repleto. Accedimos por una de las entradas traseras.

Llevaba unos tenis negros, un pantalón del mismo color, algo holgado; una camiseta a juego, con un cuello redondo y para un toque de color, una camisa a cuadros de color azul claro y manga larga que llevaba abierta.

Dejé mis manos en los bolsillos y pensé que quería llevar un día tranquilo.

Aunque no estaba seguro si eso se relacionaba mucho con una firma de autógrafos.

Revisé mi teléfono, que casi siempre permanecía en silencio, y a mi mente vino el recuerdo de cuando le di al pelinegro mi número ¿En algún momento me escribiría?

Mordí mis mejillas por un rato ¿En qué estaba pensando? Guardé mi teléfono y me dediqué a pensar que, a pesar de todo lo que había pasado me sentía un poco intrigado y emocionado, solo que ahora debía concentrarme en otra cosa.

—Joven Lio —me giré para ver a uno de los hombres de seguridad—. Ya vamos a empezar, sería bueno que tomara asiento.

Asentí y tras soltar un breve: Claro, por supuesto; caminé hasta la mesa para tomar mi lugar.

Era extraño no tener a Fabián cerca. Él solía tratarme como a un niño al que había que llevar de la mano para que hiciera caso.

Ahora estaba afuera de la sala, encargándose de que todo estuviera en orden y sin ningún percance.

Los de seguridad y el resto del personal se encargarían de mí.

En las primeras horas vi una variedad impresionante de personas.

Algunos confesaron que ni siquiera vivían en España ¿Cómo hicieron para venir aquí tan rápido?

Además de eso, me parecía interesante la gran cantidad de fans art en torno al shipeo que tenía junto a Li Wei, y seguían llegando.

Si se enteraba, él solo se moriría de risa.

Por supuesto, también había muchos otros dibujos de otros ship que se relacionaban conmigo.

Incluso una chica me regaló un dibujo mío junto a Brais. Era increíble.

Tampoco faltaron los pedidos para que sonriera en alguna foto, dijera algo para un vídeo, o recibiera cartas.

Mucho menos faltaron las palabras de agradecimiento, los deseos porque me mantuviera bien de salud y me cuidara, junto a muchas preguntas sobre si de verdad conocía al muchacho que era tendencia por haberme ayudado.

En fin, el día avanzó con calma y de forma amena.

Cuando le di una breve mirada a un reloj que colgaba en una pared cerca de mí, entendí que estaba cerca de tomar un descanso.

Era consciente de que seguro faltaban muchas personas, pero necesitaba un momento para estirar las piernas y tomar algo.

Me despedí de un par de chicas que todavía parecían gritar emocionadas por un vídeo que consiguieron tomar de mí, y levanté la mirada para ver quien seguía.

Sentí curiosidad al ver cómo se trataba de un chico sencillo en suéter y alguien con un traje de kimono tradicional, con un gran trabajo de maquillaje.

Era una representación perfecta y por alguna razón, su rostro me parecía bastante familiar.

Sin embargo, cuando estuvieron más cerca y antes de que el del suéter se escondiera detrás de su amigo, lo vi.

Ese rostro delgado y estilizado. Su cabello negro y ojos grises ¿Era mi imaginación?

Me quedé mudo y mis ojos se perdieron en el pelinegro tímido que se ocultaba. Ni siquiera conseguí seguir del todo la discusión que comenzaron. Lo poco que entendí, fue que el de suéter no había traído nada para obtener mi firma, y por el contrario, solo quería darme un regalo.

Por alguna razón me sentí aliviado y sonreí para mis adentros.

Brais no era como el resto de las personas que estaban aquí, y estaba seguro de que probablemente no sabía ni la mitad de las cosas que todos los presentes.

Él tal vez ni siquiera era mi fan, como el que le acompañaba; se notaba por la gran cantidad de firmas que quería de mi parte.

Salí de mi estupor cuando el pelinegro abandonó su escondite un poco molesto, se quitó el suéter y lo tendió sobre la mesa para que lo firmara, junto a su regalo.

Sentí curiosidad por lo que habría en esa pequeña bolsa y en ese momento, mis ojos al fin se toparon con los suyos.

Su rostro estaba tan rojo que yo solo pude comenzar a reír sin ninguna razón.

—Vaya, gracias —no pude con la curiosidad y me dispuse a abrir el pequeño obsequio.

Unos delicados dulces se rebelaron y mis ojos se abrieron con sorpresa.

Mordí mi labio e inmediatamente llevé uno a mi boca; pude ver cómo un miembro del staff parecía querer acercarse a replicar, pero levanté mi mano para detenerlo.

El sabor natural explotó en mi paladar y tuve que cerrar los ojos ¿Por qué era tan delicioso?

¿Por qué sentía que el sabor era familiar y fresco, aunque no recordaba haber probado algo igual? Saboreé con calma y comí otro.

—Diablos, esto está delicioso —solté y tomé el suéter del pelinegro. Dibujé el autógrafo en la parte delantera, con marcador permanente, junto a un pequeño escrito.

Gracias por traer dulces para mí.

Siento que he descubierto un nuevo sabor del que me he perdido toda una vida.

.

Seguidamente me dispuse a firmar con dedicación el resto de las cosas que había sobre la mesa, mientras continúe comiendo el resto de los dulces.

Cuando se acabaron, miré desconcertado lo que quedaba del papel ¿Ya no había más?

¿Era porque tenía hambre? Instintivamente dejé salir una especie de puchero por verme sin dulces y me volví al par, extendiendo sus cosas firmadas.

—Ya está —esbocé una sonrisa y tuve una idea—. Si les pidiera que esperen por mí un momento, hasta que llegué mi descanso ¿Lo harían? —Pregunté, apoyando la barbilla en mi mano.

—¿Esperar? ¿Esperar en algo así como una sala VIP? —El chico en kimono se apresuró a hablarme, mientras se apoyaba en la mesa emocionado.

—Por supuesto. Me gustaría darles un saludo más formal, que solo unos diez minutos —mientras hablaba, mis ojos estaban fijos en el pelinegro.

—¡Claro que aceptamos! —Exclamó de nuevo, y antes de que se arrepintieran, me coloque de pie para llamar a alguien que los escoltara a otra sala.

Vi como el del kimono tomaba absolutamente todas sus cosas ya firmadas, y tiraba de Brais para arrastrarlo a dónde les indicaban.

Me reí al verlos alejarse y después de unos cuarenta minutos, estuve libre para tomar un descanso.

De camino a la sala, tomé una rosa blanca de uno de los arreglos florales y caminé hacia la habitación en donde debían estar esperando por mí.

Llegué en silencio y el par estaba de espaldas hablando de algo, como si se tratará de algún secreto muy importante.

Me acerqué con sigilo y coloqué la rosa frente al pelinegro, mientras todavía estaba detrás de él.

—Lamento haberles hecho esperar —aclaré mi voz—. Este es un regalo por los dulces, de verdad estoy muy agradecido. También me disculpo por el alboroto de estos días. Todo se salió de control.