PARTE II
Brais
Estaba tan molesto que en cuanto entró Bruno, me lance a golpearlo. Todo esto era su culpa. Logró esquivarme y su risa solo me enervó más. Cómo se atrevía a exponerme así en internet, ¿y si mis padres lo veían? Estuvimos un rato viendo quien ganaba y fue empate, por el momento.
—Eres un...
—No te enojes conmigo, trataba de defenderte y de hecho, venía a decirte que Lio Zhan te defendió —estaba todo emocionado, a lo que me sonrojé.
Me mostró una publicación de Lio Zhan y mi cara ardió más al verlo... En serio, este hombre era el pecado encarnado. Me concentré en ignorarlo y leer su comunicado. Respiré aliviado al saber que estaba bien y mejor.
—No tenemos tiempo que perder, nos conseguí pases para la firma de autógrafos —exclamó sacando unos carnets.
—Yo... no lo sé.
—Oh por favor Brais, eres el sueño húmedo de cualquier seme, macho, pecho lampiño que se respete —sentía que me perdía de algo importante cuando me hablaba en términos de yaoi—.
Digo, sé que no eres una bomba sexy como Li Wei Fa, pero en definitiva tienes potencial...
y tienes un factor importante, ternura natural.
—Creo que en este momento tú y yo estamos en dos conversaciones distintas —estaba molesto—. Te grité porque publicaste mi información, fotos y detalles privados.
—Sí... pero lo hice por una buena razón —exclamó—. Además, casi todas las fotos que conseguí ya estaban en internet, la única nueva es la que te tomé anoche. Hay que darle material a las fujoshis.
Yo no estaba para esto. Bruno prometió no volver a publicar nada sin permiso y me arreglé para ir a mi turno.
Aún alcanzaba a llegar, si me apuraba. Sin embargo, apenas puse un pie afuera, sentí como varias personas se volteaban a verme, cosa que me incomodó.
Al llegar al trabajo, saludé a Javier que justo estaba abriendo; corrí a cambiarme para ayudarlo.
Le sonreí a mi compañera y su repentina vergüenza me hizo saber que vio los artículos.
—Brais... ¿Puedo preguntarte algo?
—Lo que sea que hayas leído, está sacado de contexto. Solo ayudé a una persona, punto. Vamos a trabajar —exclamé y ella se sonrojó más.
—No es eso —la miré sin entender—. Es que quería saber si lo viste sin ropa.
Tardé mucho en procesar lo que esa frase significaba y de repente, lo que dijo Bruno empezaba a tener sentido.
Me debatí entre qué decir o no. Opté por decirle que vi a un travesti darle una felación a un preso mientras estuve en prisión, y eso pareció dejarla lo suficientemente incómoda, así que solo salí a hacer mi trabajo.
El resto del día no fue mejor. Me reconocieron varias personas.
Soltaban preguntas que rozaban lo inapropiado o directamente el descaro.
Estaba tan molesto que Javier me mandó a hacer inventario.
Solo esperaba que los días no siguieran así porque era realmente un fastidio.
Nunca había tenido un día tan agotador. Mis padres me llamarón preocupados al ver las noticias, y tuve que jurar que estaba bien varias veces para que se calmaran.
Una señora me dio un abrazo, diciéndome que era un buen ciudadano y a pesar del gesto, sentía que no podía bajar la guardia.
La vida de una celebridad es horrible ¿Cómo hace la gente a la que le gusta esto?
Lo bueno de la fama, es que era pasajera, solo tenía que esperar a que las cosas se calmaran.
Revisé mi celular mientras estaba en el tren, de regreso a casa, y mi corazón se detuvo al ver que Yan de Lis había publicado algo nuevo.
Las lágrimas casi se me escapan al ver la imagen.
En serio lo amaba, tenía que ser él. Podía sentirlo en mi corazón.
Esas palabras eran la prueba irrefutable de que tenía que ser él.
Mi amado… pero, la imagen de Lio Zhan me hizo doler el pecho ante la contradicción.
¿Por qué me importaba él? Lio no era él...
yo le juré siempre estar a su lado y si bien no pude cumplir mi promesa, quería cumplirla en esta vida...
entonces ¿Por qué lo hice? Por qué me aferré a ese idol, por qué le pedí su número.
Necesitaba confirmarlo, así que tomé la decisión de acompañar a Bruno a la firma de autógrafos.
Llegué a casa sintiendo la frustración, el dolor, y una calidez que siempre podía borrar todas mis penas, sin importar qué.
No podía creer que lo haría. Al día siguiente me levanté muy temprano, sin embargo, mi querido amigo ya estaba levantado y terminando de arreglarse.
Bruno, como siempre, destacaba por el hermoso traje; esta vez usaba un lindo kimono bastante tradicional.
El empaste blanco en su cara era curioso, y su trabajo artístico fue exquisito y profesional.
Al terminar, noté que él realmente parecía una joven y delicada chica, cualquiera que lo viera lo dudaría.
—Estas hermosa. —Me dio un suave golpe en el brazo.
—Al menos de este modo, tal vez llamé más la atención que tú —dijo Bruno y me encogí de hombros.
Realmente lo dudaba, pero me arreglé y fuimos a comer.
La verdad, era incluso más extraño salir.
No sabía si nos miraban porque me reconocían o por lo increíblemente bien vestido que iba Bruno.
Tomamos un taxi ya que el lugar era lejos.
Cerca de llegar, Bruno me dio una mascarilla, se lo agradecí.
Al menos así podía salvarme un poco de las miradas.
Mi compañero me había advertido que a estos lugares se solía llevar algún tipo de regalo, así que esperaba que mi presente le gustara.
Hacía bastante calor, no entendía como mi amigo podía mantener a la perfección su maquillaje.
Pasaron varias horas antes de que siquiera pudiéramos entrar al hotel, donde se hacía la firma de autógrafos.
Esto se estaba volviendo más complicado de lo esperado.
—¿Haces esto cada vez que viene uno de tus idols? —Estaba bastante sorprendido con Bruno—. Siento que la mitad de mi alma murió en la espera.
—Te acostumbras —su expresión era de total satisfacción—. Eres un pequeño retoño en esto ¿Has pensado qué le dirás cuando te vea?
—Pues, además de un hola... No —repuse.
Un hombre de seguridad nos hizo pasar y al fin pude ver la sala donde estaba.
Un montón de seguridad impedía la vista, y los chillidos de algunas chicas me ponían de los nervios.
Cuando fue nuestro turno, Bruno preguntó si podíamos pasar juntos; nos respondieron que sí, así que me calmé un poco.
Entonces, un rubio de ojos azules apareció frente a mí, parecía bastante huraño y un dolor en mi espalda de repente me dejó sin aliento.
Recordé mis sueños, el suplicio y la falta de aire. Me sujeté de Bruno con fuerza, dado que en cualquier momento perdería el conocimiento. Me quité la mascarilla y busqué rápidamente mi inhalador.
—Oye ¿estás bien? —Él se preocupó—. ¿Qué te provocó el ataque esta vez?
No lograba recuperarme así que me volví a nebulizar, el chico rubio desapareció y algo en mi pecho se relajó, dejando pasar nuevamente el aire. Le indiqué a Bruno que ya estaba mejor y él se relajó. Justo en eso nos volvieron a llamar y pasamos a la sala.
Me sentía un poco tímido y al llegar frente a Lio, no pude evitar esconderme detrás de Bruno, quien se lanzó emocionado hacia adelante y le entregó un montón de cosas para firmar. Tenía miedo de mirarlo. Si lo hacía, volvería a dudar, lo sabía y no podía permitirme eso.
—¿Y tú? —Exclamó Bruno y lo miré sin entender—. ¿Qué quieres que te firmé?
De repente caí en cuenta que vine a una firma de autógrafos, sin nada con que tomar una firma. No tenía nada, ni posters, ni álbumes, ni siquiera una maldita foto. Mi cara enrojeció de golpe y busqué entre mi bolso lo que fuera, cualquier cosa, pero no tenía nada.
—Solo vine a regalarle algo.
—Quién rayos viene a una firma de autógrafos y no le firman nada… —Bruno parecía estar disfrutando mi bochorno por lo que, molesto, me saqué el suéter y se lo tendí tras salir de mi escondite
—Disculpa, por favor firma esto. —Dejé una pequeña bolsa de papel rosado en la mesa—. Y ten esto como regalo.
Esperaba que le gustaran los postres, eran panellets con castañas que había hecho yo mismo, he incluso había hecho algunos con caléndula.
Traté de hacerlos lo más surtidos posibles, ya que no sabía muy bien cuales les gustarían.
Mi cara estaba roja y lo vi a los ojos. Un tono chocolate que derretía mi corazón.
No era justo, no podía evitar dudar si lo veía aquí tan cerca, que casi lo podía tocar.
Era difícil que mi mente no se dividiera en dos y eso me hacía sentir frustrado.