Amantes de Tinta Lio
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Lio

Una carcajada salió de mis labios al ver cómo el pelinegro corrió en cuanto llegamos. De verdad debía estar demente, pero una parte de mi quería ver qué sucedía. Ya no me importaba si él resultaba ser como el resto del mundo. Algo en mi interior simplemente me hacía creer que era diferente.

—Señor ¿Quiere regresar al hotel o le gustaría ir a otro lugar? —Preguntó el chófer.

—Regresar estaría bien. Ya podemos volver.

Cerré los ojos y tomé una respiración profunda, aún con una sonrisa en mis labios. El auto arrancó y pedí para mí mismo que esto no se hiciera un escándalo demasiado grande. Solté un suspiro y miré el camino mientras íbamos de regreso.

—¿Los dos podrían no decirle nada de esto a Fabián?

—¿A qué se refiere, señor? —Habló uno de ellos, luego de un silencio.

—A que lo trajimos hasta su casa y a que le di mi número de teléfono —dije sin ganas.

—Nosotros no vimos nada, señor —afirmaron los dos al mismo tiempo—. Tampoco diremos nada, joven Lio.

Mis hombros cayeron mientras me llenaba de alivio.

—En verdad lo agradezco, y me gusta más como suena eso de joven Lio.

Luego de mis palabras, el camino hasta el hotel transcurrió en silencio. Al llegar, volví a agradecerles a ambos y subí hasta mi habitación. Coloqué mi teléfono a cargar y tomé mí bolso. Saqué el libro viejo con cuidado y me dejé caer en la cama.

Pasé el resto del día repasando con cuidado, las primeras páginas del antiguo libro. Mi cuerpo parecía vibrar cada vez que tocaba el papel por alguna extraña razón.

Nunca me detuve a pensar como un evento irregular, en un día cualquiera, puede cambiar el mundo de una persona y volcar todo para siempre. Pero ya lo he experimentado dos veces. El día que llegaste y el día en que te fuiste.

El primero se trató de un hermoso día de sol en donde, como siempre, estaba acostumbrado a buscar la soledad entre las frías costumbres de mi casa.

Hasta que te vi, en esa ventana de mi habitación, con una hermosa sonrisa.

Te volviste la calidez que acompañaría mi alma.

Te volviste la calma de mis pesares, el amor sincero y la pasión que necesite para realizar todos los objetivos de mi vida.

Sin embargo, ese segundo momento. El momento en que se llevaron tu vida y no tuviste más opción que irte, ese día también te lo llevaste todo contigo.

Una noche oscura, solitaria y llena de sangre.

Mentiría si dijera, que ese día no empecé a ver todas las cosas de las que me arrepentí. Porque lo hice. Hice una larga lista de lo que lamento, a pesar de que eso podría ponerte triste. Hay tantas cosas que me afligen y, aun así, ya todo está hecho.

No hay forma de volver el tiempo atrás. Lo único que puedo hacer, es seguir adelante como el hombre que soy ahora. Con esta nueva versión de mí.

Pero ese día, el día en que perdí lo que más amé en mi vida, fue el día que decidí, por todos los medios posibles, buscar al responsable de semejante tragedia. El responsable de tal acto de crueldad.

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Las palabras me robaron el aliento. Una lágrima brotó de mis ojos y por alguna razón, sentí la emoción de cada grafema, era como si yo mismo los hubiera escrito.

Tomé mi teléfono y saqué una foto del libro, en donde solo se viera el dibujo elegante de un trazó, sin dejar que se leyera exactamente todo lo que decía.

Entre en una cuenta de Instagram que tenía bajo un seudónimo, y decidí hacer un posteo de aquella imagen no tan reveladora.

También escribí un pequeño apartado. Imitando lo único que podía alcanzar a leerse en la foto.

Mentiría si dijera que no he encontrado algo que me ha robado el aliento. Mentiría si dijera que no siento la inspiración y la necesidad de escribir algo nuevo; al contrario, me engulle.

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Luego de eso, seguí con mi tarea de revisar el texto. No supe en qué momento dejé de leer, o si el sol se había ocultado. Solo me quedé dormido como si nada.

El sonido de un timbre me despertó en la mañana. Caí en cuenta que tenía el libro sobre mi pecho y lo coloqué a un lado con cuidado, para atender el teléfono fijo que reposaba en la mesa, al lado de la cama.

—¿Sí, dígame?

—Señor, le hablo desde la recepción —era la voz de una mujer—. Le llamábamos a petición de su manager —mi ceño se frunció.

¿Qué hora era?

—Él quiere saber si usted se encuentra bien, si desea tomar su desayuno, y si puede ir a su habitación para hablar con usted.

Solté un suspiro ¿En serio estaba haciendo esto? Me senté en la cama y llevé una mano a mi cabeza.

—Estoy bien, muchas gracias. También me gustaría tomar mi desayuno ahora, pero no quiero hablar con mi manager así que, por favor, infórmele amablemente que no quiero que venga.

Tras eso, corté la llamada. Me levanté y fui a tomar un baño. El desayuno no tardó mucho en llegar y justo cuando comenzaba a comer, mi celular empezó a sonar. Lo tomé sin ver el nombre del contacto, detalle del que luego me arrepentí.

—Hola leoncito, pero que rápido contestas ahora —al escuchar aquellas palabras en mandarín y una voz aterciopelada, tan familiar, casi escupo el jugo que había comenzado a tomar.

—Pero que mierda —solté en español y la voz del otro lado se rio.

—Por favor, habla en un idioma que yo entienda —volvió y suspire.

—Li Wei Fa, qué te pasa —le pregunté, ahora sí en mandarín.

—¿Qué me pasa de qué? ¿Acaso no puedo llamar a saludarte?

—Rio—. Aunque, ya que dijiste mi nombre voy a asumir que estás solo y lo diré ¿Cuándo me ibas a decir que te escapas de la correa de ese manager tuyo tan fastidioso?

Voy a sentirme realmente ofendido porque no hayas huido conmigo, hasta terminar en un hospital.

Por un momento me quedé frío.

—Li Wei ¿De qué diablos estás hablando?

Qué mierda ¿Hospital? ¿Qué hospital?

—Hablo de lo que está en todo internet, Lio ¿Acaso te estás despertando? Bueno, cierto que estás a una gran distancia de aquí. Pero el punto es, que esta internet. Anda, revisa. Te espero aquí.

Trague saliva. Busqué mi laptop entre mis maletas y la encendí lo más rápido que pude. Apenas me conecté, no fue necesario buscar demasiado. Ya había artículos, fotos, videos e hilos en Twitter sobre mí y el curioso pelinegro que conocí ayer, Brais.

No podía creerlo. Incluso había una foto de él durmiendo en internet ¿Qué diablos era todo esto?

—No puede ser —murmuré enajenado y esa pareció ser la señal de Wei, para volver a lo suyo.

—Entonces sí es cierto ¿Cómo te atreves a terminar en un hospital? —Soltó con un tono de falsa ofensa—. Pero más importante ¿Te acostaste con él? Dime qué sí, por favor.

—¡Wei! —Le regañé escandalizado, mientras mi rostro parecía arder.

Las carcajadas resonaron del otro lado de la línea.

Li Wei era fastidioso. El más fastidioso que había conocido en toda mi vida, pero era ese tipo de personas a las que podía llamar un mejor amigo.

Nos conocimos en los últimos años de mis estudios en Corea.

Él venía de China y fue uno de mis compañeros al debutar.

Aún después de que comencé a trabajar en otros proyectos que me llevaron lejos del grupo, nosotros seguíamos en contacto.

El problema vino cuando se topó con Fabián.

Puedo jurar que ese día casi tengo que impedir que el par se asesinara, con algo que no fuera las miradas que se dedicaban.

Tampoco me detuve a pensar el porqué de esto.

Lo atribuía al hecho de que el rubio siempre decía que Li Wei era perjudicial para mí imagen, así que no podía seguir en contacto con él.

Por supuesto, solo hice oídos sordos a eso y continúe con mi amistad, aunque fuera de forma discreta.

—¿Qué? ¿Ahora vas a actuar tímido? La verdad nunca pensé que te fueran los chicos, o que siquiera te fuera algo. Pero quiero la primera plana, aunque ya hay muchos dibujos de ustedes. Anda Lio, dime —desde aquí podía escuchar sus mohines.

—No me acosté con él, Wei. Solo fue un malentendido. Ni siquiera... ni siquiera terminé en un hospital. —Comencé a leer algunos de los artículos con una gran cantidad de conjeturas.

—¿A no? ¿Y entonces qué pasó? Porque yo no te veo correr a una estación de policía por cualquiera, un día después de que te sacarán en una camilla, obviamente inconsciente —ahora él estaba molesto.

—Tuve un incidente y él me ayudó. Las cosas se salieron de control cuando Fabián levantó cargos en su contra.

—Mordí mi labio. Dios, esperaba que mis padres no hubieran visto nada de esto, aunque ya era tarde—.

Claro que tenía qué ayudarlo ¿Qué más podría hacer?

¿Querías que lo dejará en ese lugar? Debía disculparme con él.

—Mmm, entonces te enamoraste porque te salvó y el idiota de tu manager terminó de enloquecer. Para que lo haya mandado a la cárcel, tiene que ser lindo. En la foto que vi de él dormido, no se ve tan mal.

—Wei, de nuevo estás diciendo puras tonterías. El punto es que... Espera ¿Estás viendo sus fotos? No hagas eso, basta, ya déjalo —le regañé y él solo siguió riendo.

—Lio, todo el mundo ha visto fotos de tu salvador golpeado. También las fotos contigo saliendo de la estación. Ahora ¿Quieres salir con él? Te vendría bien experimentar un poco en vez de trabajar y trabajar.

—¿Salir con él? Ayer salió corriendo y ahora hay un escándalo. Incluso hay gente insultándolo. Dudo que me vaya a llamar, aunque dijo que quería volver a verme —solté un poco frustrado. Fue muy tarde cuando caí en cuenta de lo que dije.

—¡Oh mierda, Lio! Le diste tu número —gritó Li Wei del otro lado de la línea.

Mierda, mierda.

—Wei, Wei cállate —hablé de forma apresurada—. Nadie sabe eso, nadie puede saberlo ¿Me entiendes? Tienes que cerrar la boca —él solo parecía mucho más emocionado.

—Diablos Lio, que malo eres. Así que te gustan los occidentales.

Ni siquiera tengo una pequeña oportunidad, que cruel —en serio lo estaba disfrutando—.

Bien, ya en serio. La verdad me parece muy interesante que hayas terminado en esa situación.

Lo único que me preocupa, es que tú manager termine de perder la razón y que hagas el tonto con tu salud.

—No voy a ser el tonto y... La verdad no quiero hablar sobre Fabián —recordé que él quería hablar conmigo en la mañana. Tal vez era para conversar sobre todo el escándalo. Joder, esto era demasiado grande—. Estoy en problemas.

—Entiendo. Voy a interpretar eso como que ya se le fue medio tornillo —trató de bromear—. Por otro lado, no estás en problemas. Mantén la calma, puedes manejarlo. Además, si lo que te preocupa es que no quiera volver a verte después de esto, lo dudo.

Suspiré.

—Tengo que dejarte. Hablaremos en cuando hagas un avance o cuando me molesté y te llamé.

Luego de eso, colgó. Me pregunté qué diablos iba a hacer ahora. Al parecer muchos creían que estaba hospitalizado, o algo por el estilo. Tenía que comenzar a aclarar un poco ciertos detalles que solo producían más agresión hacia cierto pelinegro.

Volví a tomar mi teléfono, entré en mi cuenta personal de Instagram y tras tomarme una selfie, hice un pequeño escrito para postearla.

Buenos días a todos, quiero aclarar que estoy bastante bien.

Agradezco mucho la gran cantidad de mensajes que me sorprendieron esta mañana.

Aunque estoy un poco confundido. Ayer solo le quise regresar el favor a un chico que me ayudó desinteresadamente, y terminó dentro de un malentendido.

Me disculpo por cualquier molestia que haya podido causar.

Prometo descansar más de ahora en adelante para no volver a asustar a nadie.

Gracias a todos por su preocupación.

Me aseguré de que la publicación se compartiera a su vez por Twitter, y luego realicé la misma por Weibo.

Me dejé caer en la cama. Ahora sí tendría que hablar con Fabián para tratar de aminorar todo el alboroto que se formó.

Solté un grito de frustración y pateé a la nada.

De verdad estaba en medio de un desastre mediático.