Amantes de Tinta Lio
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Lio

Tras las primeras palabras que salieron de sus labios, sentí la necesidad de aferrarme al asiento, a la puerta, o a cualquier cosa a mi alrededor. Quería sujetarme a algo que me anclara a la realidad. Tenía la sensación de estar despertando.

Brais

¿Había escuchado bien? Sí, definitivamente lo hice. Ese era el nombre que dijo, pero la sensación de que faltaba algo no desaparecía.

Él se veía nervioso. Casi como si intentase mantener la calma en el esfuerzo de que su voz saliera. Era sencillo leer su lenguaje corporal. Sin embargo, sus siguientes palabras me dejaron estático.

Su teléfono roto estaba extendido hacia mí. Su rostro blanco parecía comenzar a cubrirse con una ligera, pero casi imperceptible, sombra roja, y sus ojos... Ellos parecían generar súplica y agradecimiento al mismo tiempo.

Él quería volver a verme. Quería conocerme, pero yo... ¿Qué era lo que yo quería de él? ¿Por qué me enojé tanto con Fabián, al saber lo que le había hecho? ¿Por qué me molestó tanto la idea de que algo le hubiera pasado? ¿Por qué estábamos aquí?

En eso recordé las palabras del rubio.

«¿Acaso sabes quién eres, Lio? ¿Acaso sabes por qué todas las personas quieren estar a tu lado y tenerte? Él no es diferente al resto del mundo».

Mi ceño se frunció y mi cabeza amenazó con volver a doler. No pude dejar de mirar esos ojos grises. Tampoco podía dejar de pensar en mi sueño, en aquella sonrisa.

¿Él podría sonreír así? ¿Quería intentar averiguarlo?

Además, realmente me sentía en deuda con él. Tomé el teléfono entre mis manos y comencé a teclear mi número, mientras me preguntaba qué había hecho para que el aparato terminase estropeado de esta forma. Por suerte, tal vez solo tendría que mandar a cambiar la pantalla.

Al terminar se lo tendí y ladeé la cabeza con curiosidad. De verdad era una especie de locura, y aún solo lo hice. Nadie podía saberlo.

—Entonces ¿Crees que escondo algo sobre mí? —le sonreí de una forma peculiar. Está vez de verdad estaba intrigado por una sola razón. Nadie creía que había algo más allá de lo que veían.

Ahora sentía que la delgada capa de realidad sobre las cosas que guardaba, era visualizada por esos ojos grises tan brillantes. Sonreí mucho más. Aunque él pareció tensarse.

—Solo bromeó, pero como estoy realmente agradecido de que me cuidaras luego del evento en la biblioteca sin decir nada, y sin llevarme a un hospital —hice una pausa.

—Te dejaré hacer lo que quieras. Puedes llamarme o escribirme si deseas verme, pero solo tú.

Por alguna razón sentí el impulso de acercarme más a él ¿Lo había visto en otra parte? Definitivamente estaba enloqueciendo. De repente el sonido de una voz vino a mi cabeza.

Me tensé. Era esa voz cálida y suave de nuevo, esa que se repetía en todos mis sueños. El auto se detuvo. Yo también quería volver a verlo. Quería intentar ver una sonrisa suya. Solo una.

—Espero volver a verte pronto, Brais.