Brais
Cuando el policía me gritó de nuevo, supe que en serio estaba perdido.
Ni siquiera me dejó hacer mi llamada, pero algo ocurrió que lo hizo levantarse de golpe todo azorado.
Al alzar el rostro, el poco color que me quedaba se fue.
Lio estaba allí parado. Mi cerebro se apagó por un segundo y me quedé viendo esos hermosos rasgos, esa piel suave y cremosa...
él se veía mejor que antes, me alegraba la verdad.
Espera, no ¡No lo admires!
Escuché la conversación y sentí una fuerte impresión al saber que estaba preso por su culpa. Sin embargo, oírlo aclarar el mal entendido fue un bálsamo para mi corazón.
—Yo... yo —el oficial parecía bastante confundido.
—Me alegra que esté bien —dije sintiendo esa calidez que me embargaba cada vez que veía su rostro.
—Yo… por supuesto que sí. Es un mal entendido... Ahora mismo arreglaré todo —el oficial volvió a sentarse y a teclear rápidamente.
—Es decir que ya no hay cargos —exclamé, tratando de contener el disgusto en mi voz— Qué rápido cambia el discurso.
—Es solo un malentendido, solo seguimos la ley —dijo él, tratando de no enojarme.
Bajó la cabeza y un tercer hombre apareció indicándonos que podíamos esperar en otra sala. Antes de darme cuenta, ya me habían devuelto el celular, mis cosas y una manta. Lo que no entendía era por qué Lio Zhan era escoltado conmigo.
El oficial apareció con los papeles para poder irme, e indicó que todos los cargos fueron retirados.
Seguía molesto, pero al mismo tiempo estaba muy avergonzado como para hablar o encarar a ese sujeto, frente a Lio Zhan.
Solo quería irme a mi casa, dormir y tratar de sobrellevar la vergüenza que sentía.
Una señorita me dio una bolsa con hielo y quería morirme, al recordar que estaba magullado por la caída. Dios santo y este tío lleva todo el tiempo viéndome así.
Indicaron que podíamos retirarnos cuando quisiéramos. Alcé el rostro y contemplé nuevamente a Lio, a ese hermoso ser que me observaba. Era incluso más espectacular de cerca. Mi mano fue a tocarlo, pero detuve el gesto de inmediato.
—Lo lamento —es curioso, porque él era quién se había disculpado conmigo y, aun así, no pude evitar encontrar esto extrañamente gracioso.
Parecía un requisito parecer un desastre, para estar frente a él—.
¿Por qué no solo lo dejamos en empate? Tú lamentas meterme en la cárcel, yo lamento que tengas que verme así... solo dejémoslo estar.
Me sentía demasiado avergonzado para saber qué hacer ¿Qué se supone que le diría? ¿Oye me puedes llevar a casa?