Amantes de Tinta Lio
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Lio

Por suerte, no tardamos mucho en llegar al lugar y aunque conseguí comer algo, me sentía ansioso.

El auto estacionó fuera de la estación y bajé junto con los dos hombres detrás de mí.

Sabía que resaltaba de una forma un poco exagerada.

Ni siquiera traje algo para cubrir mi rostro o mi cabello, pero era lo que menos me importaba.

Si salía una foto de mi en un centro policial, podría decir que vine a saludar; aunque no fuera para nada creíble.

Me acerqué al mostrador donde un oficial parecía debatirse entré dejar caer su mandíbula o no. Estaba bastante acostumbrado a este tipo de reacciones. Así que solo sonreí como si nada.

—Hola ¿Podría ayudarme? Estoy buscando a alguien que acusaron falsamente de secuestrarme ¿Sabe cómo retirar los cargos? —Al parecer, mi sutil elocuencia no funcionó de nada porque el oficial permaneció mudo mientras boqueaba.

—Señor, creo que está por allá —mi chofer habló y me giré.

Un poco más allá de unos cubículos, y entre algunos escritorios, un pelinegro estaba sentado frente a otro oficial, algo regordete. El aura no indicaba algo bueno, y probablemente por mi culpa, él la estaba pasando bastante mal.

Trague saliva pensando que ahora, quizás estaría odiando el hecho de haberme ayudado, y tampoco lo culpaba.

—Esperen aquí, por favor —les dije a mi chofer y al guardaespaldas, y me acerqué.

Aclaré un poco la garganta cuando estuve lo suficientemente cerca y comenzó a comerme un extraño nerviosismo.

El oficial alzó el rostro con algo de fastidio y al verme, palideció.

Se levantó estrepitosamente haciendo un saludo con la mano, como si yo fuera un oficial.

Lo miré ladeando un poco la cabeza, confundido y aquel hombre solo empezó a balbucear.

—¡Señor! ¿Qué hace usted aquí? No tenía porqué venir. Nosotros… nosotros nos estamos encargando de procesar al culpable. No volverá a molestarlo. Ya verá, lo encerraremos justo como usted quiere. No tenía que molestarse por esto, definitivamente no hay forma de que salga de aquí.

Quería golpear mi cabeza contra algo. Diablos, después de esto ni siquiera podría mirar a quien estaba ahí sentado, escuchando todo.

—Pues siento decir que aquí hay un malentendido —hable con calma y la confusión inundó el rostro del oficial.

—¿Cómo… cómo dice?

—He venido para retirar los cargos. Esta persona no me hizo nada. Por favor, quiero que lo dejen ir. Él me ayudó cuando ni siquiera tenía que hacerlo. No quiero que le hagan nada. Es solo... Un malentendido.

Me giré a verlo. Ahí estaban esos ojos grises que recordaba. Por un momento, sentí que podría volver a desmayarme, pero la inconsciencia no llegó a mí, lo que fue un alivio. El aliento se me escapó un poco de los labios y luego me incliné hacia él, bajando la cabeza.

—Señor, pero qué está haciendo —soltó el oficial, junto con algunas exclamaciones.

—Realmente lo lamento. Siento mucho que esto haya pasado. Te sacaré de aquí —levanté un poco la mirada y volví a fijarme en esos ojos grises.

¿Por qué sentía un cosquilleo en mi piel al mirarlo?