Amantes de Tinta 15 de enero de 2018
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15 de enero de 2018

Brais

Estaba muy preocupado por Lio. No había despertado, pero tampoco terminaba de morirse. Ya habían pasado dos días desde su desmayo. Luego de la intravenosa y de dormir en el piso, llegué a la decisión de que, si no despertaba hoy, llamaría a un hospital.

Miré en la farmacia que otras cosas podría necesitar, además de sueros inyectables para que no se deshidrate.

Suspiré y compré un montón de snacks. Comía por estrés y me preocupaba mucho que Bruno llegara y viera a Lio.

Él desgraciado se volvería loco y quién sabe, a él sí le tenía miedo.

Volví a pensar en el chico inconsciente en mi habitación, dejé una nota al lado de la cama, en caso de que despertara mientras no estaba.

No sé si me sentía más estúpido por esa nota, o por el hecho de dejarla.

Cuando salía de la tienda, me di cuenta que en realidad no sabía nada del hombre. Digo, ya sabía su nombre, pero no conocía de su fama ni nada por el estilo. Hice un mohín mientras caminaba y busqué en YouTube Lio Zhan.

Muchas cosas salieron. Entré en uno de los videos al azar y para mi sorpresa, era un concurso de baile o algo así. La impresión que me llevé, al ver la manera tan descarada y provocativa en la que se movía, fue tal que solté un grito y mi celular se estampó contra el suelo.

¿Pero qué rayos fue eso?

Mi mente estaba turbada. Ni siquiera me importó qué la pantalla se hubiese quebrado. La vergüenza me dejó pasmado por bastante rato, perdido entre mis pensamientos hasta que un hombre me interrumpió el paso.

—¿Eres Brais Monserrat? —La brusquedad de sus palabras me hizo detener en seco—. Necesito hacerte unas preguntas, por favor acompáñeme.

El hombre estaba a unos cinco pasos de mí, a lo qué retrocedí asustado. Grave error. Un arma fue desenfundada y el pánico nubló mi mente por completo. Tan asustado estaba del arma qué no me percate del segundo sujeto que apareció, me tackleo al suelo y me dejó sin aire.

Mi cabeza se pegó duro contra el pavimento y mis compras volaron lejos.

No entendía qué estaba pasando, el policía tenía su rodilla contra mi cuello para inmovilizarme.

Ni siquiera me estaba resistiendo, no entendía por qué la violencia.

Traté de respirar calmadamente, pero sentir a ese hombre detrás de mí, me hizo recordar las puñaladas y me tensé justo cuando me esposaban.

—No te resistas, no hagas esto peor —dijo un policía. Quise insultarlos hasta el alma. Un sudor frío me bajó por la espalda, quería que la tierra me tragara. Cuando al fin me levantaron del suelo, mi pómulo ardía.

—Queda usted detenido por un presunto delito de secuestro. Por el hecho cometido por su persona, tiene derecho a no declarar si no quiere… —El oficial apretó unas esposas en mi espalda y uno más me aplicó una llave al cuello—. A no contestar a las preguntas que se le hagan…

Quería llorar. Realmente no prestaba atención a nada de lo que decía el oficial que me leía los derechos. El susto y la vergüenza de ser considerado un criminal, por no haber llevado a Lio Zhan a un hospital, era mi karma. Debí dejar que fuera problema de otra persona.